
Ahora es nuestra la ciudad
1 minuto de lectura'
El arte honesto de un creador marginal
Se puede hacer rock barrial poniendo en off la perilla de la abstracción y regurgitando clisés explícitos en busca de la tan mentada identificación tribunera. O se puede absorber la calle, procesarla y devolverla convertida en arte, elemental o no, pero sincero al fin. Ahora es nuestra la ciudad, primer disco en vivo de Los Gardelitos, prueba que Korneta Suárez (fallecido líder del grupo y autor de todos los temas que integran el álbum) se inscribió en esta última vertiente. Este trabajo muestra la obra de un creador marginal que vivió batiéndose a duelo con sus limitaciones para contar sus historias. Algunas veces la precariedad lírica y musical le copaban la parada ("Los chicos de la esquina"), pero otras –cuando se esforzaba en darle forma estética a su discurso en vez de quedarse en la mera crónica y ponía más empeño en las melodías– era un emotivo trovador urbano ("Máquinas viejas"). El trío que lo sobrevivió, en tanto, compensa con devoción su falta de versatilidad, y no se apega a ningún evangelio a la hora de la interpretación: su visión del rock (puro, a secas, bien argento) sabe coquetear con los Redondos o los Stones, pero no se casa con nadie. Finalmente, los arreglos de cuerdas de Juan "Pollo" Raffo le agregan sentimiento y algo de versatilidad a un disco que, si bien no descuella por su virtuosismo o su originalidad, logra conmover por su honestidad.

