Con The Cult, Ian Astbury trae su versión espiritual de Ciudad Oculta
Inspirado en un gesto "emocional y sentimental" de Carlos Tevez, el cantante bautizó el último álbum de la banda Hidden City; el grupo volverá a desembarcar en el país el 3 de octubre, en el Luna Park
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En 2013, en sus primeros meses como jugador de la poderosa Juventus, la bella señora insignia del fútbol del norte de Italia, Carlos Tevez celebraba sus goles mostrando la remera que llevaba debajo de la camiseta del club; cada partido con una dedicatoria distinta: Fuerte Apache, Villa 31, La Maciel, La Palito, El Congo, Ciudad Oculta. Un tributo a sus orígenes, una forma de abrazarse a la distancia con los suyos, que en Europa pocos terminaban de descifrar.
A diez mil kilómetros de distancia, en Los Ángeles, sentado en un confortable sillón frente al televisor de su living, Ian Astbury, con el mismo misticismo que cuando, a mediados de los años 80, se paseaba por los escenarios vestido de negro cantando temas como "She Sells Sanctuary", pudo ver algo más allá en aquel gesto. Incluso, una revelación.
"No sé, lo primero que pensé es que venía desde lo más profundo de su corazón. Tevez es un jugador muy emocional y en ese instante estaba expresando sus sentimientos, orgulloso del lugar de donde venía. Es una acción que no vemos muy a menudo, porque la mayoría de las personas que llegan a triunfar, en lo que sea, suelen avergonzarse de sus orígenes si es que provienen de un hogar pobre, y casi siempre quieren aparentar que son algo diferente. Decir soy el mejor o, en el peor de los casos, mostrar la marca de un sponsor. Nike seguramente lo hubiera convertido en una publicidad."
Aquella escena del fútbol, llevada al campo del arte, devino en inspiración para esta leyenda del punk rock nacida y criada en Gran Bretaña y adoptada desde hace años por los Estados Unidos. Astbury no lo dudó y bautizó Hidden City (Ciudad Oculta) el último álbum de The Cult.
"Mi idea no era hablar sobre Tevez ni de Ciudad Oculta, pero sí de ese sentimiento. Todos tenemos nuestra Ciudad Oculta. Ésa fue mi impresión. Tuve una conexión emocional en ese momento y eso fue lo que me apareció", cuenta ahora, en el otro extremo de la línea telefónica, desde Nueva York, en el inicio de una entrevista concedida para promocionar su regreso a Buenos Aires, el 3 de octubre, al frente de su banda de toda la vida, The Cult; el grupo que rearmó hace poco más de una década, luego de una impasse en la que cumplió el sueño de girar por el mundo en la piel de Jim Morrison junto a las leyendas de The Doors Ray Manzarek y Robby Krieger, y con el que, como lo confirma Hidden City, aún tiene versos para cantar y sonidos por explorar.

-¿Leíste cómo empieza la gacetilla de prensa de este álbum?
-¿Si la leí? Ja. No sé qué versión tenemos ahora... ¿Cuál es la novedad?
-Dice que en 2005 estabas contemplando el atardecer en el Kala Patthar del Himalaya, a 18.519 pies de altura, con una vista inolvidable del monte Everest, y tuviste una revelación: reunir a The Cult...
-Sí, así fue, es cierto.
-Suena a cuento de fantasía espiritual. ¿Realmente vivís en ese estado todo el tiempo?
-Sí, ja, al menos lo intento.
"Deja que el sol brille en mí cuando cante la última canción. Yo te daré incluso mi cuerpo, espíritu andante", cantaba Astbury en "Spirit Walker", una de las joyas del primer álbum de The Cult, Dreamtime, de 1984, que aún es uno de los puntos altos de los shows de la banda. Desde entonces, casi siempre junto a su amigo Billy Duffy, Astbury desarrolló una carrera que paseó del post punk al hard rock, con altas dosis de misticismo.
