El guitarrista y cantante de Attaque 77 anticipa el show acústico de este jueves; y habla del pasado, la tolerancia y el redescubrimiento de la banda
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El cambio (paradoja mediante) parece haber sido la gran constante durante los 23 años de historia de Attaque 77. Luego del estallido inicial y la sobreexposición mediática con sólo 20 años de edad, llegó la hora del replanteo y la maduración musical. Del punk contestatario de Todo está al revés y Amén! a la introspección power pop de Un día perfecto; del homenaje multiestilístico de Otras canciones a la urbanidad cotidiana que proponía Radio insomnio. Luego, como una suerte de presagio apocalíptico, llegarían Antihumano y Karmagedon, y la partida de Ciro Pertusi. El cambio -obligado esta vez- se condensó en una nueva explosión propuesta desde el mismo título del disco: Estallar, como una búsqueda de volver al entusiasmo y energía iniciales. Hoy los miembros de Attaque 77 proponen bajar las revoluciones y enterrar la distorsión (por un rato solamente) para registrar su show acústico de este jueves en el Teatro Opera. Mariano Martínez -cantante, guitarrista y productor de la banda- suena relajado y positivo: "El grupo podría haberse terminado más de una vez, y lo mejor que podemos hacer ahora es celebrar que estamos juntos y que sobrevivimos a muchas crisis que para la mayoría de los grupos son muy destructivas".
Los acústicos ya son frecuentes en las bandas de rock, así que por un lado no sorprende que Attaque 77 haga uno, pero sí genera curiosidad saber cómo lo resolvieron. ¿Cómo fue el trabajo y cómo seleccionaron las canciones?
Hay de todas las épocas y todos los discos. Es verdad eso de que hay muchos acústicos, y con la banda vimos varios desde el momento en que surgió el plan de hacer el nuestro. El de Foo Fighters, por ejemplo, me pareció que estaba súper bien hecho, pero me pareció que Attaque tenía que hacer el propio, sin guiarse por ningún otro, desarmar las canciones y volverlas a armar. Otro ejemplo es el Kiss Unplugged, en el que me pareció que sólo cambiaron guitarras eléctricas por acústicas, porque tocan lo mismo, y eso es lo que supe que no debíamos hacer. Muchas melodías de nuestras canciones estaban ocultas detrás de la distorsión y la velocidad, así que las cambiamos, les bajamos el tiempo y las redescubrimos. Fue bueno investigar para tomar la decisión de hacerlo a nuestra manera, sin ningún otro parámetro. Muchas cosas fueron surgiendo sobre la marcha, tarareando algunas melodías como las de "Setentistas" o "Alza tu voz", y así se fue armando.
Fuiste el productor artístico de los últimos discos de la banda. ¿Ocupás ese mismo lugar a la hora de elegir las canciones y ver cómo adaptarlas a este formato?
El laburo es distinto porque las canciones ya existían. Hice varios demos con cómo me imaginaba que podían llegar a ser las canciones, y después hubo varias reuniones: con el grupo, con las cuerdas, con la percusión, con el piano y así. Fueron varias etapas, y no sé si a eso se le puede llamar producir un disco que se va a grabar en vivo. Paso mucho tiempo dentro del estudio, y mi tendencia natural es pensar qué vamos a hacer, el clima del show, por dónde va a pasar y cosas así. Lo que más le costó al grupo fue bajar los decibeles.
¿La idea es grabar y luego girar con el mismo formato?
Vamos paso por paso. El primer objetivo es hacer el disco y el DVD, y yo al menos no lo puedo proyectar hacia más adelante. Seguramente vamos a querer mostrarlo en todos lados, porque está saliendo todo muy bien. Siempre fuimos de ir a los lugares, y no de esperar que la gente vaya a nosotros. Después de tantos meses de trabajo el placer de esto es mostrar lo que hicimos.
Attaque 77 siempre fue una banda bastante impulsiva y visceral en vivo, que no buscaba la perfección a la hora de tocar, sino transmitir otra emoción. ¿Es lo mismo ahora en formato acústico?
