
Los Pericos, junto al río
Buenos Aires Vivo 3: la banda del Bahiano presentó en la Costanera Sur, ante una multitud, su último disco, "Mystic Love".
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Entre el río y la ciudad, en estos espacios que se han ganado al olvido, se montó el escenario para esta tercera temporada del ciclo Buenos Aires Vivo. La largada fue, como el año último, con la presentación en sociedad de un nuevo disco del rock argentino. En este caso, "Mystic Love", último trabajo de Los Pericos.
Frente a una multitud, y luego de que tocaran Los Cafres, con su reggae root; Los Super Ratones, con su renovado y refinado nuevo sonido, y la banda brasileña Skank y su energético reggae-ska, Los Pericos tomaron el ancho escenario.
La banda -nunca mejor usada la palabra, ya que por momentos eran doce sobre el escenario, al sumarse a los ocho miembros, bronces invitados y hasta un violinista- comenzó con su reggae argentino y, con el característico sonido de la voz del Bahiano, descargó canciones que fueron bailadas y coreadas por el público.
"Torito de Mataderos", "Sé lo que quiero", se sucedieron antes de comenzar con "Los libros de la buena memoria", el tema de Luis Alberto Spinetta que la banda ha decidido recrear. No es una versión feliz, porque si bien la música va derecho hacia el reggae -con percusiones y bronces incluidos-, la letra no se amolda a dicho ritmo y aparece como forzada.
No fueron sólo temas nuevos y, como un repaso de su historia, se mezclaba "Mystic Love" o "Mi flor", un reggae verdaderamente ensoñado, con temas como "Jamaica reggae", de sus primeros tiempos, once años atrás y en el que aparecían algunos versos y acordes de "Mejor no hablar de ciertas cosas", de Sumo. En este pantallazo aparece como una marca el pase del inglés al castellano que el grupo, y sobre todo el Bahiano, han realizado.
Para el final, eligieron lo nuevo: "Don Juan" (este último con cierto aire a canción de los años sesenta, al estilo de Los Gatos o La Joven Guardia) y "Sin cadenas", su nuevo hit, acompañados en voz por Guillermo Bonetto, cantante de Los Cafres y ex Perico de los primeros tiempos.
Ventajas y feas novedades
El lugar tiene varias ventajas: no tener vecinos cercanos a quienes pueda molestar el alto volumen de los recitales, ni avenidas de tránsito rápido -como Figueroa Alcorta, en 1998- que haya que cortar cuando la concurrencia excede lo esperado.
El acceso tampoco es un problema. Se extrañaban, sí, las pantallas a los costados del escenario, que permiten a los que están más lejos seguir las peripecias de los músicos. En su reemplazo -no lo fue en verdad-, había una pared de televisores emitiendo, cada uno y en pequeño, la imagen de lo que sucedía en el escenario.
Lo que sí fue una verdadera novedad es que estos son terrenos de la Prefectura, una fuerza poco habituada a este tipo de eventos y de convocatoria. Y, quizá sorprendidos al ser copado su territorio, circulaban en cantidad entre la gente. En general, sólo miraban, pero se vio a algunos de ellos, cinco o seis, maltratar a un joven que, presumiblemente, había intentando pasar del otro lado del vallado permitido y a quien, luego de pegarle algunas trompadas, se lo llevaron de los pelos. Cinco contra uno nunca es una contienda justa. Y menos aún, si los que son mayoría son quienes deben velar por el respeto a la ley.




