
A los 54 años, murió ayer Robert Palmer
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LONDRES (EFE).- Un ataque cardíaco puso fin ayer a la vida de Robert Palmer, que a los 54 años deja un envidiable repertorio de éxitos. Su muerte en París, donde se detuvo por dos días a la vuelta de un viaje a Gran Bretaña, fue también fiel reflejo de la existencia errante de Palmer hasta que, hace dieciséis años, se estableció en Suiza.
Nacido en Gran Bretaña el 19 de enero de 1949, la futura estrella supo desde niño lo que era cambiar de país pues de los 3 a los 9 años vivió en Malta a causa del traslado de su padre, diplomático de carrera. A su vuelta a Inglaterra estudió arte y con 15 años entró en su primer grupo, The Mandrakes. A los 19 años fue vocalista de varios grupos, como Alan Bow Sep, Da Da y Vinegar Joe. Pero el éxito no lo esperaba en su tierra natal.
En 1974, Palmer conoció a Chris Blackwell, del sello Island, que lo envió a Nueva Orleáns a grabar su primer disco solista "Sneakin´ Sally Throu the Alley". A partir de ahí y establecido en Nueva York, su carrera, comenzada a ritmo funk, empieza una travesía por estilos musicales como ska, reggae, calypso, rhythm & blues, la música nigeriana y el hard funk. Esa heterogénea mezcla, unificada por la voz profunda del cantante quedó patente en los discos "Pressure drop" (1975), "Some People Can Do What They Like" (1976), "Double Fun" (1978), "Secrets" (1979) y "Stargard" (1979). Esta última etapa coincidió con su residencia en Nassau (Bahamas), de 1976 a 1987.
Después de colaborar en 1979 con Talking Heads empezó su época dorada con una de sus cimas discográficas, "Clues" (1980). En 1983 lanzó "Pride" y un año después trabajó con John Taylor, bajista de Duran Duran, con quien formó Power Station y grabó "Some Like It Hot", otro de sus hits.
Después de dejar el grupo, en 1985 grabó el álbum "Riptide"y el videoclip "Addicted to Love". Al éxito del videoclip de "Addicted to love", se sumó, en 1988, el de "Simply Irresistible", cuya puesta en escena, con Palmer vestido como un dandy y rodeado de mujeres en bañador, le ganó críticas feministas, pero cumplió su objetivo: no pasó inadvertido y llegó al número dos en Estados Unidos.
En 1990, Robert Palmer fue coronado por la revista musical Rolling Stone como el cantante de rock mejor vestido de los años 80.


