Molière es el anfitrión
"Anfitrión", de Moliére. Versión libre y dirección: Guillermo Cacace. Intérpretes: Mauro Alchuler, David Masajnik, Graciana Urbani, Marcela Guerty, Alejandro Canuch y Gabriel Schapiro. Acróbatas y malabaristas: Pablo Raffo, Laura López, Charlie Page, Itatí Xammar. Asesoramiento coreográfico: Gustavo Corso. Escenografía y vestuario: Verónica Segal. Máscaras: Lina Boselli. Música original: César Lerner. En el Arlequines. Nuestra opinión: muy bueno
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"El anfitrión" es una comedia atípica dentro de la producción de Moliére y a la vez, junto con "George Dandin" y "El avaro", forma parte de una trilogía, escrita en 1668, que es considerada muy importante por varios investigadores.
Se trata de una obra que está muy influenciada por "Anfitrión", de Plauto, y en la que el francés se sirve de la mitología, también, para criticar seguramente a su rey Luis XIV, muy afecto, según dicen, a compartir la cama con las mujeres de los marqueses que formaban parte de su corte.
El texto tiene versos de métrica muy dispar -algo raro en el autor-, muchos más enredos que los acostumbrados y ese juego entre lo divino y lo real le aporta, además, una mezcla de estilos muy particular, porque conviven, sin molestar, lo realista, lo cómico y lo lírico.
El argumento es bastante intrincado. Júpiter decide convertirse en Anfitrión, aprovechando que éste está fuera de la ciudad. Y su criado Mercurio toma el rol de Sosías, el criado de Anfitrión. Júpiter se acuesta con Alcmena, la mujer del dueño de casa y así comienza a entramarse, hasta el delirio, un juego de relaciones que por momentos parece imposible definir. Finalmente todo se aclara; aunque Júpiter, ahora apareciendo con sus atributos olímpicos, destacará que Alcmena espera un hijo suyo, un semidiós, Hércules.
La versión
El director Guillermo Cacace cruza las piezas de Plauto y Moliére y denomina su versión simplemente "Anfitrión". Respeta el argumento del comediógrafo francés, al que le agrega cierta transgresión de Plauto, o mejor dicho, enfatiza determinada convicción que establece que debe sentirse honrado el mortal que tiene una mujer que se acuesta con un dios. De ahí en más, Cacace se aprovecha de la mezcla estilística que propone Moliére y concibe un espectáculo de una gran vitalidad.
En el trabajo que se ofrece en el Arlequines aparecen todas las técnicas populares de representación: el clown, el mimo, la comedia del arte -con sus consecuentes máscaras-, el circo y la narración oral. Todas ellas confluyen hacia una síntesis espectacular que cautiva al público y por momentos lo hace disfrutar de situaciones delirantes.
El elenco en general es muy homogéneo: actúan, hacen malabares, tocan instrumentos musicales y es indudable que se divierten muchísimo haciendo lo que hacen, porque eso llega continuamente a la platea.
Demuestra mucha investigación la relación entre Mercurio y Sosías, el enfoque ingenuo de Alcmena, la tierna torpeza de Cleantis y esa doble personalidad entre Júpiter y Anfitrión. Cada uno es, por momentos, la verdadera mitad del otro.
También es muy intenso el trabajo de la escenógrafa y vestuarista Verónica Segal al convertir a esos actores en verdaderos cómicos populares y ese espacio en un teatro de feria; así como la música original de César Lerner, que continuamente afirma la acción.
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