
Los viejitos piolas
Recital de Motörhead, anteanoche, en el estadio Obras Sanitarias. Músicos: Lemmy Kilminster, bajo y voz, Mikkey Dee, batería, Phil Campbell, guitarra. Grupo soporte: Virtual. Nuestra opinión: bueno.
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"Nosotros somos Motörhead" es el nombre del más reciente álbum del trío metalero que lidera Lemmy Kilminster y que se editará esta semana en la Argentina. Y si bien su música hace tiempo que lleva impresa el sello Motörhead y por lo tanto ya no hace falta ningún tipo de explicaciones, el título reivindicatorio tiene una razón de ser: los veinticinco años en la ruta del grupo.
Entonces, la excusa fue ideal para que Lemmy, con sus 54 años, repasara las canciones que tanto disfrutan sus fieles seguidores y se olvidara de la presentación de su última placa. Así, un puñado de temas efectivos y apenas un par de composiciones nuevas redondearon un show previsible pero satisfactorio.
Durante una hora y media, la banda disparó su heavy metal apurado. Ese que ya casi está en vías de extinción dentro de las huestes del rock de fin de siglo. Y de esta manera, Motörhead fue local en Buenos Aires una vez más.
Pantalones de cuero negro, brillosas tachas, gastadas camperas de jean, parches metaleros cubriendo agujeros, extensas cabelleras y amenazantes tatuajes se convirtieron en accesorios obligatorios para la cita. La tribu metalera que respondió más allá de los exuberantes precios de las entradas (20, 30 y 40 pesos) tuvo su reunión del mes. Allí, en Libertador y Republiquetas, en el santuario del rock argentino, y como en los viejos tiempos.
Luego de pasar por Europa y Brasil, Motörhead ancló en Buenos Aires para mostrar esta gira que de nueva tiene bastante poco. Apoyados solamente en el bajo y la cada vez más ronca voz de Lemmy, la batería de Mikkey Dee y la guitarra de Phil Campbell, el grupo arrancó con lo más añejo de sus existencias: "Bomber", del álbum homónimo de 1979, y "No class", de su disco debut, "Motörhead". El público, agradecido.
Lemmy, astuto lobo de mar
A ritmo acelerado, la lista de temas se sucedió sin dar respiro, y el frío y la lluvia de la noche del sábado se transformó en denso y asfixiante calor dentro del estadio. Así estaban las cosas cuando Lemmy señaló que iban a hacer una canción que no era de ellos y arremetió con "God save the Queen", himno de los Sex Pistols que Motörhead incluyó en su último álbum. Como es sabido, Lemmy es un viejo y astuto lobo de mar.
Pegado al no future de los Pistols, llegó "Born to raise hell", y las manos con cuernitos se alzaron a diestra y siniestra en el colmado estadio. Sí, ese cantante que bien podría trabajar en el puerto está un tanto mayorcito. Pero qué importa: "Mo-tör-head-Mo-tör-head".
La recta final del concierto tuvo su pogo desenfrenado con "Going to Brazil" y el agradecimiento eterno de Lemmy hacia su gente. "Esta es la audiencia más increíble del mundo. En serio."
Tras un corto intervalo, el regreso con los bises cerró de manera redonda el festejo por los 25 años. Dos clásicos como "Ace of spades" y "Overkill" les quitaron a los asistentes las últimas energías. Pero para qué guardarlas. Motörhead se despidió hasta la próxima reunión. El metal argentino lo estará esperando.




