
El artesano de los sonidos de la Quebrada
SAN SALVADOR DE JUJUY.- Quinientos chicos de escuelas primarias de Jujuy cantan los temas de Ricardo Vilca de principio a fin. En esta provincia, el tema "Guanuqueando", que llegó a grabar hasta el trío Divididos, es tan conocido como el feliz cumpleaños. Los alumnos que asisten a una clínica abierta de ritmos regionales en el teatro Mitre, como lanzamiento del programa "La música de todos" (ver recuadro), le piden otra, y el compositor y docente no se resiste al pedido.
Para quienes alguna vez pasaron por esta región, el músico es una referencia indiscutida y artistas como León Gieco lo veneran. Para quienes recién lo están descubriendo, su arte sorprende porque no se parece a nada de ese pintoresquismo con el que suele estigmatizarse a la región. Sus composiciones inspiradas en lugares sagrados de la quebrada, ritmos de danzas antiguas, sonidos de pájaros, las fugas de Bach y las bandas de sikuris, se transformaron en pequeños mantras musicales para los devotos seguidores que comenzaron a peregrinar por su casa. Con su cuarteto de guitarra, charango, quenas y bajo; con temas netamente instrumentales y el hilo de su voz, Vilca se convirtió en el gran maestro del Noroeste.
Su tozuda persistencia a seguir viviendo en Humahuaca; su necesidad de seguir dando clases de música a los más chicos y sus esporádicas bajadas a la Capital le trajeron un reconocimiento tardío. Ahora están filmando un documental sobre su vida. Cada vez que actúa en Buenos Aires llena los lugares sin ninguna promoción. Sus obras fueron ejecutadas en el Teatro Colón y su presencia ante multitudes en recitales de rock se está transformando en una rutina. Este mediodía se presentará junto con la Orquesta Juvenil de Jujuy, en el Festival de Orquestas Juveniles que comenzó ayer en el Colón. Mañana y pasado mañana se presentará con su propuesta solista en la Peña del Colorado, Güemes 3657. Seguramente, la madrugada lo encontrará en alguna guitarreada, compartiendo con chicos de otra generación que sigue a Los Piojos o La Renga. Es el ecléctico universo de Vilca.
Maestro de maestros
En Humahuaca, las campanadas de la iglesia que motivaron muchas de sus obras marcan el comienzo de la siesta en el pueblo. Los turistas son los únicos que caminan por la calle. En su casa, a escasos metros del Monumento al Indio, el guitarrista y compositor templa la fría tarde con un vino. Vilca transmite la serenidad de un monje. Mecha, su mujer, se entrega concentrada al tejido.
-En su región lo consideran un maestro. ¿Se siente cómodo en ese rol ?
-Siempre me gustó enseñar, aunque para mí siempre fue un aprendizaje. Cuando empecé como docente rural estaba acostumbrado a trabajar en varias escuelas con la música. Como no había instrumentos, enseñaba las notas con botellas llenas de agua. En esos lugares alejados la música es como una necesidad entre tanto silencio. Por ahí, andaba de un lado a otro con la moto porque eran grandes distancias y me detenía a tocar el charango. Parece que la gente recibía el afecto de la música y por ahí me respondía con algo de ellos. Me regalaban medio kilo de coca; en otra bolsita me daban un poco de papa criolla. Así me devolvían ese rato de música.
Los maestros de Vilca, a lo largo de los años, fueron la paciencia y el silencio. Su abuela fue la primera que le pagó un curso para que estudiara música con un vecino. Tenía 13 años y el profesor era muy exigente para conseguir su atención. "Me dijo que tenía que aprender la zamba «7 de abril». «No te enseño nada más hasta que aprendas eso». Estuve como dos semanas con la misma lección y dejé de ir, pero me dejó la enseñanza de poder superarme. Dormía con la guitarra y era como mi instrumento de juego. En vez de ir a jugar a la pelota, me quedaba tocando. Cuando dejé las lecciones traté de sacar esa zamba. A partir de ahí comencé a tocar otras cosas porque, sin darme cuenta, ya había adquirido agilidad en los dedos."
Los otros sabios maestros que el músico quebradeño tuvo durante su adolescencia fueron el tiempo y las guitarreadas. "Primero me fui haciendo solo, pero también caía mucha gente a las guitarreadas en casas de mis tíos. Sus amigos me pasaban algunas posiciones en la guitarra y el resto lo aprendía orejeando."
