
Tiene fama de ser hosco y malhumorado, sobre todo entre los periodistas. Dicen que cuando Dave Mustaine contesta una pregunta, suele responder con la menor cantidad posible de palabras, y a veces ni eso.
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En ambas aseveraciones hay algún prejuicio y bastante de estereotipo. ¿Qué es lo que se espera del líder de una banda tan aguerrida como Megadeth? ¿Sonrisas y un vaso de jugo?
Sin embargo, eso es lo que encontramos cuando llegamos a la entrevista con Dave Mustaine. La casi legendaria figura del thrash-metal ingresa en uno de esos típicos salones de hotel donde las empresas suelen mantener reuniones de ejecutivos y saluda con una sonrisa natural ciento por ciento; mientras, ofrece jugo y café como si fuera una azafata pelirroja y no una estrella del rock más volcánico.
No es que siempre sea así; de hecho, quienes frecuentan su círculo más íntimo suelen describirlo como un hombre reservado y parco. Pero a Dave Mustaine le cambia el ánimo cuando pisa suelo argentino. El mismo lo dirá varias veces en el transcurso de una extensa y reveladora conversación, durante la cual intentará precisar que no se trata de un acto de pura demagogia que repite en todos los países que visita. "Cuando voy al Brasil o a Chile aclaro que me gusta tocar allí, pero que adoro la Argentina", dice, y suena convincente.
Hay poderosas razones que respaldan su actitud amistosa y hasta simpática. En octubre Megadeth convocó a una audiencia de 20 mil espectadores que llenaron el Parque Sarmiento. El dato no tendría especial relevancia si no fuera porque ésta fue la cuarta incursión de la banda en Buenos Aires, y la anterior se había producido apenas un año antes. Es una suerte de romance que ha resistido el paso del tiempo y el acostumbramiento; algo que no pasaba desde que Los Ramones se separaron con un concierto en River. A ambos grupos les sucedió una cosa semejante: no eran considerados como números de primera línea en los Estados Unidos, y sus partidos de locales, a estadio repleto y con una hinchada ardorosa, los jugaban en una tierra lejana llamada Buenos Aires. A esto habrá que sumarle que los últimos tres álbumes de Megadeth -Cryptic Writings (1997), Youthanasia (1994) y Countdown to Extintion (1992)- han sido discos de oro, es decir, con más de 30 mil copias vendidas.
"La verdad es que no tengo explicación para este fenómeno, pero me parece grandioso", comenta Mustaine sacudiendo su larga cabellera colorada. "Por eso mismo queremos grabar nuestro disco en vivo en Buenos Aires. Queremos que el público norteamericano se dé cuenta de que apesta." (risas)
Mala noticia para los fanáticos de la banda: el disco en vivo de Megadeth ha quedado en el freezer debido al cambio de baterista. A mediados de este año, Nick Menza abandonó temporariamente el grupo para someterse a una cirugía. Pero, en verdad, Menza no se llevaba bien con el resto del grupo. Hoy Mustaine revela que Jimmy DeGrasso, el nuevo baterista, es un miembro permanente del staff. "Jimmy no va a querer que saquemos un disco en vivo con el baterista anterior, y puedo entenderlo", explica Mustaine. Por otro lado, la rapidez con la que circulan las grabaciones piratas ha hecho que las tomas en vivo que Megadeth registró el año pasado en su presentación en Ferro ya estén en manos de los fans. "Creo", dice Mustaine, "que con este cambio y con las malditas grabaciones de los piratas, lo que corresponde es que estrenemos la incorporación de Jimmy con un nuevo disco de estudio que comenzaremos a grabar el 6 de enero. Calculamos terminar ese disco hacia junio y enseguida volveremos a salir de gira. Entonces lo que vamos a hacer es grabar algunas de esas nuevas canciones en vivo y agregarlas al material que registramos en la Argentina, por lo que calculo que el disco en vivo -que no sé cuando saldrá- durará unas dos horas y media. Quizá sea doble; mi problema, y lo asumo como tal, es que me importa demasiado la opinión de los fans y no quiero que se edite algo que no sea perfecto. No quiero sacar un disco que sea excesivamente largo o demasiado corto. Me acuerdo de cuando yo era chico y me fumaba un porro para escuchar Kiss Alive, y de toda la gente gritando como loca en el tema «Black Diamond»; pensaba que era genial. Años más tarde, el productor de ese disco, Eddie Kramer, me contó que todo era trucado y me partió el corazón. No quiero que pase eso con los fans de Megadeth".
