
Jack Nicholson, Leonardo Di Caprio, Matt Damon. Escrita por William Monahan Dirigida por Martin Scorsese
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Esa otra gran película
¿Qué hay caliente en el cine? Seguí la mecha encendida por "Los infiltrados" y vas a saber.
Tal vez escuchaste el rumor en internet sobre que Los infiltrados era un policial de la vieja escuela, sin carga de profundidad. Tal vez lo pienses si no prestás un poco de atención a lo que hay en la pantalla. O tal vez reconozcas a Los infiltrados por lo que es: un nuevo clásico americano del crimen del legendario Martin Scorsese, cuyo talento brilla más que nunca.
Una placa sitúa la escena: Boston. Algunos años atrás. Y partimos, viendo a Leonardo DiCaprio como un policía que simula ser un delincuente y a Matt Damon como su oponente. Ambos están atrapados en circunstancias en las que uno no puede distinguir entre el bien y el mal.
Todos los actores ponen lo mejor de sí para este impactante film, con su oscuro ingenio lascivo como única defensa contra el caos completo. Di Caprio y Damon entregan actuaciones explosivas, emocionalmente complejas, pero hay que decir que Jack Nicholson alcanza alturas inimaginadas de malicia decadente como el jefe de la mafia irlandesa Frank Costello. Ya sea que porte un revólver o un consolador, para deshacerse de los policías, develando a curas católicos pederastas, seduciendo a niños para que entren en la vida del delito, dejandocaer cocaína como nieve sobre sus putas favoritas o charlando con un hombro ensangrentado, Nicholson es electrizante. Ejecutando desapasionadamentea una mujer en la playa, Costello le señala a su secuaz Mr. French (un increíble Ray Winstone): "Se cayó de manera graciosa". Pero Costello no es un bromista. En sintonía con James Cagney en White Heat y Paul Muni en Scarface, Nicholson exuda glamour al crear un histórico retrato del mal.
El punzante guión de William Monahan, una revelación tras su turbio vaivén el año pasado en Kingdom of Heaven, transfiere el conflicto del tremendo film de Hong Kong de 2002 Infernal Affaire a su Boston natal para poder taladrarlo en su depravado corazón. Aquellos familiarizados con las pandillas de Beantown verán a Whitey Bulger –el gangster irlandés aún perseguido por el FBI— en el enfermo personaje de Nicholson.
Este es cine vital y visceral, en deuda con la vibrante cinematografía de Michael Ballhaus y con la evocadora partitura de Howard Shore, estimulada por las elecciones musicales típicamente astutas de Scorsese para las bandas sonoras –una conjunción única de los Stones, John Lennon, Nas, Van Morrison, Beach Boys y Patsy Cline. Y, una vez más, Thelma Schoonmaker convierte a la edición en una forma de arte. Ella es la maga junto a Scorsese, haciendo que la acción salte de la pantalla mientras arregla las provocaciones psicológicas que reverberan infernales en una cabeza.
Ignoren las típicas preguntas de los fans: ¿Scorsese ganará finalmente el Oscar? ¿Es Los infiltrados tan brillante como GoodFellas? ¿Es demasiadotorcida como para ser un gran éxito? Los infiltrados, que falla en algunospersonajes un tanto desdibujados y alguna imaginería exagerada (la rata simbólica), te deja pegado a la butaca.
Billy Costigan (DiCaprio) y Colin Sullivan (Damon), que no se conocen entre sí, son ambos alumnos en el centro de entrenamiento de la Massachusetts State Police Academy. Para Billy, es un adiós a los sureños, el elemento criminal del sur de Boston que lo formó. Para Colin, una posibilidad de hacer de espía para Costello, quien lo entrenó desde pequeño. El drama se intensifica cuando le dicen a Billy que él nunca usará el uniforme. Su figura paterna, el capitán Queenan (Martin Sheen), quiere que Billy vaya como incógnito y se infiltre en el equipo de Costello. La identidad de Billy será conocida sólo por Queenan y su compañero de piedra, el sargento Dignam (un trabado y cargado Mark Wahlberg que le da a un papel secundario grandes dimensiones). Colin, quien cree que el uniforme te hace ver como "vestido para invadir Polonia", se une al equipo liderado por el capitán Ellerby (el soberbio Alec Baldwin) en la Special Investigations Unit. Y así dos novatos designados para desratizar las unidades en las que trabajan, comienzan a desenmarañarse de la carga de mantener sus identidades antitéticas a sus verdaderas naturalezas.
Como en Infernal Affairs, hay un montón de coincidencias. Uno querríarevocarle la licencia dramática al film cuando tanto Billy como Colin se enamoran de Madolyn (Vera Farmiga), la psicóloga que trata a Billy y se va a vivir con Colin. Afortunadamente, Farmiga (Down to the Bone) es una actriz gloriosa, una mezcla combustible de inteligencia y sex-appeal, que revela que Madolyn está tan perdida como los dos hombres.
¿La violencia? La mayoría se guarda para la escena final del film, donde es suficiente como para darte un latigazo. Scorsese apropiadamente se niega a avanzar demasiado con la corrupción que se extiende desde el nido de avispas de Costello hasta la Casa de Gobierno, cuyo Salón Dorado Colin mira desde la ventana de su elegante departamento en Beacon Hill. Damon, construyendo sobre sus personajes directos pero densos de Syriana y las dos Bourne, aporta una enroscada intensidad a Colin, cuya doble vida está llegando a un límite(por ejemplo, a menudo se vuelve impotente). Scorsese se permite contar imágenes de los niños dentro de estos hombres. Colin teme ser traicionado por Costello, el matón que llena sus bracitos flacos de 12 años con las compras del mercado y lo convierte en su esclavo.
Billy usa drogas para atenuar el temor, pero no puede encontrar nada –ni familia, ni amigos, pareja, iglesia, gobierno– en quien confiar. DiCaprio está orgulloso de sí mismo en un papel riesgoso que apuñala el corazón cuando la temeridadde Billy pierde la batalla contra sus enclenques nervios. Aunque DiCaprio y Damon comparten sólo una gran escena, sus fulgores climáticos reflejan la mirada sombría del mundo que tiene el film, en donde nada es sagrado.
Scorsese no necesita de sangre para decir lo que tiene que decir. Una escena de Billy con un teléfono celular vibrando está a la altura del mejor suspenso de Hitchcock. U otra, robada descaradamente de El tercer hombre, simplemente tiene a Mandolyn caminando al lado de Colin en un funeral, con su mirada impasible más mortal que una bala. Temas relativos al pecado, la redención,la identidad y la lealtad resuenan siempre en los films de Scorsese, incluyendo a las atípicas Kundun, La edad de la inocencia y El aviador. Cada nueva película absorbe a las otras, creando un corpus de obra que puede considerarse entre los mejores. Scorsese encabeza la lista de los directores norteamericanos porque, incluso cuando falla, lucha pasionadamente por hacer películas que importan. Los infiltrados, una visión desafiante y comprometida de una sociedad que se pudre desde adentro, es una de las mejores. Y las actuaciones la acompañan.





