
Adiós a un guitarrista "real"
Murió Ubaldo de Lío, protagonista, junto a Salgán, de lo mejor del tango
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Se fue Ubaldo de Lío, uno de los grandes guitarristas que ha dado el tango. Murió ayer. Hacía poco más de un mes había cumplido 83 años y tenía en su inventario musical un largo camino recorrido con el pianista Horacio Salgán, tanto en dúo como con el Quinteto Real.
De Lío construyó con Salgán (y gracias a la música de este pianista) una de las formas más originales, refinadas, frescas y vitales surgidas en el tango durante más de 100 años de historia.
Quizá la figura de Roberto Grela haya opacado al resto de los guitarristas. Pero Ubaldo de Lío fue uno de los mejores que ha dado el tango, aunque no haya sido solista. La respuesta, irrefutable, está en el hecho de que el dúo con Salgán, aun cuando la inventiva del gran pianista fuera irrepetible e incomparable, no habría sido lo mismo sin que este compañero de ruta supiera potenciar toda la creatividad de don Horacio, con una manera de tocar sin virtuosismo ni golpes de efecto.
De Lío fue siempre un artista de bajo perfil, tanto en lo profesional como en lo personal. De la minuciosa y enciclopédica tarea que Horacio Ferrer emprendió hace ya casi cincuenta años en torno al tango y a sus figuras se sabe que Ubaldo nació como Ubaldo Aquiles de Lío, el 11 de marzo de 1929, en Boedo, ese porteñísimo barrio donde Manzi veinte años después comenzó el recorrido de uno de sus tangos más emblemáticos.
Pero De Lío no era por esos años un tanguero al ciento por ciento. Ubaldo era músico, a secas, y lo fue toda la vida. Fue de esos intérpretes que se ganaron la vida con la música e hicieron un aporte, con los años de trabajo, para que la música, especialmente el tango, tuviera trascendencia. Era de esos guitarristas acompañantes sobresalientes que no quisieron emprender una carrera en solitario. De ahí que la mayoría de las publicaciones discográficas fueran en dúo o con conjuntos. Con guitarra eléctrica o española grabó con Salgán (por supuesto) con Ciríaco Ortiz (hace una década llegaron al CD registros hasta entonces inéditos que ambos realizaron entre 1962 y 1965), con Ernesto Baffa ( Dos al corazón ), con el cuarteto de Aníbal Troilo y con Cristina Banegas ( Tangos ).
De Lío tuvo una educación musical académica, pero la mayor formación la adquirió sobre los escenarios. Comenzó a trabajar siendo un adolescente y ya en su juventud era un músico establecido y con un nombre reconocido dentro de la escena local. Tocó folklore, jazz y música brasileña antes de establecerse definitivamente como una guitarra tanguera. Sus comienzos fueron con el conjunto América de José María de Hoyos, con la Tropilla de Huachi Pampa, con Hilario Cuadros y con José Luis Padula. También acompañó a Ignacio Corsini, Edmundo Rivero y Hugo del Carril.
A principios de los cincuenta formó un grupo junto a músicos de la talla de Lalo Schifrin y Hernán Oliva para abordar una propuesta jazzística, y hacia el final de esa década conoció a Horacio Salgán en el local nocturno Jamaica.
Aunque la historia sea conocida, hay que recordarla. En 1957 Salgán y De Lío crearon un dúo que se mantuvo en actividad continua durante 55 años. Y en 1960 debutaron con el Quinteto Real, con Rafael Ferro en contrabajo, Pedro Laurenz en bandoneón y Enrique Mario Francini en violín. Un grupo excepcional para una música excepcional, que siempre tuvo al dúo como base y que, a pesar del cambio de integrantes, siempre mantuvo su nivel de calidad y exquisitez.
Para alimentar la leyenda quedarán las anécdotas: el hecho de que Salgán y De Lío siempre se trataron de usted, a pesar de su larga amistad, o que, según se decía, el Quinteto Real no necesitaba ensayar para subir al escenario.
Se podría llegar a pensar -sobre todo aquellos que asistieron a los últimos ciclos de conciertos, hace ya casi diez años, en El Club del Vino- que todo aquello era cierto. El resto está para ser descubierto o redescubierto en la música del dúo o del quinteto, en cada disco.
Con la música en la sangre
Era una noche de sábado y de Encuentro a todo tango, en el Club del Vino. Pero no era una más; era especial porque Salgán y De Lío presentaban un nuevo disco (y, en rigor, el último de estudio de su carrera). Ubaldo había llegado unos minutos tarde y con un dedo ensangrentado, por un percance que había tenido con la puerta de su auto. Pero el show debía comenzar. Dolorido y todo, subió al escenario y cuando la curita no fue suficiente apeló a la ayuda de un pañuelo. Pero nunca se detuvo. Tocó con el oficio de todo buen músico y con esa energía de siempre para generar la química inigualable que lograban con Salgán en el Quinteto Real.




