
Los eternautas del rock copan el Microcentro con una ayudita de los fans
1 minuto de lectura'
En septiembre del 2000, en plena grabacion del sexto disco piojoso, Verde paisaje del infierno, Andrés Ciro & Co. fueron tapa de la edición número 30 de Rolling Stone, enfundados en trajes de eternautas. El título de tapa era "Historias para sobrevivientes". Los Piojos venían de llenar siete Obras; era el fin del menemismo y, ellos, los representantes mayores –junto con La Renga– de esa consecuencia político-musical llamada "rock chabón". "Se usó la estética de El Eternauta para representar la salvación en una urbe en decadencia", explica Esteban Pintos, el autor de la nota. Pablo Bordenabe, a cargo de las imágenes, rememora: "Fue un laburo grossísimo, con fans de Los Piojos haciendo de muertos en la calle San Martín en el Microcentro, que la cortamos especialmente para esto". Viejas piezas de consolas Atari y restos de aspiradoras sirvieron para construir las armas de utilería. Andrés Ciro, sin embargo, no quedó conforme. "Las sesiones fotográficas fueron interesantesen su planteo, al que se llegó luego de largas idas y venidas, porque no queríamos disfrazarnos o las propuestas no nos tentaban demasiado. El resultado fue ambiguo. De la tapa no sé de nadie que le haya gustado, mucha gente no me reconoció. Las fotos de adentro estuvieron mejor", escribe desde Alemania, donde está comentando los partidos para Rock & Pop. Y suma: "He leído reportajes de RS que me parecieron muy buenos y no sólo a músicos. Haber sido tapa representó el reconocimiento de una revista prestigiosa. De todas formas no me desvive ser o no tapa. Hago música para la gente; si aparezco allí, bienvenido sea, pero como una consecuencia, no como un fin". En el artículo, el líder piojoso hablaba del nuevo disco y de su fascinación por Arturo Jauretche. Hacía poco había terminado de leer su biografía y ya tenía lista la letra del futuro "San Jauretche". Para la banda de El Palomar, era una época de barajar y dar de nuevo: "Los Piojos era un gran quilombo, se había ido Daniel Buira por un despelote interno", recuerda Pintos. El baterista había dejado la banda y se embarcaba de lleno en su proyecto de percusión, La Chilinga. Los Piojos habían llegado a Tercer arco (el álbum que los hizo explotar en mil hits) con la pérdida de la tecladista Lisa Di Cione, que luego de grabar en el discoChactuchac se desligó de la banda. En su mejor momento, soportar la salida de una de sus piezas fundamentales (alma mater por detrás del sonido piojoso murguero-candombero, ingeniero del hit "Verano del 92") podía ser demasiado para la máquina de sangre. Sin embargo, el resultado está a la vista. El camino piojoso fue en ascenso. "Andrés no era tan popular como ahora", dice Pintos, volviendo al momento de la nota. "Me encontré varias veces con él. Estuvimos en La Giralda, fuimos a un bar de tango y a La Trastienda. Caminábamospor la calle Corrientes de noche y sólo lo reconocían los pendejos. El mismo me contaba que en los supermercados apenas si lo saludaban los repositores."
1
2Mario Pergolini opinó sobre el “paro del fútbol” anunciado por la AFA: “Es loco que todos se alineen”
3Se reprograma MasterChef: por el debut de Gran Hermano, el reality de cocina cambia de horario
4Salvador, el thriller español de Netflix de 8 episodios que es un boom internacional y que está entre lo más visto de la plataforma



