
Mucha cáscara, poco punk
Recital del grupo californiano The Offspring, integrado por Dexter Holland en voz y guitarra, Noodles en guitarra, Ron Welty en batería y Greg K en bajo. En el estadio Luna Park. Grupos soportes: StukPil y The Vandals. Nuestra opinión: regular.
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Pasaron dos años desde la primera presentación de Offspring en la Argentina. Dos años y dos discos, pero pocas diferencias musicales. La banda se sigue apoyando en una combinación, eficaz pero reiterada, de melodías pop sobre una base enérgica, con la voz de Holland que juega a irse a los extremos y la guitarra de Noodles (lo más interesante en cuanto a lo musical) que tanto puede ser una implacable rítmica como descolgarse con riffs personales que combinan su gusto por el metal y por el punk rock.
Pero, por sobre todo, prevalecen esas melodías pegadizas y energéticas con las que Offspring ha conseguido, en nuestro país, un público mayoritariamente adolescente. Tanto es así que la presidenta de uno de los fans clubs tiene doce años y hasta la revista Chiquititas pidió entrevista con la banda.
Parece que el grupo, de todas maneras, necesitó dejar en claro que lo de ellos es otra cosa que música pensada para adolescentes. Bien en claro: antes del tema "Cool to Hate" -de su disco anterior "Ixnay on the Hombre"-, colocaron en el escenario cinco siluetas que representaban a los Backstreet Boys y, mientras sonaban unos acordes del quinteto masculino, el cantante Dexter Holland se ocupó de destruir los muñecos provisto de un bate de béisbol.
La ocurrencia fue festejada por el público argentino que le otorga desde el vamos un ciego crédito de actitud a la banda. El mismo público que, en cambio, suele ponerse mucho más exigente ante el éxito de los grupos locales: Attaque 77 debió pagar caro y durante años el repentino suceso que tuvo, a principios de esta década. Y sin haber vendido los millones y millones que sí vendió Offspring.
Con respecto a aquella otra actuación, les jugó esta vez a favor el sonido. Porque aunque el Luna Park no se caracteriza por tener la mejor acústica de la ciudad, es mucho mejor que la del Autopista Center, donde debieron tocar cuando una reprogramación de partidos de fútbol impidió usar el previsto escenario de Vélez.
Escenografía a la americana
La banda también pudo darse otros gustos. Tal como Noodles le comentó a La Nación , el pase de un sello independiente a uno de los grandes les permite ahora darse unos cuantos lujos. Como el gran telón de fondo que reproducía la tapa de "Americana", su último disco, o la aparición, en un brevísimo intervalo, de varios personajes circenses, mientras papelitos de colores y cientos de pompas de jabón caían sobre el público.
Sus seguidores ya conocen bien muchos de los temas del nuevo disco. Especialmente "Pretty Fly (For A White Guy)", un himno de orgullo blanco que se burla de los que copian en música y gestos al rap negro, y que incluyó a otro integrante de la troupe haciendo la parodia de la historia.
Pero el punto de mayor entusiasmo lo consiguieron con los exitazos de su tercer disco "Smash". "Gotta Get Away", "Come Out & Play" y "Self Esteem" fueron coreados por todos, felices de escuchar, tal cual, los temas que vienen tocando hace cinco años ("en la repetición está el gusto", parecería ser la máxima que prevalecía). Sobre todo el último de los mencionados, cuando toda la audiencia se había refrescado gracias al agua que les tiraron desde el escenario mediante una manguera de bombero.
Eligieron, para finalizar la escasa hora y media, "Feelings", el tema del brasileño Albert Morris, en el que la banda cambia los sentimientos de amor por los de odio. Un cierre que estuvo a tono con el resto de un show que no ahorró energías, pero en el que faltaron innovación y riesgo. Bien lo define la guía Trouser -biblia de la escena alternativa norteamericana- al referirse a la trilogía punk de los años 90 compuesta por Green Day, Rancid y Offspring. En una comparación con los sesenta, los primeros serían los Beatles; los segundos, los Stones, y Offspring, los Herman Hermit´s. Un palazo .

