
Martin Lawrence, ladrón sin destino
"De ladrón a policía" ("Blue Streak", Estados Unidos/1999). Presentada por Columbia Pictures. Fotografía: David Eggby. Música: Ed Shearmur. Intérpretes: Martin Lawrence, Luke Wilson, Peter Greene, William Forsythe, Dave Chappelle y Tamala Jones. Guión: Michael Berry, John Blumenthal y Steve Carpenter. Dirección: Les Mayfield. Duración: 93 minutos. Para mayores de 13 años. Nuestra opinión: regular.
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"De ladrón a policía" es una de esas películas construidas "en función de", en este caso para aprovechar la popularidad (en los Estados Unidos) del actor negro -de origen televisivo- Martin Lawrence. Pero el gran problema aquí no es sólo que se trate de una convencional y previsible comedia de acción, por momentos la aplicación de una fórmula casi matemática, sino que, más allá del estreno de alguna película anterior suya, este intérprete gritón y ampuloso, cuyo histrionismo deja en la comparación a Robin Williams y Jim Carrey en la senda de un Laurence Olivier, es casi un ilustre desconocido para el público argentino. Heredero de Eddie Murphy y figura clave de una camada de comediantes afroamericanos como Will Smith, Chris Tucker, Damon Wayans y Chris Rock, Lawrence parece condenado a trabajar exclusivamente en las denominadas buddy-movies , ese subgénero tan caro al cine hollywoodense en el que dos compinches casi opuestos (uno alocado y valiente, el otro retraído y cerebral) se aman, se odian y terminan complementándose.
Pero, más allá de que las buddy-movies son en sí mismas limitadas y bastante estereotipadas, "De ladrón a policía" se ubica incluso por debajo de la media que alcanzaron otros famosos exponentes como la saga de "Arma mortal"; "Una pareja explosiva", "Dos policías rebeldes", donde Lawrence trabajó con Will Smith; o "Nada que perder", en la que formó una típica pareja-despareja con Tim Robbins.
La trama (la excusa argumental) de este nuevo lugar común propinado por el director Les Mayfield ("Flubber, el invento del siglo", "Hombre de California") arranca con una banda de delincuentes que intenta robar, sin suerte, un diamante valuado en 17 millones de dólares. Antes de ser atrapado, Miles Logan (Lawrence) deja la joya adosada al sistema de ventilación de un edificio en construcción.
En busca de la joya perdida
Dos años más tarde, nuestro héroe sale de la cárcel y descubre que dicho inmueble se ha transformado en el cuartel central de la policía de Los Angeles. Obviamente, para recuperar el diamante, se hace pasar por un detective y, aunque su tarea se complica, poco a poco va convirtiéndose en el mejor agente de la repartición. Hasta aquí el planteo inicial, que es lo mismo que decir casi el planteo total del film.
Queda, por supuesto, espacio para que Lawrence baile, corra, salte y ofrezca sus exagerados ademanes, protagonice sólo un par de gags logrados y unos cuantos chistes vulgares, persiga a peligrosos narcotraficantes, se burle de su novato e inepto compañero blanco (en una relación que roza el racismo, pero al revés), ridiculice a sus competidores del FBI y, en definitiva, se salga siempre con la suya. Si todo esto suena a demasiado conocido, a clisé, es porque realmente pasa eso: "De ladrón a policía" no tiene nada nuevo que ofrecer.
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