
Los recuerdos del horror
"Garage Olimpo" (Argentina-Italia-Francia/1999). Presentada por Primer Plano. Fotografía: Ramiro Civita. Música: Jacques Lederlin. Edición: Jacopo Quadri. Intérpretes: Antonella Costa, Carlos Echevarría, Enrique Piñeyro, Pablo Razuk, Chiara Caselli y Dominique Sanda. Guión: Lara Fremder y Marco Bechis. Dirección: Marco Bechis. Duración: 97 minutos. Para mayores de 16 años. Nuestra opinión: muy buena.
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Cada vez que el cine argentino intentó reflejar la acción represiva de la última dictadura militar surgió un inevitable debate ideológico sobre la conveniencia o no de remover ese pasado tan oscuro y penoso, o bien acerca de las facetas más o menos panfletarias de cada una de las producciones. Así, salvo en honrosas excepciones ("Un muro de silencio", por ejemplo), la discusión política superó (enterró) siempre al análisis de los verdaderos valores artísticos de esas películas.
A más de dos décadas de aquellos trágicos hechos, "Garage Olimpo" surge no sólo como una obra más desgarradora, íntima, conmovedora y honesta que las anteriores incursiones del cine nacional, sino que invita también a la evaluación de sus múltiples aciertos narrativos, técnicos e interpretativos.
El infierno personal
Aunque no se trata de una historia estrictamente autobiográfica (el director y coguionista Marco Bechis estuvo detenido-desaparecido en el centro clandestino conocido como Club Atlético), la película destila tal verosimilitud en cada uno de los elementos de la puesta en escena, de sus diálogos y en los más mínimos detalles de ambientación que resulta casi imposible no apreciar las personalísimas sensaciones que el artista intentó transmitir respecto de su infierno personal.
Y si bien el film tuvo una excelente acogida internacional (incluido un exitoso paso por el Festival de Cannes), en parte por su valor testimonial y también por el favorable contexto internacional sobre la problemática de los derechos humanos, no hay en "Garage Olimpo" concesiones, golpes bajos ni artilugios para conquistar aplausos que no merezca recibir por sus propios méritos artísticos.
Así, aunque hay referencias bastante reconocibles a los denominados "vuelos de la muerte", a lugares (el apuntado Club Atlético, Automotores Orletti o la ESMA) y a responsables (Jorge El Tigre Acosta, Alfredo Astiz o Jorge Bergés) del sistema de represión y tortura, la película se distancia afortunadamente de la visión apologética y de la denuncia vacía para ofrecer una historia con hondura psicológica y hasta una buena dosis de tensión y suspenso.
De amores y represiones
"Garage Olimpo" transcurre casi íntegramente dentro de un centro clandestino de detención y se centra en la conflictiva, contradictoria y durísima relación de amor-odio entre una víctima (una chica de 18 años acusada de realizar tareas de alfabetización en una villa miseria) y su victimario (responsable de torturarla luego de haberla delatado).
Pero la historia de María y Félix (notables trabajos de los jóvenes Antonella Costa y Carlos Echevarría dentro de un elenco de sorprendente solvencia) escapa a los lugares comunes que pueden esperarse de un retrato de este tipo.
Aunque Bechis no ahorra crudeza a la hora de reconstruir las sesiones de tortura o de describir el entramado burocrático del sistema represivo, paralelamente hace gala de un saludable pudor para no cargar las tintas ni regodearse con la exhibición de la violencia explícita.
En este sentido, Bechis aparece como un realizador sobrio, maduro y talentoso, con una gran convicción para manejar los encuadres, los movimientos de cámara, las marcas actorales, los múltiples elementos sonoros, la luz y especialmente el montaje con un gran sentido dramático, siempre en función de las ideas y emociones que busca compartir con el espectador.
A "Garage Olimpo" podrán caberle múltiples lecturas (y cuestionamientos) de índole ideológica, según el cristal con que se la analice. Se le podrán hacer también algunos reparos artísticos (especialmente por ciertos anacronismos en la selección musical y en la exhibición de una Buenos Aires demasiado moderna para la época). Pero si de sinceridad, credibilidad y osadía se trata, Bechis puede quedarse muy tranquilo: su película transmite -como diría Andrés Calamaro- una honestidad brutal.





