
Divididos: bajando el volumen
El trío remoza sus canciones para presentar un concierto electroacústico en el teatro Gran Rex
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En la negrura de la quinta de Parque Leloir, la sala de ensayo de los Divididos es una isla de sonidos y calor. La salamandra arde, dicen, desde hace horas. Allí, Ricardo Mollo, Diego Arnedo y Jorge Araujo van transformando sus canciones, mutándolas para el formato electroacústico del recital que darán, en el teatro Gran Rex, el 16 y 17 próximos.
Suena "Agua en Buenos Aires", para el que se suma Tito Fargo. Batería sencilla la de Araujo, guitarra eléctrica para Mollo y un extraño bajo en las manos de Arnedo. "Es como una balalaika gigante -había contado justo antes de comenzar el tema-, lo encontré en una casa de cosas viejas, lo tenían por ahí". Trabajo y luthier mediante, lo que estuvo arrumbado como "mueble" se convirtió en este gran bajo de tres cuerdas.
Por todos lados, sobre las varias alfombras de la amplia sala hay instrumentos. Guitarras acústicas, eléctricas y portuguesa, bandurrias, bajos, udus, un cajón peruano. Y equipos de amplificación chicos, como antiguos. Uno de ellos es el que, al final de "El burrito", no deja de emitir un zumbido insoportable. "Es una válvula", dice Mollo y hay suspiros de alivio cuando, al apagarlo, vuelve el silencio.
El trío está en estado de experimentación. El trío inquieto. El que puede ser bautizado "aplanadora del rock", pero que también es capaz de subir un disc jockey al escenario del Luna Park. El que reunió a casi 20 mil personas en su último show, en Obras al aire libre y que, ahora, elige el teatro, las butacas, el volumen bajo.
El germen de lo que tienen entre manos fue uno de esos "experimentos", el que realizaron a mediados de 2000 en el estudio de la radio Supernova. "Desde entonces teníamos ganas -dice Mollo-, pero iba quedando relegado por otras cosas. El disco, por ejemplo. Pero ahora, entre las salidas que estamos haciendo al interior a tocar, decidimos ponernos las pilas para hacerlo."
A Mollo no termina de convencerlo la palabra electroacústico. "Suena a instrumento medio berreta", dice de este show que mejor define como "acústico con partes electrónicas más que eléctricas, porque hay muchos aparatitos".
La lista de temas no es, esta vez, tan extensa. O, por lo menos, no llegan a treinta, en una banda que supera muchas veces ese número. Pero sí, aseguran, habrá variedad, "episodios diferentes", agregan y varios invitados: Tito Fargo, Mono Fontana, Pablo Rodríguez (saxofonista de los Decadentes), Juanchi Balierón (de Los Pericos) y, tal vez, Semilla Bucciarelli.
"Los temas más experimentales son los primeros -aclara Mollo-. "Villancico del horror", "Casitas inundadas, a votar", "Como un cuento" y "Qué ves?" En el primero empezamos Jorge con cajón peruano y yo con acústica."
Otros han sufrido varias mutaciones. "15-5", que fue electrificándose con el tiempo, ahora ha vuelto a ser una canción despojada. "Quedó como un standard. Es una versión que parece que va a entrar Patricia Barber a cantar pero no", bromea el guitarrista.
-¿Cuánto hace que no tocaban en un teatro con butacas?
Diego Arnedo: -Muchísimo. Esa es la otra parte del experimento. Aparte de lo musical está esto de invitar a la gente a que tome asiento.
Ricardo Mollo : -Hace mucho tiempo tocamos. Más o menos 13 años. Estaba Collado. Fue en el Teatro Alvear. Creo que fue la única experiencia con butaca. Y antes, en la época de los Astros con Sumo.
Jorge Araujo : -Claro, yo vi a Sumo una vez, sentado.
Más allá de recuerdos y bromas, la propuesta también tiene que ver con otra disposición a la escucha. "Se pueden generar climas diferentes, como con "Spaguetti del rock" o "Vengo del placard...", que van a ser muy bajos. Pero también es una necesidad, porque mucha gente que venía a vernos ahora no tiene ganas de estar parada, transpirando y les dejaron paso a los más jóvenes. Entonces le decimos "vení, sentate". Se invirtió la cosa, los que estaban adelante haciendo pogo, ahora estarán atrás", dice.
JA: -Y es la mejor manera para este formato. Ese bajo de Diego no lo puede usar al aire libre, con viento que se mete por el micrófono de contacto y te acopla todo.
-¿Es un desafío que no vaya a estar esa energía que aporta el público en sus recitales: las banderas, las bengalas...?
RM: -Seguro, porque eso que ponen los pibes es como un grito de guerra, y vos salís con todo. Ahora vamos a salir a una cosa más tranquila. Es más exigencia, porque, acostumbrados a esa adrenalina que viene y después va la nuestra, acá será otra cosa. Pensá que el primer tema son dos tipos sentados, tocando.
JA : -Estamos en terreno desconocido todos, es un reto.
RM: -Cuando hicimos el Luna, con Zucker, no daba el ambiente, porque el estadio te pide cosas grandes, te pide volumen. No tenés intimidad. Acá va a haber un exceso de intimidad, hay que ver si no nos intimidamos. Y al no tener el volumen, que todo lo desfigura, hay que ser más preciso con lo que tocás.
DA: -Los instrumentos acústicos tienen otro dominio y hay que reconocerlo para combinarlo. En eso estuvimos, en reconocer los sonidos para poder versionar las canciones.
RM: -También descubrimos que el volumen es bajo pero la intención es la misma. La actitud frente al instrumento es igual porque sos la misma persona. Y se va a notar más lo que hacemos nosotros, no lo que hace el volumen. Es una apuesta.
DA: -La carga emocional puede ser igual o la puede superar. Vamos a tocar desde otro lugar, reduciendo, un sonido chiquito pero que emocionalmente puede crecer.
Cuentan que unos días atrás fueron al Gran Rex con algunos instrumentos para grabar una promo para televisión. Estuvieron tocando y se entusiasmaron más aún. "Te das manija porque tocás un acorde con la guitarra acústica y suena bien, hasta pensamos en no amplificar nada y pedir silencio", dice Mollo.
El comentario trae a cuento una vieja oferta frustrada de tocar en el Colón. Un proyecto que fue la verdadera génesis de éste y que los tuvo muy entusiasmados. "Pensábamos hacerlo sin ningún cable, yo estaba tomando clases para poder sacar la voz en un lugar sin amplificación. Pero todo se cayó a pedazos. La idea era volver a la música antes que exista el micrófono."
Tanto embale tienen que el proyecto es, tras los dos Gran Rex, ir con este formato por los teatros de las provincias.
JA: -Es de lo que tenemos ganas. Capaz que lo hacemos ahora y no lo hacemos nunca más.
RM: -O quedamos así para siempre.
DA: -Nooooo. Un poco de intensidad máxima es necesaria.
RM: -Se calentó el Cóndor, guarda.
Y estallan las risas. En trío.





