
Hip-hop, escándalos, puteadas, dos baterías, pawer latino, chicas desnudas, spanglish...y dos millones de discos vendidos.
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Todavía no atardece en el festival de colonia, alemania. Envueltos en el sonido de las bandas que se turnan sobre el escenario, miles de jóvenes germanos están tirados en el pasto, conversan; caminan indolentemente en busca de amigos, de una mejor ubicación. Una bucólica ¿aburrida? postal de rock & roll. De repente, el clima cambia.
Acaba de tocar un grupo hardcore-hip-hop de insólita procedencia: México. Y nada vuelve a ser igual. La multitud se agita y repite, como un mantra, cierta palabra corta. La han aprendido escasos minutos antes, después de la última canción del set de Miki Huidobro, Tito Fuentes, Paco Ayala y Randy Gringo Loco Ebright, cuatro tipos definitivamente raros que dicen llamarse Molotov. El artista al que le toca aparecer ahora en escena es el por entonces super hot Marilyn Manson. La estrella se demora y los alemanes encuentran lo que para ellos resulta una exótica forma de reclamar por su presencia: "¡Puto! ¡Puto! ¡Puto!", gritan a Manson, cada vez más fuerte, y no tienen idea de lo que están diciendo.
Los integrantes de Molotov se divierten contando ésta y otras experiencias por el estilo, casi todas vividas en lugares más bien extraños para el rock latino, inclusive para bandas grandes e históricas como Los Fabulosos Cadillacs y Café Tacuba. Hace poco, por ejemplo, tocaron en Rusia…
Tito Fuentes: Siempre es simpático mostrar tu música tal cual es, ver cómo funciona en un lugar como Moscú… En Europa, el primer país que nos abrió la puerta fue España, y luego nació un gran interés del mercado de Alemania y de otros países que hablan alemán, como Suiza o Austria. También nos conocen un poquito en Holanda. Hemos estado yendo y viniendo, y parece que somos una especie de grupo kitsch para la Comunidad Europea... (risas). Es gente que conoce mucho de música, que ve bandas a diario, desde los Rolling Stones hasta u2. Y, de repente, les cae una banda mexicana con la misma producción, en el mismo escenario, las mismas luces que los grupos grandes. Y bueno, pues entonces no hay truco posible. Ahí lo que funciona es la música y lo que tú haces en escena. Para nosotros es fantástico tocar con Marilyn Manson, con Metallica o con r.e.m. Y, no sé, un grito como "¡Puto!", bueno... Es un grito reconocido de fiesta, de pachanga, de referencia al cobarde. Marilyn Manson no quería salir a tocar porque el sistema de monitoreo le venía fallando desde Munich, y entonces la gente le agarró la onda a la canción… y le empezó a gritar "¡Puto!", para que apareciera.
Paco Ayala: Yo no creo que la gente nos vea como una banda kitsch, porque la propuesta no es kitsch y el sonido no tiene nada que ver con ese estereotipo. Yo creo que, más bien, lo que la gente ve es una propuesta de música latinoamericana. Hay muchas bandas que ya tienen un sonido que puede competir con grupos de Europa o de los Estados Unidos. Eso, quizá, despierta el asombro de mucha gente: que haya una banda de México que llega hasta allá y tiene un buen rollo... Nuestros videos sí son ultra-kitsch. Es raro, porque no entienden exactamente lo que decimos pero saben de qué hablamos: cosas como "gimme the power" o "puto" son universales. Aun así, es una lástima que no entiendan bien el doble sentido…
El grito de "¡Puto! ¡Puto! ¡Puto!" también puede escucharse hasta el cansancio al ingresar en la página oficial de la banda molotov . Pero si elegís la opción "para mujeres", el efecto es más fuerte aún: las vocecitas en la computadora te dicen "¡Puta! ¡Puta! ¡Puta!". Estos tres mexicanos y un norteamericano encontraron una provocativa manera de hacerse notar. Pero también es cierto que Molotov es una de las bandas más poderosas de América latina, y el título que no le queda grande si se tiene en cuenta su explosiva combinación de rock duro y rapeo incisivo, sostenida sobre una potentísima base de dos bajos y batería (hay apenas una guitarra, pero también suena de los mil demonios). En escena, los cuatro músicos cantan-rapean, se encargan alternativamente de la voz líder y pasan de un instrumento a otro con absoluta naturalidad. En ese marco, y con un volumen brutal, el show adquiere una intensidad pocas veces vista. Ese desafío sonoro tiene, aunque de manera no siempre afortunada, un correlato en las letras. "Puto" es el ejemplo más claro. Más allá del dudoso gusto, el tema posee una contundencia única y provoca una explosión en el público alemán, ruso, japonés, chileno, mexicano, gringo , argentino cuando los músicos gritan: "Matarile al maricón" y "¿Qué quiere ese hijo de puta? Quiere llorar, quiere llorar".
