
Del otro lado del espejo
Con nueva banda y un álbum en la calle, el cantante habla por primera vez desde la separación de Los Piojos.
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La imagen parece la de aquel corto animado en el que Mickey Mouse atraviesa un espejo y, de inmediato, se sumerge en una nueva y fantástica realidad. Así de fácil, así de rápido.
El 30 de mayo pasado, a un año de la separación de Los Piojos, Andrés Ciro Martínez ya tenía su primer tema como solista rotando en las radios que, con el título "Antes y después", comenzaba a delimitar su nuevo lugar; incluso había formado una banda a su alrededor que no lo había convencido y ya tenía otra, Los Persas, que le aseguraba despuntar el vicio del rock and roll por un buen tiempo; por entonces también tenía ya una productora en torno suyo que construyó una sala de ensayo y le puso un estudio a su disposición; además, apenas un año después del adiós piojoso, dos de sus ex compañeros de ruta y amigos desde hace más de veinte años ya le habían enrostrado públicamente su tiranía en el liderazgo de la banda. ¿El tiempo es veloz? "Fue todo tan intenso que parece que pasaron diez años", reflexiona ahora este cantante carismático y compositor responsable de una abultada lista de canciones instaladas para siempre en la memoria colectiva rockera y nacional -tanto así que fue el elegido para cantar el himno en la despedida del seleccionado de fútbol argentino hacia Sudáfrica 2010, en el marco de los festejos por el Bicentenario-.
Desde aquel final con polémica pública en el estadio de River (con cruces entre los integrantes y dedicatorias en el escenario incluidos) Ciro -tal el nombre que eligió para esta etapa y con el que firma su flamante primer álbum- decidió resguardarse en el trabajo, en la acción cotidiana, en el movimiento interno constante. Su deseo era estar ya en otro destino incluso antes de subirse al avión. Correr hacia el futuro sin mirar el pasado.
"No quería caer en la inercia de pensar «ahora qué voy a hacer, a quién voy a llamar, cómo voy a arrancar». Tenía realmente temor de no poder arrancar, de no conseguir armar una banda nunca más -dice Ciro, mientras toma una taza de té en la terraza de un PH reacondicionado como búnker y sala de ensayo en el barrio de Villa Ortúzar-. Escapándole a eso fue que me puse un poco las pilas. Cuando se acabó lo de Los Piojos mi deseo era salir en dos meses con una gira, seguir laburando como si no hubiera pasado nada. Mi deseo era ése, no por negación, porque tenía aceptado que se había terminado, pero no quería perder lo que más me produce placer, que es tocar, salir de gira y todo eso. Era una mezcla de bronca, de incertidumbre, de inseguridades personales y de muchas preguntas a las que debía encontrarles respuestas".
Nuestro amor renacerá
En "Antes y después", primer track de Espejos , Ciro canta acerca de un amor sin tiempo que vuelve una y otra vez en distintas reencarnaciones. Allí, dice, casi sin querer, se cuela un estribillo que suena a mensaje: "Qué placer verte otra vez, nos decimos sin hablar, hoy todo vuelve a empezar y será lo que ya fue". "Redondeaba la idea de renacimiento, de volver a empezar algo nuevo que tenía el tema -confiesa Ciro- y completaba un puente de la canción que dice «nuestro amor renacerá con idéntica pasión, almas y transmutación». Es verdad que quedó como una especie de mensaje hacia el público piojoso, pero no tenía esa intención."
-¿Escribiste en las letras del disco acerca de todo este tiempo?
-No de manera consciente. Sí hay en "Banda de garage" una especie de cuento sobre lo que fue para mí formar parte de una banda de rock, las cosas que cambian a tu alrededor, la gente que se acerca a la banda por interés. Un poco lo que estoy diciendo en eso de "no hay una ruta más deseada que la que lleva hasta tu piel", es lo que tiene que ver con salir a la ruta a tocar, ir de gira? Después hay una cosa en "Espejo", que ahora veo más a la distancia, que habla reflexivamente acerca de cómo uno se propone un camino, que quiere ir hacia un lugar y que a través de los espejos reflejados inevitablemente esos caminos se van torciendo, ¿no? Y uno termina en un lugar que no se da cuenta, como ocurre con esos espejos enfrentados donde la figura va doblando muy sutilmente y uno termina en el lugar donde salió, en el punto de partida, con muchos más años, donde la cara de uno y las experiencias cambiaron. Eso es un poco la sensación de todo esto.
-¿Y qué cosas cambiaron para vos en poco más de un año?
-Cambió en el sentido de que no hay discusiones como las hay en una banda, porque está claro que la decisión la tengo yo y todo fluye más rápidamente. Hay propuestas de los pibes y hay autorías compartidas, pero yo tengo la decisión y soy el que digo «este tema no me gusta» y no va al disco. Todo funciona más rápido, más aceitado.
