
"Después de mi separación, pienso más en la vejez"
El artista bahiano regresa con una banda de jóvenes músicos para tocar el 5 y 6 de este mes en el Gran Rex
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Caetano acaba de regresar del carnaval de Bahía y se sienta a su máquina para responder un largo cuestionario por correo electrónico, en el que habla de su nueva era musical, la soledad tras su separación, la genética tropicalista, el rol de intelectual y su fórmula para componer canciones que marcaron un momento del Brasil. Distendido y locuaz, el artista bahiano que viene a tocar al Gran Rex con Banda Ce -formada por los jóvenes Pedro Sá (guitarra eléctrica), Marcelo Callado (batería) y Ricardo Dias Gómez (bajo)- describe el sonido de sus últimos dos discos Cê (2006) y Zii e zie (2009). Con 60 años cumplidos, muestra fina estampa y actitud rockera.
-Después de su separación y en el proceso posterior que se reflejó en el disco Cê , ¿tuvo cierto regreso a la etapa adolescente?
R: -Tengo una personalidad adolescente. Mientras era casado, lo era. Sigo siéndolo. Pero me siento mayor después de la separación, pienso más en la vejez y entiendo mejor lo que puede significar para uno hacer las cuentas de la vida.
-Su guitarrista Pedro Sa dice que le sorprende la capacidad que usted tiene para estar al tanto de todo lo nuevo que surge .
-La verdad es que no paro para escuchar música con frecuencia. Encuentro artificial sentarme y poner un CD para oír. Sin embargo, lo hago a veces. Y, más que todo, mis amigos, mujeres e hijos me enseñan cosas en Internet o en una iPod; yo no tengo. Es muy desorganizado: un poeta brasileño me manda un link de Lula Pena; mi hijo de 17 años me muestra un tema electrónico; Moreno, un CD de Buika; mi ex mujer Paula, una grabación de "Crazy", por Nelly Furtado; en Río, veo a los Dirty Projectors; otras mil cosas llegan así.
-En Brasil dicen que es el cantor popular con más estampa de intelectual. ¿Cómo influyó eso en su obra?
-Creo que lo dije yo -eso de tener estampa de intelectual- y me burlaba de mí mismo. Pero siento que lo que tengo de intelectual tiene poco que ver con el modo en cómo hago las canciones. De verdad, casi es un impedimiento. Si ejerciera mi exigencia crítica sobre mi composición, no habría canciones escritas por mí. Mis reflexiones estéticas más complejas las puedo aplicar sobre João Gilberto cantando "Pra quê discutir com Madame?" -o sobre A la recherche du temps perdu, de Proust- nunca sobre mis canciones o grabaciones. Bueno, sinceramente, hay siempre algo en la estructura de mis shows a lo que aplico pensamientos estéticos complicados: es que los veo como películas llenas de ecos internos de imágenes e ideas. Pero eso lo disfruto solo.
-Banda Cê es un nuevo concepto dentro de su música?
-Sin duda. Es una banda reducida al mínimo, con el máximo de intensidad y riqueza. Tiene la juventud de sus miembros y un nuevo acercamiento de mis viejas relaciones oblícuas con el rock, relaciones que empezaron en los 60. Por otro lado, creo que la experiencia de Zii e Zie puede llevarme a cosas más radicales que las canciones de Cê (que son más radicales que éstas, más nuevas). Más sonido, más sentido y menos referencias explícitas.
-Señalaba que, en un momento, el rock era considerado basura por los esnobs . Entonces, ¿qué le interesa como expresión de ese movimiento?
-Nunca fui un esnob. Estaba demasiado interesado en las sutilezas de Miles Davis para que tuviera tiempo de escuchar a Elvis Presley. Los esnobs tardaron mucho en admitir lo que era información nueva en el rock -estilo que antes de los Beatles- era sentido como basura comercial; soy lo bastante viejo como para ya estar aquí en esta tierra, mientras todo eso pasaba. Gilberto Gil y yo lo descubrimos tan luego captamos la señal de los Beatles (para ser sincero, me acerqué más vía Roberto Carlos: nunca fui un beatlemaníaco). El rock trajo energía popular y desmontó el esquema de composición de las grandes canciones de los años 30 y 40. No es como "The Man I Love", "Garota de Ipanema" o "La vie en rose", en que la creación está completa en la secuencia de acordes, frases melódicas y letras. Pero teníamos conciencia de que el rock significaba cambio en las perspectivas estéticas, desde el punto de vista de la cultura de masas o del folklore urbano internacional del siglo XX.
-¿Cómo explica su obra en el contexto de la historia del Brasil?
-Siempre me sentí involucrado en la historia brasileña. En los años 60, los nacionalistas (en general, de izquierda) rechazaban mis búsquedas por americanizadas y los nacionalistas de izquierda, más moralistas, por comerciales. Aquellos que, de hecho, estaban interesados en parecerse a los norteamericanos pronto me encontraron demasiado brasileño y poco rockero, demasiado identificado con nuestro subdesarrollo. Pero siempre estuve interesado en profundizar la cuestión de la originalidad del Brasil. Somos un pueblo mestizo que habla portugués en América del Sur: son demasiadas desventajas para que yo no me incline a convertirlas en una bendición.





