
Manzanero, el último romántico
Tributo: el músico se presenta junto a Los Panchos para rendirle un homenaje a su eterna música, el bolero; hoy y mañana, a las 22, en el teatro Opera.
1 minuto de lectura'
"Es el último caballero", le dice una de las mujeres a este hombre menudo -dedicado al bolero hace 47 años- que le deja lugar para que pase primero. Armando Manzanero esboza una sonrisa ganadora, se mete en su papel de "último romántico" y como quien sabe que tiene todo a su favor dice:"Yo a la señora que le intenté le obtuve. Nunca fui despreciado por una mujer. Pero siempre supe de mis límites. Por eso mis composiciones no tienen el sufrimiento de otros compositores", explica con un tono suave y bien mexicano.
Con sus composiciones se enamoraron varias generaciones. Y gracias a su nueva sociedad con Luis Miguel, ahora son las adolescentes las que idealizan el amor. El reverdecer de la música romántica en todo el mundo lo trae de vuelta por esta ciudad. Hoy y mañana, a las 22, realizará junto a Los Panchos su propio homenaje al bolero en el teatro Opera.
Manzanero nació en Mérida, provincia de Yucatán (donde vive actualmente), en el seno de una familia humilde. "Mi padre era trovador, cantor con su grupo, de donde absorbí toda la cultura del bolero y a mi madre le gustaba tocar el piano. Eramos de clase media para abajo. Sin miseria, pero con necesidades. Igual creo que tiene que ver en mi obra positiva y mi manera de ser tan festiva, la calidad de vida que tuve de niño. Indudablemente eso hasta puede ser para los psicólogos, esos señores que reparan la mente de los que se la dejan reparar, porque no hay nada más hermoso que tenerla mala", y se le escapa un gesto molesto, raro en su diplomática manera de hablar.
-¿A qué edad compuso su primer bolero?
-Era muy joven. Apenas tenía 15 años, pero venía estudiando piano desde los 8. Eso cuenta mucho. No soy un improvisado, ni un compositor del silbido. No tengo nada que ver con esos músicos que llegaron por casualidad y que pueden ser inspiración de todos los mediocres. Soy un señor estudiado. Y antes de autor de letras soy músico
-¿En qué medida se vio influido por aquella generación de boleristas en la que brilló Agustín Lara?
-Si bien admiré a todos esos grandes autores, yo rompo con la temática de la tragedia, la desgracia y el sufrimiento. La obra mía es de toda una temática más positiva. "Contigo aprendí/que existen nuevas y mejores emociones...". No soy trágico, ni en mi temperamento, ni en mi obra, ni en mi manera de ser. Soy tan negado de la tragedia que cuando voy a enterrar a un amigo, voy con toda la tranquilidad del mundo por más que me duela y por más que sepa que no lo voy a ver más.
-¿Y por qué piensa que los antiguos boleristas escribían de esa manera?.
-Mire, yo conocí a Federico Vaena, que hace poco desapareció y siempre fue trágico: "Soy un pobre vagabundo sin hogar y sin fortuna y no conozco ninguna de las dichas de este mundo. Ay, cariño, si vieras cómo estoy desesperado por tu ausencia".Y así era, y así vivía. El mismo Roberto Cantoral, que es un tipo feliz, buen vividor y afortunado, si usted observa su obra toda es de tristeza. "Dicen que la distancia es el olvido, pero yo no comprendo esta razón..."
El mismo Agustín Lara, que tuvo un éxito tremendo con sus canciones, era muy trágico para escribir. Creo que en un momento se convirtió en una fórmula exitosa, pero nunca se tomaron ninguna de esas historias en chiste. Escribían muy en serio.
-Usted participó del primer disco de boleros de Luis Miguel y también del último. ¿Por qué no fue parte del segundo?
-Tuvieron el error de ocupar a otro equipo que no fue el del primero. Si hay un señor músico, ése es Juan Carlos Calderón, que tuvo que ver con el segundo, pero que no tiene la esencia del bolero y la naturalidad de un Bebu Silvetti como arreglador. Se salieron del contexto y de las fórmulas. Yo siempre he dicho que si una fórmula funciona, por qué la vas a cambiar. Entonces pasa lo que pasó. No fue un mal disco, vendió tanto como vendió el primero, pero la gente esperaba escuchar otra cosa. El repertorio decididamente fue mucho más flojo. Y la forma de cantar de Luis Miguel no fue tan bonita, como en "Romance". Además, cuando uno complica una música tan sencilla como el bolero, se está metiendo en camisa de once varas.
Fíjese que el único número grande del segundo disco fue "El día que me quieras", un éxito en 1926. Después volvió a ser un éxito cuando lo agarró Roberto Carlos en los 70. Luego pasó lo mismo cuando lo tomó Luis Miguel. Y si en 130 años lo graban en la Luna, va a volver a ser éxito, por la simpleza y la calidad de la canción.






