
Balcanes musicales
Goran Bregovic y su numerosa orquesta abrirán el festival el 12 de septiembre
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Las fanfarrias de la música de los Balcanes que se hicieron populares con las películas de Emir Kusturica y que ya integran el fenómeno de la world music harán arrancar, el 12 de septiembre, el III Festival Internacional de Buenos Aires.
Si bien recién al mes siguiente el realizador de "Underground" se presentará aquí como bajista de la orquesta No smoking, quien abrirá el festival será su viejo amigo y ahora fiel oponente Goran Bregovic, compositor de las bandas de sonido de tres de sus más famosas películas.
Junto a su Banda y Orquesta para Funerales y Bodas, que incluye, además, una sección de cuerdas polaca, el coro masculino de Belgrado y tres solistas del coro femenino El Misterio de las Voces Búlgaras (un total de 43 músicos), Bregovic reanudará un ritual que se ha dado en toda Europa: miles de personas saltando de alegría al ritmo de "Kalasnikov", uno de los hits de "Underground", especie de marcha militar que exorciza agitanada la rabia como una crisis nerviosa.
Desde Berlín, la conversación vía telefónica con Goran Bregovic transcurre entre la risa llana y el enojo abrupto, la comprensión y la intolerancia; se nutre con los relatos culturales de las más variadas etnias y religiones que confluyen en los Balcanes y se espesa con el trágico y violento carácter eslavo sobreviviente de esa región de tensión histórica permanente.
El Frankenstein eslavo
Conocido en la ex Yugoslavia por haber sido el introductor del folk-rock en los años setenta, el guitarrista y cantante se ofrece como un exponente cercano de ese potente mix cultural. Nació en Sarajevo, pero de madre serbia y padre croata. Se casó con una musulmana. Tiene pasaporte yugoslavo, pero, por si acaso, la green card americana. Aunque lleva una vida algo errante, él siempre vuelve a casa, que actualmente se encuentra tanto en Belgrado como en París. Entonces explica: "Nací en una frontera única en la historia del mundo que reúne a los ortodoxos, católicos y musulmanes, pero es un lugar que tiene una historia terrible hasta el día de hoy. De ahí proviene el eclecticismo de mi música, que es un poco el Frankenstein de todo eso", define Bregovic a La Nación .
Con Kusturica formó un tándem que muchos compararían con el de Federico Fellini con Nino Rota. Pero el músico yugoslavo, de 50 años, dice que trabajó para el cine "por casualidad" y que no se considera un "buen músico de películas". Para el director bosnio realizó la música de "Tiempo de gitanos", "Sueños en Arizona" (en donde colaboró Iggy Pop) y "Underground" (Cesaria Evora canta "Ausencia"). Pero también se destacó la suntuosa banda de "La reina Margot", del francés Patrice Chéreau, y la de "El tren de la vida", del rumano Radu Mihaileanu. Bregovic insiste en que le interesan más sus trabajos realizados fuera de la imagen. Uno de sus últimos discos, que circula entre el pop y el folk, fue en colaboración con la cantante polaca Kayah, y en el próximo, "Tales from balkans weddings and funerals", hará nuevas indagaciones sobre la música de la Europa del Este.
Cuando al final de una charla que casi se corta por su fácil irritabilidad Bregovic diga que "mi música me representa sólo a mí y a nadie más", se entenderá un poco más sobre su conflictiva relación con Kusturica, a quien siempre se lo vincula. Es que el director que en 1995 ganó la Palma de Oro en Cannes con "Underground" no lo convocó para la música de "Gato negro, gato blanco", y luego se sumó a una conocida banda de "rock balcánico" y filmó "Super 8 stories", un film sobre sus propias giras europeas. Parece que a Bregovic lo exaspera hasta nombrarlo. Pero es claro que forma parte de su historia musical.
-¿Cómo evolucionó su música desde el rock en Sarajevo, sus trabajos para el cine hasta encabezar esta orquesta multiétnica?
-Yo hacía un rock provincial que trataba de copiar el americano. Estábamos siempre enfrentados a la música tradicional. El rock ha sido muy importante en los países comunistas, más que en los occidentales, porque era la única manera de expresar un sistema de valores un poco diferente del oficial. Pero durante la guerra con Bosnia necesité tomar un poco de distancia, me fui a Belgrado y luego a París, donde sentí más confianza en esa pequeña cultura musical de la cual provengo. Y hoy nuestra música no tiene necesidad de travestirse.
-De su primera orquesta compuesta por cien músicos, ¿cómo llegó a su formación actual?
-Mi primera gira europea, en 1995, fue con una formación clásica de orquesta filarmónica de cincuenta personas y un coro de cincuenta. Pero tanta afinación no me gustaba. Entonces hice algunos cambios: el coro quedó sólo con voces masculinas (de la Iglesia Ortodoxa), se sumaron tres voces búlgaras, eliminé instrumentos de viento, como los oboes y las flautas y los reemplacé por instrumentos tradicionales ejecutados por una banda de gitanos. Así, la orquesta adquirió un sonido más gitano que hasta suena desafinado.
-¿Cómo define su música a partir de tantas mixturas culturales?
-No hay demasiada originalidad en la música yugoslava porque está envuelta por los países de las grandes tradiciones. Desde ya está muy mezclada, por la naturaleza, por instrumentos búlgaros, griegos, italianos, albaneses. Lo que yo hago está entre la música religiosa y la música simple de las fiestas. Es música balcánica contemporánea. Todo es bastardo, no hay nada puro porque desde siempre la gente se ha enfrentado culturalmente
-Resulta curioso que se nutra tanto del pueblo gitano como de la tradición militar yugoslava...
-Sí. Me gusta trabajar con los gitanos, son los cowboys europeos, porque transportan metáforas de libertad. Pero es cierto que la militar es la única tradición sólida en los balcanes. Tanto en los casamientos como en los funerales se interpreta música militar. Está insertada porque mi país es la guerra desde siempre. Mi padre y mi abuelo eran militares y si yo me hubiera quedado también lo hubiera sido. El conjunto de instrumentos de metal viene de la época de la guerra contra los turcos, cuando surgió la necesidad de música militar y no había escuela.Y los gitanos,que aprenden muy rápido no importa qué, reforzaron esa tradición.
-Una característica del pueblo eslavo es la convivencia del humor y la tragedia ¿En los casamientos se interpreta la misma música que en los funerales?
-En nuestra cultura hay tres momentos importantes en la vida de una persona: cuando se va al ejército, su casamiento y su muerte. Durante el entierro se toca música y luego se come y se bebe, como para dejar de llorar. Cuando la orquesta no tiene conciertos hace su trabajo en casamientos y funerales. Es la profesión más normal para los músicos de esta región. Los casamientos duran tres días y pueden asistir 1500 personas. En los funerales se interpreta la música preferida del que ha muerto. Si era alguien alegre, será más divertida y, si no, triste. En los balcanes, se siente más cerca la muerte y la vida que en los países occidentales.