"Ian todavía es un punkrocker en su corazón, en espíritu. Todavía es más punk que cualquiera", dijo Billy Duffy cinco años atrás, durante una de las tantas visitas del grupo al país (la primera de ellas, en 1991, como cabeza de cartel del Derby Rock Festival, en el estadio de RiverPlate). "Yo no podría definirme como nada en especial, no puedo. Pero siempre pensé que el espíritu del punk rock se trata de cambiar. Para mí el punk rock siempre tuvo que ver con ser nuevo, fresco, cambiante. No se trata de crear una institución en torno de eso. Muchos músicos han convertido el punk rock en un uniforme, con reglas que regulan el estilo. Todas las bandas originales del punk han sido únicas, muy distintas entre sí. Muy lejos de estar uniformadas, todas se veían diferentes o sonaban distinto. Incluso, después de la primera ola, aparecieron bandas como Public Image, por ejemplo. O como cuando surgió Joy Division: la música estaba cambiando y evolucionando todo el tiempo y ése es el espíritu del punk rock y del rock. Evolucionar, siempre. Ésa es mi verdad."
La evolución hoy, en esta versión siglo XXI de The Cult, proviene contradictoriamente del sonido simple y claro de un piano, instrumento que Astbury escogió como punto de partida de las composiciones de Hidden City.
"El piano es un instrumento muy íntimo, con mucho sentimiento, y estaba muy interesado en explorar algo más allá del sonido de guitarras de The Cult. Todos los artistas, a través de la historia, recurrieron al piano para escribir: los Beatles, Bowie, ahora Kendrik Lamar, todos... Aparentemente, alguien me dijo alguna vez que AC/DC escribió todas sus canciones en piano y después las transportó a la guitarra. ¿Te lo podés imaginar? Es muy interesante. Hay mucho piano en Guns'n'Roses también. El piano es uno de los primeros instrumentos que la mayoría de las personas explora durante la infancia, ya desde la clase de música en la escuela", dice el cantante de melena azabache e historiador de las raíces indoamericanas, que llegó a bautizar a sus hijos Che (por el Che Guevara, claro) y Jim (por Morrison).
Y continúa: "Quería crear más espacio en la música, algo que es muy difícil. Porque es como cuando querés tener una conversación y vas a cenar con alguien a un lugar ruidoso y no podés escuchar a la otra persona. En la música ocurre lo mismo: a veces no hay espacio para escuchar la música, hay demasiado ruido en la habitación como para enfocarse en lo que es importante. [El tecladista de The Doors] Ray Manzarek se encargó de mostrarme eso".
El año pasado, en coincidencia con su regreso a los escenarios y con la edición de Hidden City, The Cult fue el grupo elegido por Axl Rose y Slash para acompañar a Guns'n'Roses en su primera incursión fuera de los Estados Unidos en su esperada gira reunión. "El DF mexicano es muy especial, tocamos en el Foro Sol y fue un show increíble. Estaba lloviendo, había relámpagos y la energía en el estadio era muy fuerte. Fue muy épico, con los rayos cayendo desde el cielo, y tuvimos una gran conexión con el público."
-Axl reemplazó a Brian Johnson y vos, a Jim Morrison. ¿Qué creés que hubiera pensado de eso Ian Astbury a los 15 años?
-Yo no lo veo así, realmente. Ellos son irreemplazables. Yo tan sólo hice lo mejor que pude hacer. Poder cantar con mis maestros las canciones que compuso Morrison es algo de lo que no me voy a olvidar en toda mi vida.
The Cult está celebrando este año 30 años de la edición de Electric, el disco que tras el suceso europeo de Love (1985) lo encumbró en los Estados Unidos y en el mundo. Pero Astbury se niega a pertenecer al rebaño de bandas que salen de gira interpretando sus discos clásicos de principio a fin. "Estoy más interesado en vivir el presente y creo que hoy el grupo está muy enfocado y muy fuerte. Es asombroso para mí, pero a más de treinta años de haber empezado con esto, estamos pasando por un momento grandioso."
Inspiración argentina
"Santa Maradona"
Así como Tevez inspiró el título del álbum de The Cult, el astro del fútbol fue la musa para esta canción de Mano Negra. Años más tarde, Manu Chao también le dedicó a Maradona su tema "La vida es una tómbola".
"Miss Argentina"
En 1999, Iggy Pop bautizó así uno de los temas de su disco Avenue B, inspirado por su novia de entonces, la argentina Alejandra Carrizo.
Palermo Hollywood
El francés Benjamin Biolay tituló así su último disco, en homenaje al barrio porteño.
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