Hubo un tiempo en que dave mustaine no podía querer a nadie, ni siquiera a sí mismo. Miembro fundador de Metallica, junto a James Hetfield, Lars Ulrich y el bajista Cliff Burton, supo tener un comportamiento difícil de tolerar, por lo que permaneció en la banda solamente dos años, entre 1981 y 1983. Fue expulsado sin miramientos por sus problemas con las drogas y quedó muy resentido, de manera que se abocó a tramar su venganza: Megadeth fue el vehículo de esa revancha. El título del primer disco, Killing Is My Business... And Business Is Good (Matar es mi negocio... y el negocio es bueno), daba cuenta del estado de ánimo del muchacho. El trabajo fue editado por un sello independiente y las buenas críticas que mereció apuraron la firma de un contrato con Capricorn Records, el sello que publicó Peace Sells... But Who’s Buying? (La paz vende... ¿pero quién la compra?). Mustaine se enganchó con la heroína y se vio envuelto en una espiral suicida que repercutió en la vida del grupo. Hubo innumerables cambios de formación. En 1990, el guitarrista Marty Friedman y el baterista Nick Menza llevaron estabilidad musical a la banda, sumándose a Mustaine y a Dave Ellefson, quienes habían estado parados dos años. Arrestado por manejar bajo el efecto de la heroína, Mustaine debió iniciar un tratamiento de recuperación que, poco a poco, fue devolviéndole la sobriedad. Hubo recaídas, marchas y contramarchas, pero hoy Mustaine sigue venciendo en una pelea que, según precisa, aún no ha terminado y se libra día tras día. Muy pocas veces aceptó hablar del tema con la prensa.
-Una vez comentaste que sobre el escenario sos Mustaine, pero fuera de él, simplemente Dave. ¿Fue difícil ese tránsito?
-No, solía serlo, pero cuando vi a Axl Rose, a los Mötley Crüe y a otras bandas arruinándolo todo, tratando a la gente como mierda y yendo a la cárcel de cuando en cuando, pensé: "¿Yo también me veré así?" Y me di cuenta de que sí. Una cosa es hacer lo que uno quiera arriba de un escenario... Pero ahora, por ejemplo, somos tres tipos hablando amigablemente de cosas comunes. Me sentiría mal si tuviera una actitud del tipo "besen mi anillo". Yo sé que mi carrera va a terminar algún día, pero los Rolling Stones o Aerosmith siguen tocando a los 50 y yo sólo tengo 37, así que, espero, me queda un largo camino.
-¿Cuándo comenzó el cambio de actitud?
-Cuando escuché que Axl Rose hacía esperar a la gente dos horas. ¡Vamos! ¡Hasta Jesús fue puntual! Cuando te tomás muy en serio, no tenés oportunidad de divertirte, y para mí el rock & roll tiene que ser divertido. Es como si me enojara porque me traen discos solistas de Marty (Friedman) para que firme un autógrafo. Somos personas normales; cada día de nuestras vidas todos nos levantamos a la mañana de una manera muy parecida. Así se disfruta más. Antes me levantaba de golpe. Sentía que me ahogaba, porque me había quedado dormido después de una borrachera. En realidad no me iba a dormir, simplemente me desmayaba.
-Pero no siempre fue así. ¿Qué ganaste y que perdiste al "limpiarte"?
-¿Querés decir al dejar de drogarme?
-Sí.
