La actriz vuelve al cine con Familia peligrosa: repasamos sus highlights
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El estreno de Familia peligrosa es la excusa para recordar cuando Michelle Pfeiffer era una estrella absoluta en fines de los ochenta y principios de los noventa. Esos tiempos sin Google imágenes (entre otras cosas). Pero además, con Pfeiffer, la búsqueda no habría sido de fotos. Flaca, elegante, cautivante, misteriosa, con Pfeiffer las fotos no habrían sido suficiente: la teníamos que ver moverse, actuar, mirar, escuchar su voz. Entre 1988 y 1993 Michelle Pfeiffer fue una máquina de enamorar en el cine. Aquí vamos a esos seis años maravillosos (y a un poco antes, siempre hay una excepción) en los cuales Pfeiffer brilló como nadie.
Los fabulosos Baker Boys (1989) Canta "My Funny Valentine" (en los títulos), y otras más, arriba del piano "Makin’ Whoopee", su inolvidable vestido rojo, una escena que quedó para la historia, hasta para las parodias (Hot Shots). Y la historia de amor con Jeff Bridges. Dirigida por el entonces joven muy prometedor Steve Kloves, que después haría los guiones de casi todas las Harry Potter) , Los fabulosos Baker Boys es una película que se parece a pocas otras películas, pero ese es otro asunto.
Batman vuelve (1992) No habrá ninguna igual, no habrá ninguna como la Gatúbela de Michelle Pfeiffer en Batman vuelve, la segunda Batman de Burton, su galería de freaks más inspirada. Gatúbela iba a ser Annette Bening, pero quedó embarazada apenas comenzado el rodaje, y fue Michelle. El traje era perfecto -bah, perfecto es un término demasiado tibio- y los latigazos eran malignos, perversos, adorables. Pocas veces, como en este caso, un ser humano fue más fotogénico que un gato en el cine.
La edad de la inocencia (1993) Uno de los momentos clave del romanticismo en el cine de las últimas décadas es ese en el que la condesa Olenska debe darse vuelta antes de que Newland Archer (Daniel Day-Lewis) renuncie a ella. Un momento de alta intensidad: Olenska era todo lo sublime de esta historia de Martin Scorsese que traficaba grandes pasiones bajo las reglas de la alta sociedad neoyorquina del siglo XIX. Claro, Olenska era Pfeiffer, en una de sus interpretaciones nobiliarias.
Tequila Sunrise (1988) En los gastados VHS locales se llamaba Traición al amanecer. Y estaba más-linda-imposible. Se la disputaban Mel Gibson (un traficante que quiere enderezarse) y Kurt Russell (policía), amigos de larga data entre sí. Una historia de lealtades difíciles de sostener y difícil no enamorarse de la radiante Jo Ann (Pfeiffer) que tenía un restaurant italiano. Playa, sol, mar, comida y Pfieffer, ejem, a punto caramelo. La canción del final, "Surrender to Me", cantada por Ann Wilson y Robin Zander, era una grasada melosa imposible, un "lento" como había en esos años.
Scarface (1983) Y podríamos haber completado las cinco con una más de los años apuntados, porque tenemos en 1988 la muy recomendable Relaciones Peligrosas de Stephen Frears, pero es un poco deprimente ese destino manipulado por Glenn Close. Además, no podemos no incluir a Michelle muy joven (25 años) en su primer papel importante (acá igualmente defendemos Grease 2, justo antes): su Elvira Hancock en Scarface, un témpano de hielo de una hermosura que, bueno, ya saben.
Por Javier Porta Fouz
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