
Marte, el planeta más aburrido de la galaxia
"Planeta rojo" (Estados Unidos, 2000). Dirigida por Antony Hoffman. Con Val Kilmer, Carrie-Ann Moss, Terence Stamp, Benjamin Bratt, Simon Baker. Argumento: Chuck Pfarrer. Guión: Jonathan Lemkin y Channing Gibson. Fotografía: Peter Suschitzky. Música: Graeme Revell. Presentada por Warnes Bros. Duración: 110 minutos. Para todo público. Nuestra opinión: regular
1 minuto de lectura'

Hay un largo camino a Marte, y por momentos parece que los creadores de "Planeta rojo" proponen recorrerlo en tiempo real. Estamos en 2050, buscando un hogar alternativo porque la Tierra se ha echado a perder. Se han enviado algas a Marte, para que allí broten el oxígeno y la vida, pero algo parece estar fallando, y allá va una misión tripulada, al mando de la comandante (cualquier similitud con la de "Alien" es puramente casual) Kate Bowman, encarnada por Carrie-Ann Moss, a quien vimos en "Matrix".
Integran el grupo un puñado de personajes más o menos inexpresivos, casi todos candidatos a no durar hasta el final de la película, de acuerdo con la tradición del género. Entre ellos está el científico-filósofo Chantilas (¿cómo se les habrá ocurrido ese nombre?), por Terence Stamp, que supo brillar de la mano de William Wyler en "El coleccionista". El héroe es el mecánico Gallagher (Val Kilmer, cuyo rostro ganaba en ductilidad cuando se colocaba la máscara de Batman).
El viaje es tranquilo, pero al llegar una explosión solar complica las cosas. Hay un incendio a bordo y los aparatos quedan en un estado de desamparo similar al que viven los espectadores. Así, en un contexto técnico complicado que obliga a reiteradas cuentas regresivas, los astronautas deberán descubrir la razón de la desaparición de las algas: no están solos en el planeta rojo. Esta trama, verdadera muestra patchwork compuesta con retazos de películas precedentes, increíblemente demandó la participación de un argumentista y dos guionistas, quienes observaron absoluta fidelidad al lema de la producción: nunca una idea.
Como se insinuó al comienzo, el film comete un pecado mortal para la concepción hollywoodense del entretenimiento: no es divertido. Salvo por las escenas finales y por algún toque de humor involuntario -los sobrevivientes retornan del "maldito planeta rojo" en una nave abandonada... por los rusos-, el ritmo resulta tan problemáticamente árido como la superficie de Marte. La endeblez del libro, la oquedad de los personajes y la falta de personalidad de Hoffman, director debutante, conspiran contra una empresa que rinde en proporción inversamente proporcional a los muchos millones de dólares invertidos en ella. Tal vez el rubro más deficitario sea el de la música, efectista y fea, pero los mejores créditos pertenecen al escenógrafo, Owen Paterson, y al director de fotografía, Peter Suschitzky.
Las imágenes marcianas tienen cierta belleza y han sido filmadas en locaciones cuya elección fue un acierto. El paisaje jordano de Wadi Rum, donde se rodó hace décadas "Lawrence de Arabia", es suficientemente desolador y extraño como para desalentar viajes más largos. Quien quiera conocer Marte, lo tiene allí, al alcance de la mano.
Tampoco se ahorró nada en materia de maquinitas y efectos. Está todo muy bien, pero ya había sido visto. El único ahorro fue de imaginación, sustancia con la que habría que ser magnánimo, puesto que suele reproducirse con facilidad mientras más libremente se la usa.





