
Comienzo accidentado y final gris
Seña . Con Eva Yerbabuena. Ballet: Mercedes Ruiz, María Moreno, Asunción Pérez Chone, Lorena Franco. Cante: Enrique Soto, Pepe de Pura y Jeromo Segura. Guitarras: Paco Jarana y Manuel de la Luz. Percusión: Manuel "El Pájaro". Saxo y flauta: Ignacio Vidaechea. Composición y dirección musical: Paco Jarana. Coreografía y dirección artística: Eva Yerbabuena. Producción general: José Lata Liste y Ricardo Berbari. En el Gran Rex.
Nuestra opinión: bueno
La primera función de Eva Yerbabuena en Buenos Aires estaba programada para las 21.30. Pero la cola de gente para entrar, que llegaba hasta la esquina de Esmeralda, hacía prever que todo podía ser un caos. Así fue. Una vez que el público colmó la sala, algunos movimientos incesantes de luces indicaban que algo no estaba bien. A las 22.22, una voz pidió disculpas por la demora y anunció que se debía a problemas técnicos ajenos a la artista y a la producción, pero aseguró que intentarían solucionarlos para que no se perdieran a esa gran artista.
En el teatro, la gente reclamaba con silbidos y palmas. Entre el público, algunos famosos como Julieta Díaz, Nora Cárpena, Martha González, Chiche Gelblung y Georgina Barbarossa, se mezclaban con figuras del flamenco local como Baldomero, Graciela Ríos Sáiz, Stella Maris Blanco, Manolo Iglesias, Mabel Espert y Maribel Herrera.
Pocos minutos antes de las 22.30, la misma voz volvió a explicar que el problema técnico era muy grande y que también excedía a la sala. Desde el público, alguien con acento español reclamó: "¿No suspende la función por nosotros o por no devolver el dinero?". El ambiente se ponía pesado y el aire acondicionado en exceso obligaba a abrigarse cada vez más.
Finalmente, el telón cayó, se puso una iluminación de emergencia y comenzó la función a las 22.35.
Cosas que pasan
Todo esto vale la pena contarlo porque se notaba la incomodidad de los artistas sobre el escenario. Incluso hubo algunos problemas técnicos con micrófonos y desajustes de puesta que hacían adivinar que los españoles no pisaron mucho tiempo el escenario del Gran Rex antes de la función.
Pero la gente iba a ver a Yerbabuena, que en cada uno de sus movimientos despertaba aplausos. Por lo menos, en todo el primer tramo.
Tiene una presencia escénica increíble y una técnica impecable del más puro y tradicional flamenco. De pronto, camina por el escenario acompañada por la percusión, hasta que se agrega un taconeo, luego otro, y así una metralla que horada el alma del espectador. Aunque su flamenco es muy tradicional, es atrevida e irreverente. Alardea y fanfarronea y tiene autoridad para hacerlo.
Su elegancia queda puesta en su máxima expresión en el mirabrás "Espumas del recuerdo". Tiene un manejo admirable de la espléndida bata roja con la que barre el piso y da vueltas con absoluta seguridad, así como del mantón, que se le vuelve una columna alada.
Está acompañada en escena por las impecables guitarras de Paco Jarana y Manuel de la Luz, la percusión potente de Manuel "El Pájaro" y los vientos de Ignacio Vidaechea. Pero a veces hasta es ella quien los comanda, ya que marca el ritmo de la música con sus tacos y su rodilleo. Ellos la siguen.
Quiebra y fragmenta el cuerpo de un modo que hace pensar que Bob Fosse se volvería loco por tenerla en su primera línea de coro. En "Quiero y no quiero" hace un meneo bellísimo.
Por su parte, los cantaores Enrique Soto, Pepe de Pura y Jeromo Segura son muy buenos partenaires y la acompañan sobre el escenario siguiéndola o con palmas.
Entre cuadro y cuadro de Eva Yerbabuena, sube a escena su ballet, compuesto por jóvenes talentosas, sin duda, pero que están muy lejos del nivel de la estrella.
Hay una sincronicidad que se pierde en sus participaciones, tal vez por falta de ensayo, tal vez por falta de seguridad. Es en el palmeo del final donde ganan.
Todo esto logra que Seña , la retrospectiva que presentó Eva Yerbabuena, no fuera un gran espectáculo; que fuera sólo ella. Y no es únicamente porque la técnica escénica les jugó una mala pasada, sino porque faltó un criterio de puesta acorde con el talento de la figura y la envergadura de un escenario como el Gran Rex.
Sobre el final, el público rogó un bis. No lo obtuvo. Después de haber esperado más de una hora lo merecía. Pero le volvieron a fallar. Cosas del respeto.






