
...y el Indio se hizo poeta.
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Te lo encontrás a la salida de la cancha, es noche cerrada, y vos sos visitante y es la primera o segunda vez que vas a Lanús Este y no tenés la más puta idea de con qué bondi huir a la capital. Estás saliendo de un miserable partido de viernes a la noche, ganamos uno a cero con un penal mal cobrado y durante la última media hora la local se la pasó vociferando vamo’a quemá, no sé, el Fortín, el Gallinero. Ahora hace frío y el viento barre los diarios y lo ves venir al Indio con los treinta monos de la Banda de la Tatusa, echando humo, "Dale Lanúuu’, dale Lanúuu’". Los ves venir a los treinta, cerrándote el paso en la penumbrosa boca de lobo. El Indio pisando el área, noventa kilos, bien morocho, morrudo, la estampa de Toro Sentado, las patas del 45 con garantía para demoler estadios, cráneos, prójimos costillares.
Pero no. El tipo se aparece en la cita de la calle Piedras. Sonriente el chabón, fluido, hasta delicado, saludando casi con tono de azafata: "No, barrabrava no". Cesa la amenaza y el Indio se convierte en otra cosa, espécimen nuevo, ominoso presagio del futuro: barrabravas tomando el té. Sí, referente de la hinchada de Lanús y acaso líder de tablón y todo lo que quieras. Pero barrabrava políticamente correcto y, por el mismo precio, poeta.
Por favor, prueben entonar esto con tetra y soundtrack de los Decadentes:
Lanús/ pasión/ te llevo bien adentro de mi corazón/ vos sos un sentimiento que no puedo explicar/ no paro de alentar/ y si alguna bandera no me dejan entrar/ la’ dejo a todas, te vengo a ver/ me tomo una cerveza, un vinito también/ acá en mi panza no la pueden ver/ entro a la cancha y está todo bien/ y a mí no me interesa en qué cancha jugués/ local o visitante yo te vengo a ver/ porque el granate se lleva en la piel/ ninguna hinchada lo puede entender.
–Se canta todo con gestos, viste, para que lo aprenda la gente más rápido.
A Lucas Guillermo Brizuela, 25, le dicen el Indio pero también Jerónimo. Hay que insistir en que llega a la cita sonriendo y confiado, el pelo largo, sedoso, bien negro y brillante, como si L’oreal se lo acabara de lavar para un casting de apaches. Todo poderoso el Indio: la boca gruesa, la dentadura como una empalizada maciza, las gambas anchurosas que si te traban fuerte te parten. Tan sonriente y tan gentil con ese fisicazo, con esa bocota, que podría laburar de stripper en una versión no apta para viejitas. Pero Lucas no es stripper sino técnico químico, labura en el taller de galvanizado del viejo, en Villa Diamante, donde vivió toda la vida, y changuea como patovica en La Negra..
–Es una changuita, empecé como patovica de joda. Fierros no hago, con esta panza mirá si voy a hacer fierros.
La biografía del Indio como barrabrava presunto está repleta de excepciones problemáticas: viejo y familia de Boca, recién a los 12 se hizo hincha de Lanús y a los 15 comenzó a ir a la cancha, sólo de local, épocas que ahora recuerda para rendir homenaje a la barra del club Piraña. Lanús como club es una institución respetada, casi modélica. Pero tan soberanamente modélica que, por ausencia de condimento, la hinchada era..., cómo decirlo, ¿amarga?
–Hace dos años yo veía que la hinchada de Lanús no inventaba canciones, nos caracterizábamos por eso. Siempre cabeza dura, cabeza dura para aprender las canciones, pero te hablo de las más fáciles. Los villeros son duros, duros, durísimos para aprender.
Entonces el Indio se dijo:
–Loco, esto tiene que cambiar. Si tenemos gente en la cancha, si gente hay, tienen que aprender.
Moisés subió al monte para recibir las Tablas de la Ley, Arquímedes dijo Eureka y el Indio se hizo poeta.
