El arte del simulacro
Anécdotas y reflexiones sobre una práctica que puede llevar a momentos incómodos, como el que vivieron Los Nocheros, el lunes 15, en el estadio mundialista de Córdoba
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Playback: cuando nada falla, el oyente sólo comenta por lo bajo; cuando sale mal, los músicos que lo utilizan pasan un gran papelón.
Salga bien o mal, pocas veces pasa inadvertido y el público quizá nunca termine de aceptarlo. No tiene por qué hacerlo (la prueba está en la cantidad de lectores de LA NACION interesados en el bochornoso playback de Los Nocheros; de las noticias aparecidas el último miércoles fue la más consultada en la edición on line, en porcentaje significativamente superior a las referidas a la política y el deporte).
El mal paso que dieron Los Nocheros ocurrió mientras se presentaban junto a otros artistas ante unas 40 mil personas en el estadio mundialista de Córdoba, para la fiesta de aniversario de un programa de radio. En medio de un tema, la compactera falló y puso en evidencia la mímica que ofrecía el grupo salteño.
Tras los abucheos y silbidos, Mario Teruel ofreció explicaciones al público y a varios medios cordobeses. Y tres días después, debido a la trascendencia que tomó el hecho, su hermano Kike volvió a manifestarse durante una entrevista radial. "Fue una cosa tremendamente espantosa para nosotros y, obviamente, no lo haremos más. [...] Cantábamos sobre pista porque realmente Jorge [Rojas] estaba reventado de la garganta. Lo hicimos porque pensábamos que iba a salir mejor y sin ninguna mala intención."
En otro tramo de la entrevista expresó que el playback era un recurso artístico técnico válido, según vengan las circunstancias.
Más que válido, habría que decir que es usual y que está totalmente instalado, especialmente en la televisión. En muchos programas, que un grupo o solista se presente en vivo es un hecho para destacar por conductores y animadores. El playback, en cambio, se ha hecho costumbre y ya nadie se asombra al escuchar orquestaciones elocuentes mientras en pantalla se ve apenas un puñado de músicos con instrumentos totalmente desenchufados. Pero que sea costumbre no significa que resulte grato. No deja de ser una estafa.
Algo mucho más grave es cuando se recurre a la simulación durante recitales en auditorios, teatros y estadios. Al respecto se puede mencionar un anecdotario que no comienza con lo que les sucedió a Los Nocheros. Hasta se podría escribir un libro sobre el tema, si es que aún no se ha escrito.
Uno de los antecedentes más resonantes en nuestro país es el del cantante Demis Roussos. Luego de un show que dio en el Teatro Opera, a principios de los ochenta, un grupo de espectadores lo denunció en la comisaría 3a por hacer playback. El sumario llegó a manos de un juez de instrucción. Más tarde, Demis declaró: "Yo canto en directo, pero me apoyo en una cinta grabada para que mi actuación logre mayor lucimiento [...]. No me siento culpable. Deseo enriquecer lo que presento y para ello utilizo todos los medios técnicos a mi alcance".
Aunque no llegaron a la Justicia, muchos otros casos adquirieron trascendencia. En los últimos años, las principales divas del pop fueron señaladas por utilizar grabaciones en sus shows. En 2000, a Christina Aguilera se la acusó de hacer playback en el ciclo "Saturday Night Live", una herejía para este programa de culto de la tevé norteamericana. Y Britney Spears fue condenada por la multitudinaria asistencia del festival Rock in Rio, de 2001, porque había utilizado el mismo recurso.
Luego de ser despedido por Celine Dion, el baterista Peter Barbeau dijo que la cantante había realizado playback en los conciertos de la gira de 1999. "En gran parte de sus actuaciones en vivo mueve los labios mientras se emite una grabación digital con su voz", declaró a la prensa canadiense. Cierto o no, fue un comentario realmente duro para la ganadora de un Oscar por el tema central de la película "Titanic".