-Uno podría pensar que todo está más aceitado en una banda con varios años de carrera que en una que recién se forma...
-Sí, a veces sí, pero en la banda uno tiene también que contar con el estado de ánimo o la cara de orto del otro; o llegar con un tema que a vos te parece genial y el otro también cae con que hizo un tema genial y solo falta una canción para cerrar el disco. No sé, esas cosas ocurren y hacen que a veces sea más difícil.
-¿Aunque en el medio haya veinte años de amistad?
-Sí, veinte años es mucho. Uno siempre en ese tiempo, además, está cediendo cosas permanentemente. Es como una convivencia con una pareja, pero con siete personas. Uno viene con una idea y al otro no le sale o se empecina con que tal cosa es distinta y llegás al momento en que decís "bueno, dejalo así, ya está". Lo interesante de ser solista es que uno se impone un desafío mayor, no tiene cómo escudarse. El peso recae más en uno y eso, en mí, funciona como estímulo para componer o trabajar.
-¿Y por qué creés que terminaron tan mal, con mensajes cruzados en público y acusaciones de todo tipo?
-Me da pena porque creo que hubo veinte años para discutir esas cosas y me gusta más cuando se habla en una mesa. Yo tengo mi manera de ser y a mí lo que siempre me gustó fue la música, siempre tuve una línea con respecto a lo que es los medios y todo eso y me parece una lástima cómo terminó todo. Uno puede estar caliente, pero tiene que ser cuidadoso, por lo menos para mí, que siempre fui de perfil bajo con los medios. Además creo que es una historia muy rica, de pibes de barrio que al principio, por ahí, yo me quedaba afónico en el segundo tema y el violero sabía tres acordes y llegamos a llenar cinco River. No entiendo por qué renegar de eso. Y mucho menos de expresarlo y hacerlo público. Me parece que son cosas erradas, que tienen que ver con cómo le pegó a cada uno o de maneras distintas de resolver las cosas que te dan bronca o dolor. Porque el sentimiento fue así para todos: bronca, dolor, pena. Pero bueno, viéndolo a la distancia, quizá tuvo que ocurrir así porque si no, uno sigue y no se da cuenta de dónde está parado. Yo voy para adelante y si no hubieran habido actitudes o cosas no estaría agradeciendo hoy el estar con la alegría que estoy con un proyecto nuevo y sentir que me saqué una mochila de encima.
Banda de garaje
Luego de media hora de charla relajada, aparece en escena Manuela, la hija de Ciro de once años que tocó la guitarra acústica en una de las canciones del nuevo disco ("Vas a bailar", tema dedicado a sus tres hijos): "Hola Pirula, ¿estás aburrida? -dice el papá rockero- Aguantá un rato que después nos vamos juntos".
Manu: -Uffff... ¿Mañana voy a la escuela?
Ciro: -No, mañana vamos al médico.
Manu: -¡Iupi!
La niña desaparece escaleras abajo y Ciro vuelve, pero ya no es el mismo: "¡Cómo vienen los chicos ahora! Cuando yo tenía su edad, me dejaban en la casa de mi abuelo y ni una queja. Ahora parece que tuvieran que estar todo el día en un parque de diversiones".
La reflexión coincide con el lúcido y paterno final de "Vas a bailar", en el que Ciro les canta a sus críos eso de "tanta soledad, todos conectados. Niños de pantalla, bienvenidos al mercado".
Cuando faltan veinte días para el debut porteño de su nuevo grupo (el 22 y 23 de este mes, en el Luna Park, donde seguramente Manu suba al escenario y tenga su momento de desenchufe, con acústica incluida), Ciro dice que la "onda stoneana" de Espejos "tiene que ver con lo que aporta la banda, con cómo suenan las violas" y asegura que con gusto se metió "en esa onda rockera" que tanto le gusta.
La banda, Los Persas, está integrada por Juan Abalos y Juanjo Gáspari en guitarras, Broder Bastos en bajo, Lulo Isod en batería y Chucky de Ipola en teclados (único sobrevivente piojoso). "Es gente que toca muy bien y hay buena onda, buena química. Fue como armar todo de cero y estoy muy contento. Quería que el disco sonara a banda tocando, pelando. Por eso está grabado prácticamente sin sobregrabaciones. Me gustaba que fuera un disco crudo, tocado como se toca en vivo y que fuera una banda potente, sintética, concreta, dinámica. Y creo que se logró, los pibes consiguieron un sonido que parece que fuera una banda con muchas horas de ruta. Eso es energía y talento de los pibes y horas de ensayo, muchas horas de ensayo. Eso es lo que busqué para este momento".