Seducido por la primera guitarra eléctrica que llegó al pueblo, se la compró y comenzó a tocar en los carnavales junto a Fortunato Ramos. "Hacíamos temas de moda y mucha cumbia. Con eso me ganaba unos pesos. Eramos adolescentes y estábamos atentos a la información de la radio. Todo era novedad. Hasta que llegó un momento en que me cansé de andar en bailes. Quería hacer otra cosa con los instrumentos naturales de acá, como el charango y la quena. Recién ahí me puse a estudiar música con un profesor de piano que se había jubilado y que me hizo conocer la música clásica".
Un nuevo mundo se abrió para el joven aprendiz que comenzó a percibir otra dimensión de la música. "Me costaba mucho estudiar el piano porque quería hacer las cosas a mi forma, sin respetar la partitura. Una vez que pude leer, me dio una partitura que era el arroz con leche. Me sentí ofendido. Ahí me dijo que usara la mano izquierda y descubrí el arreglo, que era otra cosa totalmente distinta. Juntaba las dos cosas y se armonizaba. Fue descubrir que hasta lo más simple podía sonar hermoso."
Lo primero que Vilca puso en su papel no fue folklore, sino música clásica, pero un trabajo le cambió la perspectiva. "Tuve que irme lejos y en esa soledad a uno le agarra nostalgia de su lugar. Fue una linda experiencia porque me reencontré con el folklore y empecé a amasar esta idea. Al principio no fue aceptada porque me decían que era música para velorios. Me ayudó mucho la gente que venía por acá. Decía que no se parecía a otras cosas. No era algo tradicional, sino canciones con el sabor de la quebrada, con lo que sucede en nuestras fiestas religiosas y con mi gusto por la clásica."
Durante años, su primer casete circuló de mano en mano, casi de la misma manera artesanal que hoy circulan sus tres compactos: "La magia de mi raza" (1993), "Nuevo día" (2000) y "Majada de sueños" (2003). En 1977, conoció a León Gieco cuando llegó a la quebrada con su proyecto De Ushuaia a La Quiaca. "Un día, saliendo de una guitarreada a las cinco de la mañana, me lo encontré caminando solito por Tilcara. Charlamos y le pasé un casete mío. Al otro día me llamó a mi casa y se dio un lindo encuentro. El le puso letra a un tema mío y lo grabó en uno de sus discos."
Con el tiempo, la música de Ricardo Vilca despertó un magnetismo inusual en todos los que pasaban por la quebrada de Humahuaca. "Mucho surgió a partir de un encuentro de músicos de acá, que era como un homenaje a mi abuelo. Entonces cocinamos una cabeza guateada y un asado para invitar a la gente. De machaditos se nos ocurrió decir que íbamos a seguirla el año que viene. La gente tomó en serio la promesa y a partir de ahí todos los 7 de enero nos encontramos. Así fue que los amigos invitaron a otros amigos, los turistas que venían le comentaban a otra gente lo que pasaba y nos comenzaron a visitar todo el año. Hace ocho años que lo hacemos y es una forma de revalorizar lo que es nuestro".
Vilca se queda con la mirada perdida, disfrutando el silencio de la tarde. Muchas de sus canciones surgieron en esa quietud. Esperando el milagro de la canción.
Para todo el país
En distintos puntos del país, alumnos de quinto grado participarán del programa "La música de todos", organizado por la Secretaría de Cultura de la Nación. El programa que arrancó en Jujuy, con Ricardo Vilca y el grupo Chajmiri como talleristas y la presencia de Rolando Goldman, que preside la Dirección Nacional de Artes, buscará difundir los ritmos regionales.
Cada provincia tendrá su propio equipo formado por músicos y bailarines, que trabajarán una vez a la semana en las escuelas de las áreas más pobres. Después se realizará una muestra con el trabajo de los chicos. Ricardo Vilca, que tambien actuará mañana, a las 18, en el Centro Nacional de la Música, tomó la posta del proyecto. "Siempre trabajamos con las escuelas de la quebrada y ahora surgió esa propuesta para que los chicos de la capital conozcan la música y las danzas de la quebrada, la puna, el valle y la selva. Se hace necesario porque se ha perdido nuestra cultura por la educación que tuvieron, se prohibieron nuestras costumbres, la copla era mal vista, ahora es al revés se busca transmitir esto para que los chicos no pierdan su identidad", reconoce el artista.





