
Con sentido del espectáculo
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Representación de la ópera "Manon", con música de Jules Massenet, y libreto de Henri Meilhac y Philippe Gille sobre la novela "L´histoire du chevalier Des Grieux et de Manon Lescaut", de Antoine-François Prévost. Producción del Teatro Colón. Con el Coro y la Orquesta Estable, con dirección de Reinaldo Censabella; régie, Angela Zabrsa; escenografía, reposición de Rubén Berasain (sobre la original de Jacques Dupont); vestuario, Ernesto Ferreiro; coreografía, Jorge Amarante, e iluminación, Mauricio Rinaldi. Cantantes: Paula Almerares, Eduardo Ayas, Omar Carrión, Mario Solomonoff, Laura Rizzo, María Bugallo, Alicia Cecotti, Gabriel Renaud, Hernán Iturralde, Oscar Grassi, Nuritza Kassapian, Guido De Kehrig y Jorge Giabbanelli. En el Teatro Colón. Próximas funciones: mañana, pasado mañana, el martes , el miércoles 27 y el viernes 29.
Nuestra opinión: bueno
Un singular sentido del espectáculo preside esta reposición del drama romántico de Massenet, capaz aún hoy de despertar emociones profundas en el público.
Son la gracia y el encanto de su música las claves de esta perdurabilidad, a la vez rasgos fundamentales de la escuela francesa, las que mueven a sus personajes anudando sus vidas aun por encima del elaborado libreto que Henri Meilhac y Philippe Gille han realizado sobre la célebre historia del abate Prévost.
Las vidas de los jóvenes protagonistas se debaten entre el amor y el placer, como acontece con Manon, o bien entre lo erótico y la religiosidad, en Des Grieux, y sucumben ante un destino al que Massenet infunde una poderosa seducción y sensual encanto a través de su música, y que aflora una y otra vez como requisito esencial de sus voces y las de los restantes caracteres.
Sin embargo no ha sido ésta la nota distintiva en esta oportunidad, ni parejo el desempeño del elenco en el plano vocal, salvo en el destacado desempeño de la soprano Paula Almerares, quien realiza aquí una verdadera recreación del personaje que le ha sido confiado.
No obstante, destaca en esta reposición el atractivo visual del espectáculo, que aun a pesar de los telones que sirvieron de fondo a la escenografía (sobre la idea original de Jacques Dupont, en 1970), fue muy cuidado en la reconstrucción de la época, y el esplendor del vestuario deslumbrante al punto de recordar en más de una escena la suntuosidad y la elegancia de un gobelino.
Contribuyó igualmente al brillo escénico el despliegue de coreutas, bailarines y acróbatas, quienes en magnífica recreación dieron vida, en el tercer acto, por ejemplo, a una representación evocativa de las óperas-ballet del siglo dieciocho francés. Resultó por ello muy elogiable la labor del coreógrafo Jorge Amarante, dentro de la acertada pauta escénica que la régie de Angela Zabrsa estableció.
En líneas generales, "Manon" fue cantada conservándose el estilo de la música francesa, a la que Massenet aportó no sólo su inspiración sino su fina artesanía, elaborando sus caracteres y situaciones sobre la base de motivos musicales, recurrentes a lo largo de la obra, con los que la orquesta sostiene y comenta el texto del libreto. Tal maestría orquestal tuvo en la Orquesta Estable una traducción correcta, salvo en algunos pasajes en los que se advirtió cierto desbalance o algún desequilibrio entre el foso y la escena.
Una cantante excepcional
Pero debe destacarse que aquella feliz conjunción se produjo principalmente en el caso de la protagonista (Paula Almerares), quien además de poseer un bello timbre y afinación perfecta en todo su registro, abordó notas en el sector sobreagudo sin esfuerzo y con gran ductilidad. Almerares une a su pureza vocal un especial vuelo lírico, y admirables matices expresivos, transmitiendo cabalmente los estados anímicos de su personaje. Así ocurrió desde su aparición en escena, cuando tradujo con carácter simple y azoramiento de recién llegada su encuentro con Lescaut. O en la admirable escena de la seducción para recuperar a Des Grieux, con intenso dramatismo y gracia, a la vez, y también en la recreación -admirable- de soliloquios, en momentos de íntima emotividad. Pero fue en la culminación del tercer acto, donde su actuación alcanzó singular expresividad en la interpretación de la famosa gavota que entona en el Cours-le Reine parisiense frente a sus admiradores ("Profitons bien de la jeneusse..."). No es el dinero, ni el poder lo que impulsa a Manon, sino el placer, aunque también el amor, y Almerares sabe delinear uno a uno los diferentes perfiles psicológicos de su femineidad vana..
El tenor Eduardo Ayas (Des Grieux), tan sólo en algunas escenas resultó convincente, como en el relato de su sueño de felicidad, que cantó con expresivo y lánguido candor; el dúo del segundo acto junto a Manon; el dramatismo puesto en la escena de la seducción, en St. Sulpice, no obstante sus problemas en el sector agudo, aunque en todos los casos con buen desempeño actoral.
Buenas condiciones vocales y actorales exhibió el barítono Hernán Iturralde (Bretigny), en cuanto a timbre y caudal, si bien desconoce por ahora matices expresivos. Asimismo, Gabriel Renaud (Guillot), aunque asumió bien su papel, desdibujó con su vibrato su línea melódica. El personaje secundario de Lescaut, asumido por Omar Carrión, fue convincente y lo mismo cabe decir de Mario Solomonoff, en una recreación muy adecuada del anciano Conde Des Grieux.
El trío de amigas de Guillot, que compusieron Possette (Laura Rizzo), María Bugallo (Javotte) y Rosette (Alicia Cecotti), resultó altamente eficaz y divertido, además de afinado en sus intervenciones vocales. Oscar Grassi (Posadero) lució sus especiales cualidades histriónicas (y vocales) en el primer acto, en tanto que Nutritza Kassapian, Guido De Kehrig y Jorge Giabbanelli, en papeles menores, cumplieron con corrección.
Fue ejemplar la labor desempeñada por el Coro Estable (preparado por Alberto Balzanelli) y por el cuerpo de baile, además de lo ya mencionado, por la animación y el encanto visual que confirieron a la representación.