-Dentro de las cosas que perdí está un círculo social integrado por personas que, en ese momento, pensé que eran mis amigas. Cuando comprás drogas, todos son tus amigos. Si te doy plata, y te doy, te doy, te doy, vas a ser mi amigo. Cuando estás en esa situación no te das cuenta de que, en primer lugar, estás comprando la amistad. Era tan miserable y estaba tan solo en esa época que me juntaba con gente de... ¿mierda? (en castellano). Todo eso lo perdí. Lo que gané: tener discos de oro en la Argentina y romperles el culo a los Smashing Pumpkins, que son enormes en los Estados Unidos, pero aquí sólo venden 7 mil discos. Gané la oportunidad de tener una esposa y dos hijos. Mi hijo juega hockey sobre hielo y practica artes marciales, al punto que me despierta todos los días con una patada en los huevos; una costumbre por la que ahora comenzé a dormir con las piernas cruzadas. Prefiero este despertar al anterior. ¿Qué más gané? Poder relacionarme bien con la gente, poder demostrarle a ustedes cómo soy realmente y no ese hombre tosco que a veces ven en el escenario. Ese es mi trabajo. Una vez subió un chico para abrazarme y me partió el labio con el micrófono. Mi reacción fue darle un cabezazo y, créanme, no me sentí orgulloso por eso. Pero ése es Mustaine. Apenas me bajé del escenario me arrepentí. Eso ganás cuando estás limpio: reconocés tus propios errores.
-¿Y cómo lo lograste?
-Fue duro. Te lo puedo resumir en dos palabras: estuve muerto.
-¿Sucedió durante la gira de "Countdown to Extintion"?
-Exacto. Tuve una sobredosis y morí. Me llevaron a emergencias y llamaron a mi mujer para decirle: "Su marido acaba de morir. No se moleste en venir al hospital." Y Dios me devolvió la vida. Estuve muerto un largo rato, si tenés en cuenta que tuvieron tiempo de buscar el teléfono de mi esposa, llamarla, darle la noticia. Pasó mucho tiempo hasta que creí la historia. Un empleado del hospital, que también es un consejero, me dijo: "Hermano, estabas muerto en la mesa." Y yo le respondí: "Estás tratando de asustarme, cortala y volvé a tu trabajo", e inmediatamente volví a drogarme. No paraba de tomar drogas, no paraba de emborracharme. Hasta que un día, mientras iba en el auto, hablamos con mi esposa del asunto. Me dijo que cuando la llamaron del hospital y le dijeron que estaba muerto había pensado en que iba a pasar el resto de su vida sola. Entonces fue cuando los engranajes de mi cabeza frenaron en seco y comprendí que sí, que había sido verdad. Yo no vi ninguna luz blanca, ningún túnel; en todo caso, si había un túnel estaba tan dado vuelta que ni cuenta me di. No voy a decirles a ustedes que no está bien tomar alcohol o drogas, no voy a darles un sermón; en todo caso no está bien para mí, sencillamente porque cuando empiezo no puedo frenar.
Dave Mustaine nos da algunos detalles más sobre su relación con las drogas, pero pide discreción. Le está vedado revelar cuál es el tratamiento que ha seguido para abandonarlas: "Si yo caigo otra vez, algún pibe que está tratando de salir de las drogas va a pensar que el tratamiento no funciona. Yo estoy en recuperación constante. Esto es algo en lo que trabajás todos los días." Volvemos a la música, entonces.
-¿Cómo dividen las partes de guitarra entre vos y Marty Friedman? ¿Por qué no hacés más solos?
-Creo que en el próximo disco voy a tocar más. Con Marty mantenemos un combate mano a mano: sus solos son una excelente espada y los míos, un bate de béisbol; puedo golpear con el bate hasta matarte, pero Marty puede rebanarte la cabeza con un solo movimiento. Morís de las dos maneras. Marty toca con amor, yo lo hago con odio. Representamos dos estilos diferentes.
-¿Cómo ves hoy la salud del heavy metal?
-Las nuevas bandas norteamericanas de heavy metal decían que el metal estaba muerto. Entonces los periodistas comenzaron a llamar a estos grupos "los nuevos muertos". Personalmente, creo que hay nuevas bandas que son excitantes, interesantes, y no tienen nada que ver con nosotros. No nos afecta para nada, creo que está bien que haya nuevos grupos que entretengan, porque más allá de cualquier diferencia estilística tratamos de hacer lo mismo: rockear a los fans.
Mustaine se entusiasma con la reacción del público argentino. Por momentos no parece un hombre de 37 años, padre de dos chicos y líder de Megadeth desde hace quince, sino otro adolescente más, de esos que hacen guardia en la puerta del hotel para conseguir un autógrafo, un saludo o un poco de conversación. Eufórico, Dave sigue contando anécdotas. "Ahora resulta divertido recordar que nuestro nuevo baterista fue parte de la banda de Alice Cooper cuando tocamos en Ferro, en 1995, como parte del festival Monsters of Rock. Yo le pregunté: «¿Qué se siente ahora?» Y él me contestó que cuando escuchó la reacción de la gente durante la actuación de Megadeth, que tocó antes que Alice Cooper, pensó que iba a ser muy duro tener que tocar después que nosotros."
