
Diana Krall, entre el jazz y la canción
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Presentación de la pianista y cantante Diana Krall, con Anthony Wilson en guitarra, John Clayton en contrabajo y Jeff Hamilton en batería. Anteanoche en el Gran Rex.
Nuestra opinión: bueno
Cada actuación de la cantante y pianista Diana Krall en Buenos Aires tuvo sus propios ribetes. En la primera de sus visitas, en septiembre de 2000, la canadiense mostró que atravesaba un gran momento artístico; la segunda, en febrero de 2005, la encontró inclinada hacia un modelo menos jazzístico y más vinculado con la canción; en esta tercera oportunidad mostró cierta falta de renovación y un esquema musical más apoyado en las individualidades de su grupo en el que terminó por parecer casi desganada. Anteanoche, la esbelta "rubia del jazz" no generó momentos especialmente intensos, salvo cuando hizo un tema de Joni Mitchell, que sonó con mucha convicción y sentimiento. No obstante, la artista supo llevar adelante un show entretenido en el que no faltó la sensualidad de su voz, ni el swing aunque sin la gracia de otras veces.
El Gran Rex lleno y una voz en off la presenta. Entra caminando despacio, pero una vez sentada, arranca con un velocísimo "I Love Being With You" que el grupo intentó seguir y al que le costó alcanzarla. Un momento de algunos desajustes, para luego ir ensamblándose detrás de la cantante.
Siguió con "Let s Fall In Love", una balada a medio tiempo que fue tomando velocidad hasta desembocar en un logrado solo de Anthony Wilson, un guitarrista con un criterio amplio como armonizador; sus solos parecieron reflejar una cruza entre Herb Ellis y John Scofield, interesantes y con empuje, algo que le faltó a la cantante. A lo largo del show, tanto Wilson, como el contrabajista John Clayton y su ya histórico acompañante, el baterista Jeff Hamilton, crearon ese color propio que tiene el jazz con constantes solos e intervenciones ajustadas como para sostener el andamiaje musical. Si bien la Krall hizo sus solos, dio la sensación de no estar en contacto con el piano de manera asidua. Sus improvisaciones fueron en todo caso rápidamente olvidadas frente al empuje de su sección rítmica.
Sólo en "I ve Got You Under My Skin" su improvisación estuvo a la altura de su talento. Planteó solamente algunas de las notas de la frase melódica, casi a modo de sugerencia, para luego abordar la recreación de otra melodía que tampoco llegó a tomar una forma concreta, ya que una vez descubierta retoma el motivo original. De sus acompañantes, quien estuvo más sobre ella fue Clayton, que marcó, bien cerca de la pianista, con pulso firme y potente. Quien quizá más se lució fue Hamilton, con solos torrenciales y un manejo de la situación escénica de experto en climas. Cuando el show necesitó de cierta tensión, ahí estuvo el baterista, con una serie de solos; un músico algo repetitivo pero entretenido y con un estilo muy Gene Krupa.
La artista dejó una buena impresión, incluso, estuvo más afable que en las oportunidades anteriores. Cerró la noche con dos bises y un "Feliz Navidad" retribuido por un larguísimo aplauso de un auditorio conquistado desde el primer minuto.






