
Los Visitantes, tan cerca del desequilibrio
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La triste tarde gris cae sobre la aparentemente vacía quinta de Don Torcuato, provincia de Buenos Aires, donde Los Visitantes le dan los últimos retoques a su nuevo material. Y debido a ello, la quinta-estudio de grabación posee un aspecto desolador. Mucho más aún si se tiene en cuenta que lo único que se escucha a lo lejos son los acordes de una milonga rabiosa, casi sufrida.
Entonces, Palo Pandolfo, un tanto desalineado y con las largas sesiones de trabajo plasmadas en su rostro, da la bienvenida e invita a pasar a una sala más confortable, para dialogar aislados del frío y de la posible llovizna.
"Linda tarde para un whisky, ¿no?", señala el cantante y líder de Los Visitantes. Pero como "por precaución" en la quinta no hay alcohol, se termina conformando con una gaseosa. Y con su habitual verborragia, comienza a desmenuzar "Desequilibrio", el quinto álbum de la banda.
"Es un disco que tiene más sonido de la banda, es más crudo -confiesa Palo-. Me parece que tiene un contraste importante con "Maderita". Sobre todo en el encare de los temas y la producción. Tiene más arrebato, se nota más la humanidad de las personas, cosa que tal vez en "Maderita", que era más envolvente y muy depurado, no pasaba."
El contraste del cual habla Palo, se relaciona con la doble vida musical que llevan Los Visitantes. Por una parte está su costado latinoamericano, sello inconfundible de la banda. Y por el otro, su costado tanguero mezclado con el rock furioso que el grupo acarrea de los tiempos de Don Cornelio y la Zona.
El lado oscuro de Palo
"Las nuevas canciones están más tiradas para ese lado quizá más oscuro -cuenta el ahora barbado cantante-. Y ese contraste surge porque hay como una necesidad de dar todo lo otro. Por eso creo también que "Desequilibrio" tiene cierta conexión con el espíritu de "Patria o muerte"´, el último disco de Don Cornelio... Aunque igual, los temas más podridos y más reviente , otra vez quedaron afuera."
Según Palo, esta especie de autocensura en parte se debe a que él no se hizo cargo de la producción. "La compañía no quería. Por eso se podría decir que transé la artística esta vez. Pero está bien, porque si tengo que salir del rol de banda y ponerme a producir, sería una locura. Quizás en otro momento."
Un tipo con mucha cabeza
Después de una extensa preselección, la responsabilidad de la producción del álbum recayó en... Miche Peyronel. Palo entrevistó a varios músicos, entre los que se encontraron Flavio Cianciarullo de los Fabulosos Cadillacs, Pablo Guyot, Piccolini y Toth, y finalmente se quedó con el legendario baterista de Riff, aunque el mismo Peyronel admita que nunca escuchó un disco de Los Visitantes.
"Es un tipo que tiene mucha cabeza, mucha cultura y con mucho sentido del humor", señala Palo sobre las virtudes de su ahora productor, y antes de terminar su concepto, como si hubiese estado preparado, Peyronel ingresa en la habitación y saluda.
"¿No compraste whisky?", insiste Palo. "No, por suerte estuve precavido. Quiero terminar hoy con algunos temas", responde Peyronel con sinceridad y se suma a la charla.
"Este es un disco para despedir el siglo XX con un clima de fiesta constante -resume Palo-. Además, si un disco de rock no te levanta, no es realmente rock."
Desde el estudio se escuchan una tras otra las canciones de "Desequilibrio". "Milonga sicodélica", con bandoneón incluido, de "La rosa moderna". El rock con tintes electrónicos de "Diosa del ritmo". El carnavalito de "El tabaquillo". Y el tema que Palo le dedicó a su madre, fallecida hace un año, "La Pachamama".
""Desequilibrio" tiene rítmicamente un par de sacudidas. Desde los temas y de cómo están tocados -continúa Palo-. Tiene mucho que ver con un estado del espíritu en la banda y mío al hacer las letras y al cantar. O que quiero demostrar qué soy o cómo me veo yo ahora. Porque uno hace lo que se cree que es y se viste como piensa que es. Y ahora estoy en un ser medio salvaje." Y si él lo dice, habrá que creerle.
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