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Muse traspasó las fronteras británicas en 2006 gracias al multivendedor Black Holes and Revelations. Ya sin la pesada carga de ser uno de los tantos "clones de Radiohead", con perfil bajo y una demoledora performance en vivo, reventaron el estadio de Wembley. En su quinto trabajo, Matthew Bellamy llevó sus delirios de grandeza (progresiva) a su punto máximo. The Resistance es un viaje por las obsesiones del cantante y guitarrista (el amor, la asfixiante sociedad moderna, las teorías conspirativas, las invasiones espaciales), que craneó una obra de cámara con pulso de rock. Más ambicioso, extravagante y pretencioso que su predecesor, el álbum es una dramática colección de canciones impregnadas de espíritu sinfónico en las que conviven el glam rock ("Uprising"), Queen ("Unnatural Selection", "United States of Eurasia", con pasajes adaptados del "Nocturno Nº 9" de Frédéric Chopin) y las ambiciones orquestales salidas de la mente de Bellamy, que se despacha hacia el final con una apoteótica suite de tres movimientos ("Exogenesis: Symphony"). Quizás el único pecado de The Resistance sea la debilidad del trío por la épica: aquí los bordes de la canción se esfuman y, en su exageración, Matthew pareciera por momentos cantar desde el bronce con su espada en alto. The Resistance es un disco complejo, rico, profundo, denso y musicalmente devastador. Y allí, en la grandilocuencia del exceso, Muse encuentra su razón de ser.




