
Los realities pelean a muerte el verano
En las vísperas de Navidad, Telefé eleva los ojos al cielo y ruega que Gran Hermano haga caer maná del cielo. Sueña con una cosecha de números lo suficientemente generosa como para ganar el año, sobreponerse a unos cuantos tropiezos recientes y arrancar 2011 en una posición fortalecida. Como en 2007, el decano de los reality shows es el único recurso al que se apela para contrarrestar a un adversario que desde la fortaleza de lo que se va ( ShowMatch , de nuevo indiscutido ganador en los números de todo este año) y la incógnita de lo que llega ( Soñando por bailar , ostensible desprendimiento del ciclo de Marcelo Tinelli) augura para todo el verano una puja mano a mano.
O minuto a minuto, si aplicamos la lógica descarnada de una pantalla que promete más autorreferencialidad que nunca, como si no hubiese aún techo posible para el maniático ombliguismo que ya hizo metástasis en el organismo televisivo. Veamos simplemente algunos indicios del juego de espejos que nos propone este flamante escenario:
1) Un reality show llega para enfrentar a otro reality show. ¿O qué otra denominación le cabe a ShowMatch , que funcionó durante buena parte de 2010 como un Gran Hermano catódico, con sus protagonistas expuestos ante las cámaras de la mañana a la noche? Ni siquiera fue necesario develar intimidades mediante el juego voyeurista sugerido por la creación del holandés John de Mol. Desde el centro o la periferia del escenario del baile abundaron deslenguados relatos sobre intimidades e indiscreciones abiertos al ejercicio más amplio de la imaginación.
2) Aun antes de atravesar la puerta de entrada a la "casa más famosa de la Argentina", cada uno de los participantes del Gran Hermano 2010/2011 dejó en claro que están allí para cumplir algún sueño. Detrás del eco de la expresión más machacona surgida este año de la pantalla asoma en casi todos la explícita voluntad de utilizar el ciclo como veloz curso de ingreso para transformarse en miembros plenos del club de la farándula. En esa búsqueda contarán con una ayuda inmejorable: es la primera vez que un Gran Hermano convive con más de una decena de programas diarios resueltos a escudriñarlos con una curiosidad todavía más voraz que la de las cámaras ubicadas en la propia casa de encierro. Si querían ver instalados sus nombres en la pantalla, lo conseguirán mucho antes de lo imaginado, aunque no se enteren.
3) Una de las consignas elegidas para promocionar el nuevo Gran Hermano hacía referencia a una casa "en la que no hay reglas", fórmula con la que se busca estimular de un modo primitivo la curiosidad morbosa del televidente. Es posible que ese objetivo se aplique de un modo forzoso, pero a costa de traicionar por completo el sentido literal de la promesa. Aquí, la televisión verdad tiene cara de hereje, porque no debe haber a esta altura programa más sujeto a procedimientos y normas de estricta observancia que Gran Hermano : los mecanismos del casting, el armado del plantel, la disposición de la casa y las distintas consignas a las que serán sometidos los participantes nos hablan de una situación que está en las antípodas de ese libre albedrío asociado todavía hoy por algunos ingenuos a la esencia de la "televisión verdad".
mstiletano@lanacion.com.ar
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