Marikena celebra 33 años con la canción
Se presentará los miércoles de abril, a las 21, con el pianista Oscar Laiguera, en La Casona del Teatro
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Es una de nuestras mejores y más prestigiosas cantantes. Para festejar sus treinta y tres años con la música, Marikena Monti ofrecerá un homenaje a quien fue uno de sus más dilectos amigos:el artista plástico -músico-poeta, además- Jorge de la Vega. Lo hará todos los miércoles del actual, a las 21, en La Casona del Teatro (avenida Corrientes 1979). En su espectáculo, así reza la gacetilla, se unirán la pasión, el amor, la nostalgia y una pizca de humor. Su acompañante será el pianista, compositor y arreglador Oscar Laiguera.
La historia musical de Marikena Monti, que es el canto, se remonta a fines de los años sesenta, cuando grabó por primera vez en un disco simple las canciones francesas Ne me quitte pas y Quand on a quel´amour , junto a la orquesta de Lucio Milena.
"De ese tiempo -año 1969- recuerdo nuestro espectáculo "Canciones en informalidad", en el Instituto Di Tella, junto a Jorge de la Vega y Jorge Schusheim. De la Vega era un pintor que formaba parte del grupo Nueva Generación, junto a Yuyo Noé, Macció y Deira. Pero recuerdo también mi debut, el año anterior, en La Botica del Angel, cuando Ernesto Schoo, que fue el primer crítico que habló de mí, me dio el espaldarazo. De aquellos años data mi primer LP, "Libertad, mi amor", con mi primer productor discográfico, Alberto Rodisky. En 1971 grabé otro con mi nombre, que contenía la última canción de De la Vega, "Mariquita Montes", escrita una semana antes de morir. En dos días hizo la letra y la música para hablar de mí."
Desde entonces, Marikena cantaba descalza por sugerencia de Blackie, que dijo: "Yo a esta muchacha la veo vestida de negro y sin zapatos", quizá recordando a Edith Piaf.
"No me había enterado todavía de que la Piaf también actuaba descalza. Simplemente, me sentía bien."
- Tu repertorio, que excede la canción francesa, va de lo terrible a lo humorístico.
-Ese es mi arco emocional. Soy una cantante de autores más que de canciones. De allí mis homenajes a Jacques Brel. Me interesan determinados creadores por su temática. Algo que tenga que ver con lo que le pasa a la gente y la conmueve; esto es lo verdaderamente artístico. Hay creadores antológicos, que no son los que se escuchan por radio y televisión.
- Nadie conoce a nadie...
-Sobre todo aquí, en la Argentina, donde la cultura está devaluada, especialmente en la televisión, donde no tienen espacio los mejores artistas, salvo -a veces- en la TV de cable; donde hay un menosprecio por lo que se cree que es cultura como sinónimo de solemne, aburrido o misterioso. Veo en todo un maltrato generalizado, no sólo hacia los artistas sino también hacia la gente común. Hay mucha ignorancia, desinterés, falta pasión. Vivimos la dictadura del dinero. Así todo se hace difícil. A veces, los artistas muy conocidos corren la suerte de los que están empezando.
- Siempre se alabaron tus dotes canoras, tu garganta privilegiada. ¿Crees eso de las grandes voces?
-Me siento halagada. Pero te digo: hay voces pequeñas que son un portento. Por ejemplo las de Caetano Veloso, la de Joao Gilberto, la que tenía Chabuca Granda. Antes que la gran voz prefiero una excelente cantante que no tenga gran voz. Porque más importa lo que se siente cuando se canta. Por eso admiro indeclinablemente a la francesa Barbara, de quien yo cantaba, ya en el 65, sus admirables "El bosque de Saint Amand" y "Nantes". Ella reunía en sí dotes excepcionales como pianista, poeta y música. Lamentablemente no trascendió fuera de su país. Para saber qué es cantar hay que escuchar a Mercedes Sosa, Susana Rinaldi, Suma Paz, Yves Montand, a la Piaf, Elis Regina, Maysa Matarazzo. Eso, descartando a una Callas, una Jessy Norman y a las demás fabulosas cantantes negras.
- Aunque no te guíes por los géneros, ¿cuáles acogiste en definitiva?
-Bueno, canté tangos, canté boleros, y, además del cancionero francés, un poco de jazz, si bien confieso que debo mejorar mi inglés. El jazz es un importante ejercicio para los cantantes. Te enseña a cantar con libertad los tempi de cada tema. Lo que casi nunca he cantado fue folklore. Sí hice tres espectáculos de tango con Ana María Stekelman. En mayo volveré a estar con ella en el espectáculo "Angeles desnudos".
-¿A qué te dedicaste en los últimos tiempos?
-Estuve en Nantes 92, en el Festival de Los Iluminados. En 1997 participé de un concierto en Alemania con la Joven Filarmónica de Colonia; allí canté temas de Piazzolla. Ese año grabé canciones de Violeta Parra para una obra de teatro de Laura Bove. El año pasado canté en París, invitada por una agrupación de actores para un espectáculo multimedia, y también en un famoso cabaret cerca de la Bastilla. Entretanto, ofrecí el ciclo "Con sabor latino", en Clásica y Moderna. También estuve en el Margarita Xirgu cantando textos de Maribeau con música de Luis María Serra en el espectáculo "Payasos imperiales"...
- Olvidaste citar tu disco de hace mucho tiempo, dedicado a Alfonsina Storni con música de Serra, como aquella participación tuya en el tema central de la película "La Mary", con Susana Giménez y Monzón...
-Hice muchas cosas en estos treinta y tres años que a veces no trascienden porque no hago concesiones.
-Ahora cuéntanos de este homenaje a Jorge de la Vega.
-No será ni recuerdo ni nostalgia ni revival . Será un modo de homenajear aquellas cosas que trascienden. Es volver a instalar de nuevo los sonidos y las palabras que, escritas en los años sesenta, tienen gran actualidad. Volver a ver la realidad con los ojos del humor, pero sin vulgaridad. En "Arsénico y encaje" (sin referencia a la conocida película) hay humor, ironía, poesía y ternura, y, en lugar de nostalgia, melancolía. Hasta me animé a escribir la letra de la canción que da título al espectáculo, con música de mi pianista acompañante, Oscar Laiguera, que es un maestro. La vida es todas estas cosas: la mortalidad de ese veneno y también la delicadeza, la transparencia, el refinamiento, la belleza. Trato de rescatar todo eso en canciones como las de Víctor Jara, Gardel-Le Pera, más un pequeño homenaje a Edith Piaf.