Sí, puede ser que sea así. Igualmente nuestro show eléctrico siempre tratamos de ajustarlo cada vez más, y hay cosas que parecen desprolijidades, pero que buscan generar mayor contundencia. Para esto hay otro tipo de trabajo, necesitamos encontrar otro groove, golpear de otra manera. Aprendimos a tocar nuestros instrumentos de otra forma y a evitar esa escalada de volumen que hay en los shows eléctricos. Acá el concepto es distinto, porque si algo suena fuerte, no suben los otros, sino que se baja el volumen para escuchar al resto. Hay otro aire.
Después de 23 años de historia, redescubrirse no debe ser poco...
¡Totalmente! Es buenísima la sensación de sentir que estamos aprendiendo algo nuevo como músicos y como grupo. Es una gran experiencia.
Attaque siempre tuvo una bajada de línea a favor de la tolerancia, anti-discriminación, de apertura musical. ¿Les parece que su público los acompañó en ese camino lleno de cambios?
Yo percibo que hay buena energía alrededor de este proyecto, que la gente lo recibe bien. Nunca me perseguí sobre si la gente lo iba a tomar mal. Creo que el grupo lo dirige bien, con seguridad de lo que queremos hacer. Muchas veces nos resistimos a las cosas nuevas y a los cambios, nos es difícil, pero creo que también como sociedad estamos creciendo e intentando convivir de una manera menos precaria. Nuestra escuela para convivir es la banda, y así como entendimos que entre nosotros nos tenemos que tolerar, entender y cuidar, creo que el público también lo logró. No sólo llevamos muchos años de relación entre nosotros, sino que también con el público que va a los shows. Esos volantazos que pegamos a lo largo de nuestra carrera muchas veces generaron conflictos con la gente, pero también respeto, porque saben que Attaque es una banda inquieta, porque nos gustan los desafíos, los riesgos y sentir que la música es liberadora. Vivimos una relación con mucha más tolerancia y entendimiento. Y agradecimiento también, porque el público nos dio todo su apoyo después de la partida de Ciro. La gente aprendió que había mucho para celebrar.
Y la crisis de la salida de un cantante parece todavía más difícil...
Sí, pero el nuestro siempre fue un grupo sólido con objetivos concretos y claros, nunca fuimos el grupo de una persona. Pareciera que Attaque tiene como una especie de mecanismo de superación y supervivencia. Inclusive la partida de Ciro él mismo la vivió así, como una forma de que el grupo sobreviva. Cuando él no se sintió contento ni motivado, dio un paso al costado y generó que la banda se reinvente y que vuelva a esa emoción por lo nuevo.
¿También juega a favor de la tolerancia que tanto ustedes como Jauría compartan público sin conflictos y tiren para el mismo lado?
Creo que nuestra relación con Ciro terminó de una manera mucho más adulta de lo que podríamos haber imaginado. Y después de tantos años de compartir el mismo proyecto era de esperarse que no cambie el discurso ni de un lado ni del otro. La música es la manera que tenemos de comunicarnos, y sé que también para él es así. Todo tiene un final y nadie lo tomó de una forma dramática. Nos sirvió de enseñanza para entender que se puede terminar un ciclo de una manera positiva y sin rencores.
Se te escucha muy positivo, y la crítica social de Attaque siempre fue bastante pesimista. ¿Cómo viven la realidad de hoy?
Nosotros vivimos en un país... adolescente. La realidad nos obliga a rebelarnos, y no es que lo hagamos por una postura rockera, sino porque no tenemos alternativa. La realidad es un sube y baja emocional que te sacude para todos lados, y el grupo fue la manera que encontramos para mantenernos cuerdos.
¿Y el haberte mudado a Córdoba fue un poco para escapar de la locura de la ciudad?
Sí. Yo vivía en una zona rodeada de colegios secundarios que, cuando se enteraron que ahí ensayaba Attaque, se la pasaban tocando el timbre todo el tiempo. Eso por un lado, pero también me pasó que me afanaron y me cagaron a trompadas y otras cosas más. Córdoba es un lugar alucinante, donde conecto muy bien. Necesité tomar distancia para empezar a ver las cosas positivas que tiene Buenos Aires. Es una ciudad alucinante, pero pude verlo recién cuando me fui, cuando pude armar mi burbuja con la que estoy bien en cualquier lado, sea un pueblo chiquito o sea Nueva York.
Por Leonardo Ferri
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