Obvio: alguien iba a sentirse ofendido. En 1997, cuando su disco debut fue publicado en nuestro país, la Comunidad Homosexual Argentina (cha) exigió una aclaración. "Es una forma de agitar a los que no tienen agallas, a los cobardes, a los que no se animan", repitieron los Molotov. "En México, la palabra puto se utiliza para definir a los flojos y no tiene nada que ver con los gays; no está en nuestro ánimo ofender o discriminar a nadie", se disculparon en medio del lógico revuelo. En España, donde el grupo colocó más de un millón de copias de su disco debut, la controversia llegó a los tribunales. En octubre de 1998, la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña presentó una denuncia contra Molotov por "incitar al asesinato de homosexuales", fundamentada en el artículo 510 del Código Penal, que castiga con penas de entre uno y tres años de prisión a "los que provocaren a la discriminación, al odio o a la violencia contra grupos o asociaciones, por motivos referentes a la ideología, religión o creencias, situación familiar, su origen nacional, su sexo, orientación sexual o enfermedad y minusvalía". La presentación se sucedió a una denuncia del Colectivo Gais i Lesbianes de Esquerra Republicana de Catalunya (erc). El tour que los había llevado a España, se llamaba, justamente, Puto. Las remeras de la crew de aquella gira lo atestiguaban: en el pecho, en letras amarillas sobre fondo negro, se leía molotov; en la espalda, en el mismo tamaño, la bendita (mala) palabra. Por lo que se sabe, la denuncia no prosperó.
Molotov salió del anonimato después de ha- ber ganado un concurso para nuevas bandas organizado por Coca-Cola. El premio de 15 mil dólares le permitió acceder a su primera grabación profesional. Un casete con aquellas primeras canciones llegó al estudio-oficina de Gustavo Santaolalla en Los Angeles, justo cuando el argentino estaba a punto de concretar la idea de Surco, su propio sello discográfico. El José Pekerman del rock latino lo escuchó con atención. De ahí en más todo fue para arriba.
Su disco debut, ¿Dónde jugarán las niñas?, se tomó en solfa el título de un disco de Maná (¿Dónde jugarán los niños? se preguntaban, ecológicos, sus compatriotas). Desde sus inicios, Molotov no apostó a la sobriedad: la tapa llevaba la imagen de una adolescente vestida de colegiala, tirada en el asiento trasero de un auto, con la bombachita baja. Por supuesto que, en México, semejante osadía trajo intentos de censura, denuncias de ofendidísimas asociaciones de protección de la moral y buenas costumbres, editoriales en los diarios y, consecuentemente, una ¿inesperada? cam- paña gratuita de promoción. A eso contribuyeron los mismos protagonistas, que salieron a ofrecer el álbum por las calles del df cuando las disquerías se negaban a venderlo. El efecto-intento de prohibición no hubiera resultado tan provechoso si no fuera por un par de canciones infalibles, como "Voto latino", "Gimme tha Power" (que recupera el viejo estribillo "El pueblo unido, jamás será vencido") y la explosiva "Que no te haga el bobo, Jacobo", dedicada a Jacobo Zabludosky, conductor de 24 horas, el noticiero central del imperio mediático Televisa.
Desde entonces, el grupo ha vendido más de dos millones de copias en América latina, los Estados Unidos, Europa y Japón. Y aunque Apocalypshit su segundo álbum, de 1999 no tuvo el suceso del anterior, en los últimos tres años Molotov ganó premios mtv, fue nominado al Grammy en la nueva categoría "rock alternativo latino", y realizó una gira mundial con un promedio de cinco conciertos por semana ("el año pasado sólo estuvimos cuarenta y cuatro días en México", reseña Paco).
