
Adiós a una leyenda lírica
Murió a los 101 años Gina Cigna, la diva que estrenó "Aurora"
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Gina Cigna, la diva ítalo-francesa de los años 30, murió en un hospital de Milán a los 101 años, diez días después de haber sido trasladada allí por problemas cardiorrespiratorios, según informaron sus familiares a la agencia DPA.
La legendaria soprano Gina Cigna, nacida en París el 6 de marzo de 1900, también conocida con el nombre de Ginette Sens (estaba casada con el tenor francés Maurice Sens), que se perfilaba en el Conservatorio de París como candidata a desarrollar una carrera de virtuosa del piano, llegó a ser una temperamental figura de la ópera.
Su debut en La Scala de Milán se produjo encarnando el personaje de Freia en "El oro del Rhin", de Wagner, durante la temporada de 1927. Al poco tiempo comenzó a abordar personajes protagónicos del repertorio italiano gracias a que sus condiciones vocales eran de volumen excepcional, de gran extensión en el registro y de mórbido color. Esas virtudes llamaron la atención y disimularon su acentuado vibrato, una dicción poco clara y un fraseo algunas veces descuidado.
Su paso por el Colón
Rápidamente conquistó grandes escenarios. El primero de nivel superior fue el Teatro Colón de Buenos Aires, donde debutó en 1932, antes que en la Opera de París, el Covent Garden, de Londres y el Metropolitan de Nueva York, este último deslumbrado con su contratación a partir de 1936, imperiosamente necesitado de encontrar una figura que pudiera reemplazar a Rosa Ponselle.
En la temporada de su presentación porteña fue la protagonista de "Aida" -junto al tenor Giacomo Lauri Volpi, la mezzosoprano Luisa Bretana y el barítono Víctor Damián-, de "Tosca" y "Turandot", de Puccini; de "Francesca da Rimini", de Zandonai; "Loreley", de Catalani, "El zar Saltán", de Nicolai Rimsky-Korsakoff (versión en italiano) y de "Norma", de Bellini, con el tenor Francesco Merli.
El público argentino y al poco tiempo los de Londres y Nueva York dictaminaron que por su fuerte personalidad, el esplendor vocal de su canto y su alto grado de entrega se ubicaba entre las mejores sopranos del momento para el repertorio dramático, al punto de que Norma, Turandot y Gioconda fueron las heroínas que encarnó con mayor frecuencia.
Al Colón retornó en 1939, ya siendo una autentica luminaria y fue una memorable Turandot, según el testimonio de muchos viejos aficionados que aún hoy recuerdan su competencia canora con Lauri Volpi.
Había sido vibrante director de orquesta de aquella actuación en la obra de Puccini, Héctor Panizza, que además ofreció en esa misma temporada el estreno de su ópera "Aurora", con la Cigna como uno de los protagonistas
En 1947, ella sufrió un grave accidente en una ruta de Italia en el ómnibus que la transportaba a Vicenza para cantar "Tosca". Los golpes recibidos -incluso uno muy severo en las costillas-, no fueron motivo suficiente para dejar de cumplir con su compromiso de esa noche. Sin embargo, el esfuerzo y esa pasión incontenible por el teatro y el canto fueron igualmente tronchados esa noche porque durante la actuación se le presentó una deficiencia cardíaca que la obligó a retirarse para siempre de la escena. Un colega describió a la artista y al lamentable final de su carrera como "un torbellino al que Dios le puso freno".
Fue evidente que algo de razón tenía la anécdota porque la cantante, retirada de la actividad profesional en la plenitud, se dedicó a dictar clases de perfeccionamiento. Y en ese carácter retornó en su última visita a Buenos Aires, en 1981. Luego, su esplendorosa ancianidad, rodeada de la estima y el respeto de quienes la trataron, se prolongó durante décadas. Cigna fue un ejemplo de vida y de amor por la ópera.
MILAN.- Gina Cigna, la diva italo-francesa de los años "30, murió en un hospital de Milán a la edad de 101 años, diez días después de haber sido trasladada allí por problemas cardíacos y respiratorios, según informaron sus familiares a la agencia DPA.
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La legendaria soprano Gina Cigna, nacida en París el 6 de mazo de 1900, también conocida con el nombre de Ginette Sens (estaba casada con el tenor francés Maurice Sens), que se perfilaba en el Conservatorio de París como candidata a desarrollar una carrera de virtuosa del piano, fue una temperamental figura de la ópera.
Su debut en La Scala de Milán se produjo encarnado el personaje de Freia en "El oro del Rhin", de Wagner, durante la temporada de 1927. Al poco tiempo comenzó a abordar personajes protagónicos del repertorio italiano gracias a que sus condiciones vocales eran de volumen excepcional, gran extención en el registro y de mórbido color. Esas virtudes llamaron la atención y disimularon su acentuado vibrato, una dicción poco clara y un fraseo algunas veces descuidado.
Su paso por el Colón
Rápidamente conquistó grandes escenarios. El primero de nivel superior fue el Teatro Colón de Buenos Aires, donde debutó en 1932, antes que en la Opera de París, el Covent Garden, de Londres y el Metropolitan de Nueva York, este último deslumbrado con su contratación a partir de 1936, imperiosamente necesitado de encontrar una figura que pudiera reemplazar a Rosa Ponselle.
En la temporada de su presentación porteña fue la protagonista de "Aida", junto al tenor Giacomo Lauri Volpi, la mezzosoprano Luisa Bretana y el barítono Víctor Damián, de "Tosca" y "Turandot", de Puccini, de "Francesca da Rimini", de Zandonai, "Loreley", de Catalani, "El zar Saltan", de Nicolai Rimsky Korsakoff (versión en italiano) y en "Norma", de Bellini, con el tenor Francesco Merli.
El público argentino y al poco tiempo el de Londres y Nueva York, dictaminaron que por su fuerte personalidad, el esplendor vocal de su canto y su alto grado de entrega, se ubicaba entre las mejores sopranos del momento para el repertorio dramático, al punto que Norma, Turandot y Gioconda fueron las heroínas que encarnó con mayor frecuencia.
Al Colón retornó en 1939, ya siendo una autentica luminaria y fue una memorable Turandot, según el testimonio de mucho viejos aficionados que aún hoy recuerdan su competencia canora con Lauri Volpi.
Había sido vibrante director de orquesta de aquella actuación en la obra de Puccini, Héctor Panizza, quien además ofreció en esa misma temporada el estreno de su ópera "Aurora" con la Cigna como uno de los protagonistas
En 1947 sufrió un grave accidente en una ruta de Italia en el autobús que la transportaba a Vicenza para cantar "Tosca". A pesar de los golpes recibidos, uno muy severo en las costillas, no fue motivo suficiente dejar de cumplir con su compromiso de esa noche. Sin embargo, el esfuerzo, y esa pasión incontenible por el teatro y el canto, fue igualmente tronchada esa noche porque durante la actuación se le presentó una deficiencia cardíaca que la obligó a retirarse para siempre de la escena.
Un colega describió a la artista y al lamentable final como "un torbellino al que Dios le puso freno".
Fue evidente que algo de razón tenía la anécdota porque la cantante, retirada de la actividad profesional en la plenitud de su carrera, se dedicó a dictar clases de perfeccionamiento. Y en ese carácter retornó en su última visita a Buenos Aires, en 1981.
Luego, su esplendorosa ancianidad, rodeada de la estima y el respeto de quienes la trataron, se prolongó por espacio de más allá de un siglo. Fue un ejemplo de vida y de amor por la ópera.


