Mike Patton: "¿Quién dice que soy un genio?"

Antes de presentarse nuevamente con su banda, el líder de Faith No More llega al país con uno de sus proyectos más ambiciosos: Mondo Cane; acá nos cuenta cómo llegó a querer versionar oldies italianos acompañado por una orquesta
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5 de septiembre de 2011  • 17:32

Su versatilidad no tiene límites. Su capacidad prolífica tampoco. Si intentáramos encarar la arriesgada empresa de enumerar los proyectos y aventuras musicales -y no tanto- en los que Mike Patton se vio involucrado, se nos entumecerían las manos. Porque Faith No More, Mr Bungle, Fantômas, sí, pero también decenas y decenas de iniciativas paralelas, Tomahawk, Peeping Tom, Lovage (ustedes sigan), infinitas colaboraciones y producciones discográficas, trabajos en soundtracks, en doblajes y caracterizaciones de personajes de videos juegos, la dirección de su propio sello, Ipecac Recordings y... Nos tenemos que obligar a parar. Es Mike Patton, Il Matto, El Loco en el sentido místico de la simbología arcana, el espíritu indómito que traduce su intrepidez en constante experimentación. El tipo no descansa. Y, lo sabemos, es un transmutador; dueño de una de las voces más elásticas, es capaz de adaptar sus cuerdas a piacere, arrastrarlas con soltura desde la sensualidad encantadora del crooner hacia la agresividad temeraria de los poseídos por el demonio.

Menos de dos meses antes de su regreso a la Argentina con Faith No More, Patton llega con uno de sus delirios más ambiciosos: Mondo Cane. En 2007, después de que su residencia en Italia (estuvo casado con una artista tana) provocara un interés apasionado por los representantes de la Era Dorada de la canzoni italiane de los 50 y 60, se apropió de una serie de temas pertenecientes a aquellos iconos de la música popular de la península (Fred Bongusto, Ennio Morricone, Fred Buscaglione, Mina...) y los empezó a interpretar en vivo con una orquesta conformada por más de 65 músicos. La edición del primer disco y el inicio de la gira mundial, lo trae a presentarlo los días 17 y 18 de septiembre en el Teatro Coliseo -"Me voy a alquilar un departamento para transformarme en porteño (sic)", tiró-. Desde su casa en San Francisco, nos cuenta los detalles de esta aventura, explica por qué no habla sobre FNM y se pregunta y se responde a sí mismo: "¿Quién dice que soy un genio? La gente que lo sostiene está completamente loca". Sí, claro.

¿Cómo comenzó tu interés por la música italiana de los 50 y 60 y cómo se tradujo en Mondo Cane?

Cuando viví en Italia quise indagar en la música local y así me interesé en las bandas del pueblo donde vivía, en Bolonia: cada vez me fui metiendo más profundamente en la historia de su sonido y terminé enamorado de los representantes de la Era Dorada. Mondo Cane empezó como muchos de mis proyectos y aventuras: como una fantasía. Pensé que quizás era una idea interesante para realizar eventualmente, si en algún momento tuviera la oportunidad. Y soñé con hacerlo acompañado por una orquesta para poder incursionar en un vocabulario musical diferente. Mantuve esa idea guardada en alguna parte de mi cerebro y muchos años después me encontré con la oportunidad de trabajar con una orquesta en un festival organizado por un amigo en Bolonia. Tuve básicamente una invitación abierta. Les propuse varios proyectos, entre ellos estaba la posibilidad de escribir nuevas piezas pero mi amigo reaccionó de manera muy positiva hacia la idea de llevar a cabo Mondo Cane. Así que me topé con esta chance y… ahí empezó el trabajo real.

¿Cómo seleccionaste el tracklist?

Después de muchas horas y horas de hablar con amigos y escuchar mucha música, elegí unos cien temas que fuimos filtrando hasta que fueron 75 y luego 50, quedándonos con los más importantes y los que yo consideré representativos de la variedad de las piezas, para que cada una tuviera un sentido particular dentro de un posible disco.

A pesar de que tu reinterpretación de los temas es muy personal, ¿indagaste en las historias y estilos particulares de los cantantes antes de llevar a cabo esa modificación?

No me interesé mucho en las historias personales y en los estilos, sí me centré en la forma en que cada una de esas canciones me interpelaba a mí como performer, y de qué manera podía yo realizar un arreglo personal, una apropiación respetuosa y a la vez arriesgada de esas piezas que de alguna manera eran intocables. Fue una tarea difícil, la de manipular y transformar algo que ya es básicamente perfecto. Entonces me dije "si no puedo mejorarlo, entonces debo hacerlo diferente". Espero haberlo logrado.

¿Fue complicado encarar una gira con un proyecto de estas características?

En realidad giramos con una orquesta de 12 a 14 miembros y luego la completamos con músicos locales, lo que hace las cosas más complicadas aún porque nunca sabemos cómo saldrá cada presentación. Llegamos a cada lugar y tenemos que ensayar un par de días con gente nueva: así va a funcionar también en la Argentina. Lo que me emociona de llevar este show a una ciudad como Buenos Aires es que ahí está lleno de italiani, je.

Enmarcado en un contexto histórico en el que muchos músicos incursionan en nuevas tecnologías, hacen discos enteros con sus iPads, por ejemplo, Mondo Cane se percibe anacrónico: ¿hay una voluntad de marcar una distancia con respecto a aquellas iniciativas?

No, no. Soy fan de cualquier método para hacer música en cualquier formato. No creo que sea necesario excluir ninguna de las formas: creo que la música debe y puede ser creada artesanalmente, con las manos, por computadoras o incluso por alienígenas; siempre será hermosa. Encarar un proyecto de estas características, con una orquesta de más de sesenta personas sobre el escenario, responde a una necesidad personal. Para mí fue y es una oportunidad de aprendizaje invaluable: poder identificar cómo los arreglos se conjugan de una manera tan compleja y a la vez dinámica.

¿Con qué seguís?

Después de Mondo Cane trabajaré con otros dos proyectos: estoy preparando un disco nuevo con Tomahawk y dando los últimos toques a Nevermen que es básicamente una banda conformada por tres vocalistas, Tunde Adebimpe de TV On The Radio, Adam "Doseone" Drucker de Subtle y yo.

Y sólo dos meses después volvés a Sudamérica con Faith No More, ¿por qué dicen que no querés hablar del tema?

No es que no quiera hablar sobre FNM sino que básicamente no tengo mucho para decir. Estamos muy contentos de estar llevando a cabo estos shows de regreso: la sensación de volver a estar juntos es genial pero estamos intentando focalizarnos en ella y dedicarnos a disfrutar del ritual de tocar en compañía nuevamente. No pensar en nuevos discos ni nuevas grabaciones, simplemente en entregarnos al placer de la reunión.

Por Yamila Trautman

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