Molotov trabajó con dos de los productores más importantes del momento en el rock americano: Gustavo Santaolalla (tras las perillas en ¿Dónde jugarán las niñas?); y Mario Caldato Jr., el mismo de los Beastie Boys (en Apocalipshit). Ahora, el cuarteto se prepara para invadir el mercado angloparlante con un disco de versiones en inglés de sus canciones más populares. El álbum aparecerá a principios de 2001, y será un anticipo del tercer trabajo que, calcula Miki, será editado en todo el continente a mediados del año próximo. Mientras tanto, por estos días Molotov encabeza la segunda edición del Watcha Tour, la gira de grupos latinos por los Estados Unidos que intenta ganarse un lugar en las preferencias del público rocker norteamericano.
Ante tantas expectativas, los cuatro tipos audaces se toman su trabajo con calma. Y disfrutan, como y cuando pueden, de los viajes. Desde la primera gira de promoción, han venido regularmente a Buenos Aires y ya se sienten en confianza. Por cierto poco originales, hablan maravillas de las mujeres argentinas y elogian nuestra comida y locura por el fútbol. Les gusta que, en la Argentina, los conductores de radio "discutan de rock" y "que haya suplementos de diarios dedicados al rock". "Eso en México no pasa", se lamentan.
La llegaron. ¿cuál es la fórmula para mantenerse?
Paco: Creo que es importante que no se pierda el sentido inicial de una banda, que es hacer música por desahogo o por pasión. Es totalmente inesperado, y a la vez te da gusto, que te digan que tu disco suena en Israel o en lugares donde prácticamente no tienes idea de cómo es el movimiento musical de ese país. No te imaginas, realmente, cómo puede ser que el disco entre... Así como es algo que satisface y te da la opción de hacer más, de seguir buscando espacios, también es algo que tienes ahí como reconocimiento. Pero no hace que dependas de eso. Lo que vale es no perder la esencia.
Miki Huidobro: Buscamos dejar un poquito de lado todo ese rollo, ver cuántos discos hemos vendido o cuántos premios hemos ganado. Eso alimenta el ego y a veces, te vas de la realidad. Y dejas de disfrutar realmente. Ni siquiera nos tomamos la molestia de averiguar cómo vende este u otro disco...
Paco: Además, una de las cosas buenas que tiene México al ser una ciudad inmensa es que, aunque te reconozcan en la esquina o en un taxi como en otros países, también llegas a tu casa, que es donde puedes llegar a almacenar todo tu ego y sentirte una gran estrella... (risas), y nadie voltea a verte, a nadie le importa quién eres y tienes que formarte en la cola del banco como cualquiera. En México pasan tantas cosas, pasa tanta gente, que de alguna manera es cómodo. Aterrizas y ves que es el mismo espacio. Que no eres nadie.
¿Tienen compulsión por el escándalo? ¿Cada cosa que hagan debe provocar de alguna manera?
Paco: Está mal encasillarnos; somos cuatro gentes diferentes y tenemos puntos de opinión muy diferentes. Y a veces en alguna canción queremos hablar de algo, pero incluso entre nosotros somos contradictorios. Se respeta la letra y la música de una persona, aunque no estés de acuerdo. Por ahí, en general, somos un grupo que no sólo habla de cuestiones sociales y políticas; también hablamos de mujeres, de dinero, de fútbol.
Tito: Cada quien tiene su opinión. Y cada canción es como un desahogo de algo que llevas dentro, ya sea por lo que viste o lo que no viste en un medio de comunicación, o en la calle, y ya la gente te coloca en un cierto eslogan.
Paco: A la gente que simpatiza con la banda por el humor, por el sarcasmo, por los chistes, también le caga el gobierno. Es una cuestión que está en el aire. Nosotros venimos a hablar de cosas que nos pasan, que son reales, y tratamos de ser lo más honestos que podemos. La gente se identifica con eso.
¿Y no hay otros temas de qué hablar?
Miki: Hay muchas bandas que hablan de otros temas, entonces, ¿por qué caer en el estándar de tener la misma temática de "Te extraño y ojalá que llegues pronto"? (Risas.) Para eso hay buenos exponentes, músicos que saben hacer eso. A nosotros se nos da más otra cosa.
A otra cosa es, en molotov básico, cagarse en todo, blasfemar a diestro y siniestro, utilizar la palabra chingada cuantas veces se pueda [la página del grupo en Internet prueba que esto es cierto], gritar en contra del gobierno mexicano, exhibir cierta ideología revolucionaria y retratar, desde su lenguaje imperativo y cargado de localismos, toda una serie de personajes emblemáticos del ser mexicano. Y todo a la sombra del Big Brother que acompañó el largo reinado del pri [partido hoy en retirada después de 71 años en el poder]: la televisión, Televisa, "el carnal de las estrellas".
