Delicadas: bello collar de obras cortas con cuentas de recuerdos, sensibilidad y humor

Las enormes actrices de la compañía T de Teatre, con dos actores a su altura: Albert Ribalta y Jordi Rico
Las enormes actrices de la compañía T de Teatre, con dos actores a su altura: Albert Ribalta y Jordi Rico Crédito: David Ruano
Moira Soto
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26 de abril de 2018  

Delicadas / Libro y dirección: Alfredo Sanzol / Intérpretes: Mamen Duch, Marta Pérez, Carme Pla, Albert Ribalta, Jordi Rico, Ágata Roca / I luminación: Albert Faura / Vestuario y escenografía: Alejandro Andújar / Sonido: Roc Mateu / Funciones: Hoy, a las 20,45; mañana, a las 22; el sábado, a las 20; y el domingo, a las 21 / Duración: 90 minutos / Teatro: Paseo La Plaza, sala Picasso / Nuestra opinión: muy buena

En una edición digital de Delicadas, con acotaciones de 2011, Alfredo Sanzol anota una cita de El jardín de los cerezos, de Chejov, referida al momento en que Lopajin intenta descalificar a la criada Duniasha diciéndole: "Sí que eres delicada. Además, te vistes como una señorita. (...) Hay que saber estar en su sitio". Y la verdad es que varios de los personajes femeninos de la obra de Sanzol que trae de nuevo a Buenos Aires a la compañía T de Teatre, a su modo, se salen de la vaina al tratar de no someterse del todo al lugar que se les ha asignado: por ser mujeres comunes y corrientes del interior; por vivir durante la Guerra Civil, la posguerra, la dictadura franquista (salvo un par de excepciones que se cuelan en el siglo XXI). Ellas atraviesan casi una veintena de historias, monólogos, esquicios (en cuanto al uso de pocos y certeros trazos para definir un episodio y sus protagonistas) donde el dramaturgo y director homenajea a madres, tías, abuelas... Mujeres que supieron tomar lo que la vida les daba, relacionarse con la naturaleza, tener complicidad entre ellas, reírse y bailar si había oportunidad...

A través de su obra, Sanzol despliega sucesos que no presenció, todo un anecdotario con sesgos de leyenda familiar que acaso le llegó en forma oral, que incidió en su educación sentimental y que fue almacenando, tamizando para luego recrearlo afectuosamente, poéticamente. Pero sin sacralizar a estas mujeres de las que recupera un perfume, una música, una dimensión metafórica, logrando una especie de destilado donde -aun en situaciones traumáticas- prevalece un sentido del humor alternadamente negro, irónico, ácido, absurdo, cuando no la abierta comicidad.

Como en toda leyenda familiar que se precie, hay historias fantásticas (el ciruelo que da una manzana), románticas a ultranza (el aviador sediento que baja del cielo a beber el agua que le da una chica, y que más tarde reaparece a través de una carta con insólito pedido), picarescas (la de Margarita, la casada infiel que la pasa bien con el pescador ambulante, "más por lo prohibido que por otra cosa"). Y también tenemos a la que guarda esto y lo otro, porque para algo pueden servir, como supo hacer Sanzol con sus recuerdos. En este conjunto de breves piezas, diversas pero afines, no falta una punzante crítica a la censura franquista y a la hipocresía de quienes aceptaban que "hay veces que toca pensar de una manera, y otras veces de otra".

Entre las viñetas engarzadas con notable fluidez en un funcional espacio escénico (solo un árbol y un pequeño rosal permanecen; sillas y otros objetos precisos y bien diseñados entran y salen), también circulan inefables personajes masculinos: maridos, hermanos, milicianos, amigos. Están encarnados por actores que incorpora esta compañía fundada en 1991 por mujeres que han continuado unidas, salvo algún cambio. Ellas son Mamen Duch, Marta Pérez, Carme Pla y Ágata Roca, maravillosas actrices que abordan sus diversos personajes con irresistible desenfado. Por su parte, Albert Ribalta y Jordi Rico componen virtuosamente, a la altura de sus compañeras.

Un vestuario básico que alude mayormente en forma estilizada a los años 40, se complementa con la exquisita iluminación que da el tono de estas visiones de un pasado revisitado con lirismo agradecido. En la faz técnica, vale destacar el aporte impecable de los sonidos que traen los ecos de la guerra, de la lluvia, de lo que sucede en la cocina.

La obra está dedicada a Guadalupe, Gervasia, Isabel, Filo, Trini y María Luisa "porque no las dejaron ser delicadas": está claro que Sanzol no invocó en vano sus nombres.

Por: Moira Soto

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