
Miguel Jordán: una vida intensa consagrada al teatro, el cine y la tevé
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El domingo pasado, el actor Miguel Jordán conmemoró sus sesenta años con la actividad teatral. Y lo hizo en el Teatro Buenos Aires, donde semanalmente (domingos, a las 19) presenta, junto a Mariano Fernández, Las heridas del viento, del dramaturgo español Juan Carlos Rubio, con la dirección de Gastón Marioni.
La función tuvo un carácter especial, porque desde la platea acompañaban al intérprete muchos actores que compartieron con él espacios como la radio, el teatro, la televisión y el cine, como Mabel Landó o Norma López Monet, entre muchos otros.
Jordán explica que, en realidad, tiene un registro de su actividad hasta los cuarenta años de profesión, pero que los últimos veinte se le han pasado tan rápido que no se ha dado cuenta. Es que en verdad ha seguido trabajando con mucha continuidad y con la misma pasión con la que abrazó la profesión cuando tenía 17 años. Por entonces sus padres querían que fuera contador público nacional, pero no contaban con la sagacidad de un abuelo que siendo regente de un importante restaurante al que asistían destacadas figuras del espectáculo tenía un gusto personal: ir al teatro los domingos y llevar a su nieto, que solo tenía 10 años.
En esa época conoció a muchos autores e intérpretes con los que más tarde comenzó a compartir el escenario. Su primer estreno fue La señora ministra de Zaldívar y entre sus protagonistas estaban Gloria Guzmán y Beatriz Taibo. "Estaba nervioso por debutar -cuenta el actor-, pero más nervioso porque mi mamá y mi papá se encontraban en la platea. Cuando salí, mi padre solo dijo: «Vamos a comer una pizza». Mientras comíamos, ninguno de ellos hacía alusión al espectáculo, hasta que por fin mamá dijo: «Qué linda la obra». Y papá agregó: «Así que querés ser actor... bueno». Y esa frase fue como una bendición para mí. A partir de entonces no paré de estudiar con Heddy Crila, Humberto Serrano, Agustín Alezzo... y trabajar".
Los recuerdos de Miguel Jordán afloran con una intensidad inusitada. El teatro comercial, la revista porteña, el Teatro San Martín, donde integró el elenco estable; la radio, a la que llegó de la mano de Alberto Migré; la televisión, y por último el cine (filmó 36 películas). En su memoria los nombres de los actores se cruzan en un devenir inesperado. Paulina Singerman le enseñó algunas claves de la comedia; también empezó a hacer revista, en la década del 70, al lado de Ethel Rojo y Nélida Lobato, con capocómicos como Fidel Pintos, Alberto Olmedo y Jorge Porcel. Filmar La mafia (1972) junto a Alfredo Alcón le valió obtener un premio como actor de reparto y la amistad del gran intérprete. Y entre tantos nombres aparecen, ya en la década del 80, experiencias como Hoy ensayo hoy o Mujeres del tiempo aquel, donde compartió el escenario del Teatro de la Ribera con Tania, Jorge Barreiro, María Concepción César, Irma Córdoba, Santiago Gómez Cou, Lydia Lamaison, Elena Lucena, Iris Marga, Osvaldo Miranda, Sabina Olmos, Margarita Padín y Juan Carlos Thorry. Un verdadero seleccionado de artistas más que representativos del quehacer teatral nacional.
La televisión fue otro de los ejes de su carrera y donde también la diversidad de proyectos lo mostró en múltiples facetas. El amor tiene cara de mujer, Viernes de Pacheco, Teatro como en el teatro, Malevo, Los hijos de López, Teatro de humor, La peluquería de Don Mateo, El tío Porcel, Una voz en el teléfono, Sin condena, Gasoleros, son algunos de los muchos títulos en los que participó. En cierta oportunidad su madre le comentó que estaba cansada de que la gente le preguntara si era la madre de Miguel Jordán.
En los últimos años, el actor formó parte de uno de los éxitos más importantes del teatro independiente: Tierra del fuego, de Mario Diament. Por su trabajo obtuvo los premios Florencio Sánchez y María Guerrero.
"El teatro es sanador y me hace mucho bien. Lo que me hace feliz es estar arriba del escenario", expresa el intérprete, con mucho convencimiento. Y como no puede estar al margen de las tablas es que el año pasado decidió encarar el proyecto de montar Las heridas del viento, un material muy particular que en España no solo tuvo su montaje en el teatro Lara de Madrid, sino que el mismo autor lo dirigió en una versión cinematográfica que se estrenó en enero de este año.
"Tenía muchas ganas de encarar un nuevo trabajo y que me dirigiera un director joven -comenta Jordán-. Vi algunas cosas de Gastón Marioni y me gustaron mucho. A él le interesó el texto y empezamos a trabajar. Debutamos el 6 de enero en el Auditorium de Mar del Plata. La obra fue muy bien recibida por el público. Siempre digo que lo único que no se ensaya en el teatro es el público. Nadie le dice: 'Parate, aplaudí y gritá bravo'. Después de la temporada decidimos traer la pieza a Buenos Aires. La historia es muy bella. Habla del amor. El autor dice: 'Amar no es más que las ganas de amar'. También de la soledad, a la que hay que vivir con alegría, porque la vida es bella. Mi personaje es un hombre solo que espera recibir ese amor que en algún momento esperó que llegue. Y logra que el viento borre sus heridas. La obra tiene momentos muy simpáticos, divertidos y un final muy inquietante. Hacía mucho tiempo que no tenía en mi poder un texto tan bello. Dice cosas sencillas, simples, que llegan al corazón". "En estos 60 años de trayectoria -dice Jordán-, siento que he tenido una vida maravillosa. No todo fue color de rosa, claro. Pero tuve mucha suerte en mi profesión. A partir de la bendición de mis padres obtuve mucha seguridad. Siempre entendí que cada día tenía que estar mejor. Estudiar y aprender. Nunca me imaginé que pudiera alcanzar tantos logros".






