
Ludmila Fernández, el jazz hecho mujer
Nuestra opinión: Bueno
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Espectáculo de la cantante Ludmila Fernández, con Ricardo Pereyra, en piano y Rulo Vignoles, en contrabajo. Hoy a las 22, en Jazz Club del Comlejo La Plaza.
Es indudable que el buen momento por el que atraviesa el jazz en cuanto a lo musical se corresponde con algunas de las voces; al menos, es el caso de Ludmila Fernández, una intérprete interesante que muestra en sus actuaciones en el Jazz Club del Paseo La Plaza un buen registro sumado a un interesante dominio del arte del scat (canto sin palabras, onomatopéyico y muy rítmico).
Acompañada por Ricardo Pereyra, en piano, y Rulo Vignoles, en contrabajo, Fernández mostró un repertorio con estándares del Modern Jazz y del Bebop.
Comienza con "Amame o déjame", y, desde el vamos, muestra influencias de la "Divina Sarah" (Vaughan). Su voz evidencia fuerza, aunque en el comienzo se la ve contenida.
Seguirá un blues que Bessie Smith hizo famoso entre el público negro de los años veinte y que Eric Clapton regrabó en los noventa: "Nobody knows when you´re down and out".Esta versión rescata aquella versión original. Ludmila Fernández se luce al darle un rico sentido a la arrastrada cadencia de esta canción. A medida que avanza el tema, su voz gana en calor; su registro, si bien no es amplio, es rico y le permite variaciones de tonalidad que aportan matices.
Aires de bossa
Del blues pasa a la bossa nova. Un estilo donde Fernández parece sentirse cómoda. Asoma con tibieza su primer scat de la noche. Su fraseo tiene color; posee una voz melodiosa, aunque quizá por momentos tiene aristas duras, poco flexibles.
Ahora hablemos del acompañamiento. Si bien el estilo de Pereyra muestra técnica, suena pobre; algo similar ocurre con el contrabajo, que no obstante aportar la estructura melódica, su sonido es por demás seco.
Algunos lujos
El show tiene algunos pasajes distintivos, como, por ejemplo, cuando se interpreta "Caravan", de Duke Ellington, tema compuesto en 1937 y considerado por los expertos como la primera fusión del jazz con ritmos afrolatinos. La voz de Fernández cobra altura y su fraseo recuerda al solo de un saxo tenor.
El tema lo hacen en menores, lo cual le da un sabor morisco, pues ese fraseo oriental es aprovechado por Ludmila Fernández, quien saca notable partido de esos espacios rítmicos.
Luego vendrá "Tenor madness" (Sony Rollins), donde Fernández hará en scat el solo del saxo. Su técnica para este difícil arte es sólida, tiene buen gusto y una fuerte musicalidad. Sus influencias de Vaughan son evidentes. Incluso, su timbre de voz recuerda mucho a aquella cantante.
Espíritu indagatorio
La versión de "Loverman"(Ramírez) es exquisita ; luego vendrá un curioso y jazzeado "Soft operator", famoso tema de los años ochenta cantado por la morena Sade. Fernández muestra versatilidad y un espíritu indagatorio en cuanto a la voz.
El último es un blues: "Ain´t got nothin´ but the blues", donde la fuerza es el sello de estos dieciséis compases. La voz sale de abajo y va ganando en expresividad. Su fraseo tiende a acercarse a las voces del spitiruals.
El cierre es con "Take it five", un tema difícil pero que le posibilita a Ludmila mostrar ciertos refinamientos vocales que la ubican como una de las cantantes con un genuino talento.
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