Fantasmas de la mímica
El abuso de esta práctica hace que se llegue a "escuchar" el playback hasta donde no lo hay. Y de las sospechas, ni siquiera los Rolling Stones se salvaron. En 1996, la revista alemana "Der Spiegel" aseguró que el grupo había usado pistas pregrabadas de instrumentos y voces en varios conciertos de la gira "Voodoo Lounge". Finalmente los Stones demostraron que no era cierto. Por semejante oprobio pidieron una rectificación y así salvaron su buen nombre, sobre todo frente a sus fans.
Porque también hay que decir que el playback no causa las mismas reacciones en todos los ambientes musicales. En el rockero, por ejemplo, el público necesita sentir la fuerza del vivo aun cuando los músicos basen buena parte de su trabajo en la electrónica.
El playback a veces puede ser una mala palabra. En 1995, el grupo panameño Los Rabanes fue invitado como telonero a una gira de Maná y obligado a hacer playback. En prueba de repudio, rompieron sus guitarras frente a 7.000 personas.
Algunos años antes, Ricardo Mollo, guitarrista de Divididos, había sido contundente en sus afirmaciones: "Decidimos no ir más a la televisión a hacer playback porque nos parece una mentira para nosotros y hacia el público. Otros, en cambio, no son capaces de manejarse solos y entonces van a una agencia y ceden a cambio de un servicio. Es una cuestión de carácter".
El cantante Guillermo Novellis, en cambio, dice que al grupo La Mosca no le avergüenza adaptarse a las reglas del juego: "La verdad, no me puedo imaginar a Divididos haciendo playback en lo de Tinelli. Pero pensá que nosotros somos una banda del interior y no empezamos tocando en el circuito de locales porteños, como otros grupos. La televisión ayudó a que nos conocieran. Ocurre que los programas no te pueden garantizar calidad para sonar bien. La urgencia no lo permite. Nos sucedió acá, en Portugal, Canadá, España, Holanda o los Estados Unidos. También usamos pistas con micrófono abierto en un par de temas para un mundial de rugby. Ahí la participación era una pequeña parte del espectáculo. Somos una banda práctica; nos adaptamos a las situaciones".
Sin embargo, el cantante también se encarga de aclarar que todo suena en vivo en sus propios shows. "En los recitales jamás usamos una pista de apoyo porque la banda se la banca y porque la gente está pagando una entrada para vernos."
A principios de los noventa, en la música tropical el playback era algo cotidiano. "Era común con grupos como Comanche o Peluche", dice Daniel "Tota" Santillán, conductor del programa "Pasión de sábado".
Con unos cuantos años en el medio, Santillán tiene varias anécdotas. Habla de un compacto que saltó en un show de Comanche y del escándalo que provocó una cinta rota del grupo Lambada durante una presentación ante un Monumental de Merlo colmado. "Aunque también recuerdo cuando Rodrigo impuso lo de tocar en vivo. Ahora todos los grupos tocan", dice el animador.
Pero también admite que en la tevé, y sobre todo en emisiones de siete horas, como la que conduce la "Tota", la reproducción de la media pista (los instrumentos sin las voces) o el playback completo sigue siendo la herramienta más útil.
Además de escándalos, las pistas grabadas fueron motivo de burla. En el programa falso que conducía Valeria Lynch como un segmento de Videomatch, más de una vez los discos se detenían o aceleraban para fastidiar a las víctimas que caían en la trampa.
Otra buena broma es una supuesta grabación de Enrique Iglesias que circuló este año en MP3 por Internet. Cuenta la leyenda que es el registró de una presentación del cantante español en televisión. Mientras sonaba el disco, Enrique decidió cantar en vez de hacer mímica. Su interpretación no salió al aire pero quedó registrada. Se presume que es Iglesias, aunque resulta llamativo que la desafinación sea tan grosera. Parece un poco retocada por un programa de computadora. Prueba fiel o broma ingeniosa (hay que desconfiar un poco de ambas), la grabación produce sensaciones que van de la decepción a la risa o el espanto. Esas cosas que puede provocar el maldito playback.




