Teatro Coliseo, Buenos Aires. 9 de junio de 2006
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El día que el niño García se hizo hombre
No es un detalle que el móvil de Crónica TV esté en la puerta del Coliseo. Hoy toca Migue, el hijo de García (no hay que aclarar qué García, creo); y el canal que va firme junto al pueblo está ahí. Porque, dirán, hubo un día en que Migue García dio su primer concierto solista y su padre estuvo ahí, de traje, para verlo tocar. Incluso cuando las cámarasno lo pudieran captar.
Hoy todo sonó metafórico. Migue salió a escena puntual, aunque la sala (un teatro algo grande para empezar, pero que el ya no tan niño García parece haber elegido especialmente por acústica y mística) estaba a medio llenar. Se paró adelante –debutando en esto de ocupar el centro, tras las experiencias Samalea-Kabusacki-García y Tirador Láser–; dejó sus dedos en unas teclas Korg frente a las butacas y, con su genial humor, hizo lo que mejor sabe, como sabe hacerlo: tocó su rock.
Su figura, como la de su progenitor, arma y desarma con todo el cuerpo las canciones; en este caso: los hits de Quieto o disparo, su primer disco (el tema homónimo, pero también “Obvio no” y "Recordatorio”); en ocasiones, con la asistencia de Lucas Martí )(productor y compositor, pero primero amigo) en acústica y un laberinto de coros.
Es en esos momentos cuando Migue consigue achicar el espacio, llevarte a escuchar rock nacional a un mega pub. Pero, quizá, las canciones nuevas (“Maravilla”, por ejemplo) aclaran que la percepciónde lo nuevo la maneja Martí. Y aun así, nadie puede negar que Migue tiene un estándar de interpretación tan alto que no puede ser comparado con los músicos de su generación (en vivo, jamás pifia, nunca yerra un tono). Lo demás, lleva tiempo.
Charly vino a recordarle eso, no de salvataje. Un padre que está con su hijo en su primer concierto, que se pone el traje; una estrella mayor que se queda en el proscenio para no captar la atención y sólo sube en la última canción (“Dos edificios dorados”), para arrullar a su primogénito (que al mismo tiempo genera el ensueño del resto) con ese estribillo que pulveriza: “Cuando pase aquí... oirás mi vos”. Porque el hombre antes de hablar, canta. Entonces, dejemos que el hombre cante.
[Mirá el video de Quieto o Disparo]