Pero no son todas flores: Mustaine no termina de entender el porqué de las escupidas. Se le explica que el público sudamericano comprendió mal los libros que contaban la historia del punk inglés y el rito de las escupidas -de hecho, los mismísimos Sex Pistols se enojaron con el público porteño que los saludó a puro salivazo-, y que ese malentendido se transformó en desagradable costumbre. "Para mí, es lo más vulgar que pueden hacer -razona-; por eso estoy practicando el castellano: «No escupan... ¿putos?» ¿Está bien decir putos? No quisiera que se enojaran, pobres chicos."
El castellano de Mustaine mejora visita tras visita. "Cuanto más popular me convierto en este país, más quiero saber sobre él. A veces, la fama no te da mucha oportunidad de ver cosas. Me gustaría ir a pescar, por ejemplo (aunque sé que en Buenos Aires no se puede), me gustaría ir a ver caballos o cómo cocinan ese fabuloso bife argentino. Las chicas son las más hermosas del mundo, realmente, y me parece que la Argentina es un país muy sexy y romántico."
Mustaine cuenta lo que sabe de la historia argentina y parece que entendió todo muy bien hasta que nos convertimos en República (lo que sucedió después, acaso ni nosotros lo comprendemos). "Mucha gente tiene miedo de hacer preguntas porque no quiere quedar como estúpida. ¿Pero qué norteamericano conoce algo de la historia argentina? Tendrían que venir aquí y aprender. Yo no quiero llegar, tocar y después irme; quiero devolverle algo a la gente. Ellos nos dan tanto... ¡Me traen cosas para mis hijos! Cada vez que llego a Buenos Aires, en mi habitación hay una caja de mis habanos favoritos esperándome. ¿Cómo querés que no me guste este lugar?
-¿Te diste cuenta de que, en la Argentina, Megadeth es más grande que Metallica?
-(Mustaine se ríe) Pasó algo gracioso los otros días. Estábamos haciendo ejercicio con uno de los chicos de la banda y viendo MTV. Llegó un asistente, sacó la tele y puso Load, de Metallica. Pero yo no me di cuenta y pensé que se trataba de la televisión. Pasó un primer tema, un segundo, y así hasta que me di cuenta. "¡Hey! ¿Quién me está jodiendo?", grité, más en broma que enojado. Hubo un tiempo en que no podía soportar escuchar a estos tipos, porque yo me fui de Metallica muy herido. Más tarde comprendí que me despidieron porque me había transformado en alguien peligroso; cuando me emborrachaba me ponía muy violento. En cambio, cuando los otros miembros de la banda se emborrachaban, simplemente se ponían tontos. Un día tuve una pelea muy fuerte con James (Hetfield) y con el bajista de aquella época. Cometí un gran error, uno muy grande: les perdí el respeto, y perdí mi trabajo. Ahora miro hacia atrás y, ¿saben? Merecía ser despedido.
-Ahora que el resentimiento pasó, que sos un tipo feliz, padre orgulloso, músico exitoso, ¿qué cosas te quedan pendientes como músico o como persona?
-Yo fui maestro de escuela y les enseñaba artes marciales a los chicos, desde que tenían 4 años hasta la adolescencia. Era muy divertido. Los chicos llegaban a cierto punto en que pensaban que lo sabían todo y entonces les explicaba una nueva técnica. Los más chiquitos, en cambio, suelen engancharse más con el juego. Yo les pedía que me golpearan en el estómago y cuando lo hacían, me caía al piso gritando, y ellos me pateaban con muchas ganas. Creo que eso es lo que me gustaría hacer cuando llegara el momento de terminar con la música. Pero, ya lo dije, con 37 años creo que me queda mucho por transitar con Megadeth.
-Bueno, si John Lee Hooker sigue tocando a los 80 años, tenés para rato.
-¡80 años! Creo que a esa edad voy a pasar más tiempo intentando tener una erección que tocando la guitarra.





