Cinco Momentos del show de Guns N’ Roses en Rosario

Los Guns N’ Roses en Rosario
Los Guns N’ Roses en Rosario
Se presentaron anoche en el estadio de Rosario Central; el viernes y el sábado lo hará en River
Sebastián Chaves
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2 de noviembre de 2016  • 04:08

1.(No) Es tan fácil. Después de 23 años, Axl, Slash y Duff volvieron a comandar la formación de los Guns N’ Roses en suelo argentino. “It’s So Easy”, una suerte de single maldito del grupo, fue la patada inicial del show, más pensada en satisfacer al núcleo duro de fans que en otorgar concesiones para las masas. Sin mediar palabra, “Mr Bownstone y “Chinese Democracy” continuaron en la misma línea hasta que “Welcome to The Jungle” puso las cosas en su lugar.

2.Te voy a dejar tirado en la cama. Si varios de los temas terminaban por convertirse en zapadas extendidas -un poco para mostrar el virtuosismo de los músicos y otro poco para que Axl recuperase el aire-, “You Could Be Mine” fue todo lo contrario. Con el grupo sonando a pleno y su líder alcanzando todas las notas -como en los tiempos de Terminator 2-, los Guns N’ Roses volvieron ser puro salvajismo hard rock.

3.De regreso a ese lugar especial. “Sweet Child O’ Mine” es un tema a prueba de todo. Una introducción filosa, una melodía en plan power ballad, una cadencia sexy y un final oscuro y sin salida (“¿A dónde vamos ahora?”, se pregunta Axl con su registro más grave). Con la ventaja de tener al público a su merced desde el comienzo, el grupo logró en vivo evidenciar todas las facetas de la canción que se convirtió en el mayor éxito del grupo.

4. Valió la pena tener paciencia. No fueron muchos los momentos del show en los que Axl y Slash se regalaran momentos de complicidad. Por eso, el instante en el que los dos quedaron sentados espalda con espalda durante el solo de guitarra de “Patience” devino en un aplauso cerrado con mucho gusto a celebración reconciliatoria. Unos versos antes, Axl tosió sobre el micrófono y hasta permitió reírse del inconveniente.

5.La casa está en orden. Después de dos horas de show, el riff de “Paradise City”, los fuegos artificiales y los papeles por el aire, devolvieron el pulso rockero esta vez para que nadie se quede afuera. Axl no sólo volvió a enfocar su voz como en sus mejores épocas, sino que puso todo lo que le quedaba sobre la mesa, tal vez sabiendo que ya no habría nada por delante hasta los shows en River del viernes y sábado, para que la banda cerrara la noche con la energía que su propia historia le demanda.

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