Casero canta desde un tema de Aznavour hasta otro en japonés

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29 de diciembre de 2001  

Presentación del disco "Casaerius", de Alfredo Casero , con Juan Blas Caballero en bajo, Daniel Avila y Silvio Formaski en guitarras, Nico Pasos en teclados, Pablo Suárez en batería, D. Ferreyra en trombón, Richard Nant en trompeta, Gustavo Cámara en saxo y flauta, Julio Arakaki, un DJ y el coro Las Chichis. En Niceto, Niceto Vega 5510.

Nuestra opinión: muy bueno.

De pronto, la oscuridad pesada de Niceto se quiebra con la proyección del videoclip de Alfredo Casero "Shimauta", en japonés. En la pared opuesta al escenario, la imagen muestra a un perrito que toca un instrumento tradicional del Japón. Aparece en el film el protagonista cantando de manera enfática una invocación a la isla de Okinawa; en fin, todo suena algo absurdo.

La imagen se apaga y el público aplaude. Ya desde el escenario, Casero grita: "Sigue , sigue", y el auditorio se da vuelta para seguir mirando la pantalla. "Ahora sí, ya terminó..." Y el show debe comenzar. El actor, humorista y compositor explica que el disco que va a presentar "tiene como cuatro años de trabajo" antes de ver la luz.

El show muestra también que la historia va en serio. Una sección rítmica de dos guitarras, bajo, piano y batería; un trío de cuerdas, otro de bronces, un músico japonés, un coro de dos cantantes y un DJ hablan de la apuesta fuerte de este artista, que se atará puntillosamente al disco: incluso respetará el orden de los temas.

Con Aznavour al frente

El cantante explica que su madre amaba a Aznavour, por eso el homenaje con "Avec", que canta en un clima de parodia, aunque, detrás, la música sea excelente. El grupo suena asentado y con ajuste; los arreglos dan un clima imponente a la interpretación.

Y ahora llega una historia cuasi real, con "Mi combi", que relata la vivencia de un conductor que transporta niños de preescolar y advierte que uno de ellos es algo mayor y, aparentemente, se ha colado en el vehículo. Con su rima provoca la risa de un público que adhiere al humor del inefable Casero y que busca salir de cualquier manera de la cargada situación por la que atraviesa el país.

Luego aparece un tema conocido: "Pizza conmigo", una suerte de reggae al que el teclado le suma un aire de cumbia. La canción habla de un personaje que se deleita con la pizza, cualquiera que sea su gusto. La voz es sostenida por el grupo y el coro le hace un soporte contrapuntístico. Improvisa partes de la letra que le agregan tensión a un tema que remata con la frase: "Mi vieja no se dio cuenta de que siendo vegetariana tuvo un hijo bailantero".

Creando historias

Tanta sanata por momentos provoca que el grupo se disperse un poco . El inicial ajuste y convicción de la banda a estas alturas hace agua. Sin embargo, la presencia de Casero, su rapidez para saltar de una situación a otra, su velocidad para crear historias y relacionar nombres con sucesos provoca todo el tiempo sonrisas. Por cierto, la música se vuelve incidental.

Momento de reflexión. Casero repara en el doloroso trance por el que pasa la Argentina y cita frases premonitorias de su clásico personaje televisivo, el doctor Vaporeso.

Luego habrá más música, con un bolero dedicado a su esposa, La Futi. En la canción, dice que su amor es un faro tibio para su tormentoso mar y que ni siquiera las olas de su conducta pueden con él. Sensibilidad y humor, pues las imágenes redundan en lo afectivo sin caer en lugares comunes ni en sentimentalismos. La Futi debe de estar contenta con su marido poeta...

Ahora llega un par de temas enganchados, en los que se habla de los amores que sólo nos hacen perder energía. Dice que nadie le canta a este tipo de relación y que él decidió "mandarla en cana". Sobre una base de smooth jazz, él canta un bolero; un verdadero choque sonoro que crea un clima cautivante. Le sigue "I remember you", tema que hizo famoso el trompetista Chet Baker, en una versión libre que sólo se puede identificar por el estribillo "Yo te recuerdo, ¿no es gracioso? No mucho..."

"La uva de mis uvasales" es un blues explicativo sobre un tipo de arte oculto por el excesivo uso de las palabras que terminan por no explicar nada; el tema, con una cadencia marcada, tiene una bellísima parte de flauta, tocada por Gustavo Cámara, que le da una frescura renovada.

El cierre es con "Shimauta, La canción de la isla", un ejemplo de la tendencia a la world music. Una bella composición tradicional que Casero frasea en auténtico japonés.

El final será nuevamente el videoclip. No hay bises ni adioses. El humor es el mejor recurso para absorber la realidad y Casero logra que la alegría se haga carne en el auditorio.

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