Tito: El canal de videos de Televisa nos apoya y somos bien recibidos, aunque le tiremos mierda al noticiero o a un güey de esos que fabrican artistas plásticos...
Miki: Televisa es una empresa que nunca apoyó al rock & roll. Lo primero que te piden para salir en un programa masivo es que hagas play-back, y eso no nos interesa.
Paco: Es con esa televisión con lo que creces. Alguna vez, en los Estados Unidos, nos han preguntado por qué no hemos salido nunca en Siempre en domingo [tradicional programa ómnibus de Televisa]. Ahí aparecen los artistas más famosos de México y pienso que es una mala noticia que tengan esa referencia de nuestro país.
¿Cómo se puede evitar eso? ¿Ustedes encontraron la fórmula?
Miki: Más bien; la gente que se sabe informar ya ni siquiera prende la televisión ni compra revistas de ese grupo. La promoción de ese tipo de programas trata de identificar a la gente con un personaje bonito, o trata de darle mucha credibilidad a un señor que se ve bastante bien...
Tito: El nuestro es un país de una cultura masiva terrible, porque existe Thalía, una mierda de plástico, y todo el mundo va a verla... Es una cultura musical bastante nefasta; hacen como si eso fuera una realidad, y toda la gente se la cree.
En una sociedad como la mexicana, todavía poco acostumbrada a la transgresión rockera, Molotov resultó una... bomba. En su país, hablar mal de Thalía es una herejía casi tan grave como quejarse del influjo de la Iglesia Católica. Pero a Molotov parece que nada lo asusta. Y dice, por ejemplo: "En México la gente es súper mocha", término que, traducido al porteño, significa chupacirios.
La última jugada del grupo también apostó al escándalo. En el videoclip de "Rastaman-dita" puede verse a los cuatro muchachos de Molotov acompañados por varias mujeres hermosas y desnudas, bailando-chapoteando bajo una lluvia de leche.
Miki: Si escuchas la canción, es mucho más fuerte que el video. Tiene una intención mucho más misógina.
"Rastaman-dita" dice: "Estás en tu casa tan triste y tan sola/ nada que hacer y estás picándote la cola./ Yo te recomiendo para tu calentura/ que vayas a la tienda por un bote de pintura./ Consigas el mango de un hacha/ luego te la ensartes en la cucaracha". Miki tiene razón.
Existe una versión alternativa del clip, con florcitas y demás parches visuales, que mtv emite antes de las 22 y que Tele-Hit, el canal de videos de Televisa, también pasa cada tanto.
Paco: Es una canción para una mujer insatisfecha, pero es sarcástica, burlona. Lo mismo pasó con "Puto": la canción no es para ellos, y sin embargo se ofendieron.
Miki: La reacción ha sido buena por parte de la gente y muy mala por parte de los medios. Dicen que "Rastaman-dita" es machista, pornográfico. Usan cualquier adjetivo denigrante para hablar de la banda. Es erróneo, porque no entendieron la burla de la canción. Resulta que te desahogas de una situación que pasaste, la alteras para generar una historia, la gente entra en ese mundo y cae, y luego encima te dicen que eres un misógino-machista... Es cómico, no entendieron nada de lo que queremos decir. En el disco hay canciones así: "Si crees que soy hijo del diablo pues te voy a hacer una canción que diga que lo soy, que le vendí mi alma al diablo".
Paco: Salirnos con la nuestra es lo que más les caga. Que nosotros hagamos lo que queremos y que nos vaya bien es lo que más les molesta.
Miki: Es como esa canción de Janes Addiction, que dice que tiene más poder que los padres de los chicos que los escuchan; que a veces los hijos les hacen más caso a las bandas de rock que a un maestro o un familiar. Es por ahí donde nosotros nos burlamos, regresándoles el favorcito...
Paco: La Asociación de Padres de Familia de México nos tiró súper mierda... Nos colocó en el segundo lugar dentro de los más peligrosos enemigos públicos para la sociedad, detrás del condón... (risas).
Tito: Esa gente nunca fue a un concierto ni ha escuchado un disco nuestro. Nada más que porque viene con el apoyo de las "Damas de la Vela Perpetua", se suman a las protestas.
Randy Ebright: Hay otra asociación... ¿Cómo se llama? Ah, sí... La Asociación de Madres Ociosas, que inventaron cualquier cosa: por ejemplo que en nuestros conciertos orinábamos en cubetas y echábamos orín a nuestro público. Me sentí Ozzy Osbourne.