–Me empeciné en sacar canciones nuevas, entendés. En el laburo, trabajando, inventando canciones. Si se me ocurría una frase, iba y la anotaba. Y el domingo la sacábamos, sí o sí. Generalmente con música de cumbia, de Los Auténticos Decadentes, que hable de vinito, de falopa. Si no habla de vinito, no se copan los villeros, y si no se copan los villeros... Te hablo de los villeros bien, no discriminando, porque yo viajo con ellos, está todo bien.
Así que no hay en la historia del Indio cadenazos ni muertes ni cruces en las paredes descascaradas de las comisarías.
–Yo voy al paravalanchas, yo grito, yo puteo al técnico si no me gusta, lo puteé a Mario Gómez, a Garré. Ese lugar se gana yendo a todos lados, siendo constante, queriendo a Lanús. La gente se da cuenta quién quiere a Lanús. Porque yo a la gente jamás la voy a putear por más que no grite. Jamás me vas a escuchar "¡Griten, manga de putos!", como se acostumbra, jamás.
Dice Lucas que a su generación de hinchas le tocó vivir una de las mejores etapas del club, el equipo hecho con semillero, el equipo revelación. Eso acabó a partir de la salida de las estrellas del club: Moralito, el Chupa López, el Caño Ibagaza. Le pregunto cómo se siente cuando al cemento desnudo sólo lo saltan doscientos monos solitarios, cancha vacía, probabilidad de precipitaciones.
–Yo me siento bien en la cancha, muy bien. Veo a la gente que va siempre, con los hijos. Los que van a todos lados, son fanáticos-fanáticos, dejan todo.
Le pregunto cuántos micros llenan.
–No, qué micro. Combi, minibus. Lo tenemos que pagar nosotros. Somos veinte. Veinte pibes. Somos los de la Banda de la Tatusa. Está el socio fundador, Rotilli, un fenómeno el viejo.
–¿Qué es lo que más odiás del fútbol?
Se lo piensa, se lo piensa, se lo piensa.
–¿Qué no me banco? No me banco que no dejen entrar las banderas, eso no me banco. Que la fiesta podría ser más grande. Y me estoy pudriendo de los ladrillos. Ahí están los dirigentes: que hacemos la tribuna, que hacemos los codos. La gente no quiere más ladrillos, quiere campeonatos.
–¿Y qué cantan ahora?
–Y lo que pasa es que la gente en este campeonato está medio amarga. Las banderas ni las llevo. La gente quiere ver fútbol, quiere pelear el campeonato, quiere ver ídolos.
–Dale, Indio, otro cantito.
–Hay un par de agresivos mal. Mis viejos son de la provincia. Mi viejo es riojano, mi vieja de Junín. Por eso a mí me da por las bolas cuando vas a Rosario o al interior y te dicen "¡Porteño puto! ¡Culeáu!". Te reputean, te cagan a piedrazos. Y yo me dije: "Les vamos a hacer una canción para insultarlos, que les duela, que les duela".
Esto, dice el Indio, es para los rosarinos.
Rosarinos comegatos/ y no me digas que no/ lo comés a la parrilla, lo vimo’ en televisión/ todo bicho que camina/ va a parar al asador/ lo decía Martín Fierro/ el provinciano lo creyó/ en Argentina todos los provincianos/ son los analfabetos de la nación/ que le compran un pancho con una coca/ pero cuando se acerca la votación.
–Bueno, ésta es una que algunos, mismo de Lanús, me mandaron a recagar. Es toda mía, desde el principio al final, yo, mía. Ojo que yo no tengo nada contra los provincianos, es para ofender cuando ellos dicen "Porteño culeáu" y todas esas boludeces.
–¿Y si se pudre todo? ¿Nunca te pasó mirar un partido ajeno y que te parezca una cagada que se destrocen?
–Si la canto y se pudre... Y, me aguanto la calor con saco, y la sigo cantando y se sigue pudriendo.




