
El chamamé sedujo a los ingleses
El músico argentino obtuvo elogiosas críticas de los medios por su presentación
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LONDRES.- Chango Spasiuk logró su cometido: desconcertar y conmover corazones en el frío otoño de Londres. Llegado en el momento menos oportuno, con la ciudad en alerta máximo por un posible atentado e hirviendo de manifestaciones por la visita de Bush, el misionero y su grupo presentaron "The Charm of Chamamé" ("El encanto del chamamé") en el prestigioso London Jazz Festival, que organiza la BBC. Música "desnuda" y "pura", como le gusta a él, que le ganó las críticas más elogiosas en medios como The Observer, que lo definió como "un virtuoso que no busca impactar, sino crear atmósferas".
"Con su música -dice la publicación- Spasiuk llena de luz los livings y hace desear a uno que un viaje en coche dure más, para terminar de disfrutar todos los temas".
-Te tocó tocar el mismo día de las manifestaciones contra la visita de Bush. ¿Participaste?
-El día del concierto en la BBC salimos supertemprano del hotel para no llegar tarde a la prueba de sonido, porque había muchos problemas de tráfico por las marchas. Pero yo no vine a hacer una protesta aquí, y no siento que ir a la calle cambie algo. De existir la posibilidad de un cambio, es más lento el proceso, es más cotidiano y más personal.
- ¿Qué sensaciones tuviste arriba de este escenario tan especial?
-Me sentí muy bien, sentí a la gente muy conectada. Hay diferencias: por ejemplo, en Alemania, el público grita más después de cada tema, mientras que acá gritan más al final de todo el concierto ( se ríe ). Durante el concierto está todo muy tranquilo, pero al final del todo se pusieron eufóricos. Sentí que la gente se acercaba a mi música no para entretenerse, sino para alimentar algo adentro.
-¿En qué lo notaste?
-Pienso que si a este concierto hubiera venido un argentino se hubiera sorprendido mucho. Porque un argentino trae toda la carga que tiene el chamamé, esa histórica marginación al chamamé y la no aceptación de lo que representa esta música: la periferia de Buenos Aires, los obreros que vinieron del Litoral a trabajar. La reacción sería "¿Cómo, chamamé en el London Jazz Festival?". Pero claro, el inglés no tiene esa carga. Viene a escuchar una música y está absolutamente abierto.
-¿Qué decodifican los europeos cuando decís "chamamé"?
-Suelen preguntar mucho qué quiere decir la palabra, y yo les contesto que "etimológicamente" la palabra no quiere decir nada. La gente siempre quiere entender todo, saber el porqué de todo, pero hay cuestiones que no se pueden terminar de comprender totalmente desde lo racional. A su vez, la palabra quiere decir muchísimo: 300 años de historia, la convivencia de todos los colores, de toda la diversidad cultural, desde los guaraníes hasta la mezcla con el español, los criollos, los inmigrantes, el sur de Brasil, Paraguay. Hay algunos que dicen que viene de una deformación de la palabra guaraní que significa "doy sombra a menudo", porque antes el chamamé se bailaba debajo de las enramadas. Pero el chamamé es mestizo, viene de la mezcla, sería irrespetuoso considerar que los guaraníes tocaban chamamé, porque ellos son un país dentro de nuestro país, con miles de años de historia, no 300 años. Sí hay grandes influencias estéticas de esa cultura, porque son de ese lugar de la tierra, pero sería irrespetuoso colgarle un acordeón a un guaraní, que no lo tocaba. Acá me preguntan eso, del chamamé, y otras cosas que no pueden entender...
-The Observer dice que es difícil "intelectualizar" tu música, pero que enseguida transportás al público "lejos de la ciudad".
-En cierta forma se trata de eso, pero la atmósfera no necesariamente tiene que ser el campo. La posibilidad de aislarse un poco de lo cotidiano, de ir a un lugar donde uno está un poco más a salvo, adentro de uno, eso es lo que busco. Mi intención, de todas formas, es acercarme a la belleza, no creer que yo estoy acercando a todo el mundo a la belleza. Yo toco música porque me hace sentir más a salvo. Siempre cito a Yupanqui cuando dice "la luz que alumbra el corazón del artista es una antorcha que usan los pueblos para ver la belleza en el camino". Esto puede resultar difícil de entender cuando uno viene de tocar en los festivales de folcklore y todo es en términos de mercado, fiesta, las palmas.
- Rudi, uno de los hermanos Flores que viven en Francia, dijo que al chamamé hay que "vestirlo", no "disfrazarlo". Vestirlo, porque el europeo no puede disfrutarlo como un correntino que lo escucha tomando mate en shorts en su casa. ¿Creés que hay que adaptar o vestir al chamamé "for export"?
-No, en absoluto, creo que cuanto más puro, mejor. No hay que vestir nada, vestir la música puede venir de la subestimación que uno trae por culpa del mercado, pero no tiene que ver con el arte o la belleza. Mi sonido es una necesidad interior mía, no una necesidad del mercado o de los gustos de las personas. Si yo supiese cómo hacer eso, mi situación sería bastante diferente (se ríe). Con respecto al europeo, que está acostumbrado a escuchar músicas puras, étnicas, de miles de partes diferentes del mundo, uno tiene que ofrecer lo que tiene, y mejor si es puro, despojado de residuos estéticos y si tiene un color propio.
- ¿Qué son "residuos estéticos"?
-Son los que aparecen cuando uno coquetea con el jazz o con el rock.
-¿La música de Piazzolla tenía residuos estéticos?
-No, porque Piazzolla amaba el jazz y usaba herramientas de la música clásica, pero no hay elementos de jazz en su música. No hay que confundir "mezcla" con "desarrollo". Una cosa es mezclar, "fusionar" esto con lo otro y lograr un tercer producto. El desarrollo honesto, profundo y balanceado de forma y contenido es algo muy diferente. En mi caso, yo no quiero complicar el chamamé, sólo quiero crear una atmósfera. Quiero buscar un color en mi música. Así como Kandinsky buscaba el sonido de la imagen, ¿por qué no trabajar en la imagen del sonido?
-Estos dos últimos años estuviste viajando por el mundo, pero en la Argentina no podés encontrar un productor para tu próximo trabajo. ¿Qué creés que pasa?
-(Se ríe) Los cambios en mi música en algún momento me desconectaron del mercado, del circuito del folklore. También ha cambiado mi relación con los sellos o con los que fueron mis sellos. Pero mi relación con la gente sigue siendo de respeto y de una excelente conexión. No tengo problemas con el público argentino, sí, quizá, con lo que hay en el medio. Sería bueno que en la Argentina crezcan los circuitos alternativos en el interior del país. Creo que no hay un buen futuro para el país si en la idea del país siempre tiene que cerrar el billete. La diversidad cultural no es un problema, es un tesoro.
-¿Qué vamos a ver en tu próxima presentación en Buenos Aires, en el teatro ND/ Ateneo?
-Mi último disco es "Chamamé crudo". A partir de ahí, la música no va a cambiar mucho en cuanto a la composición, pero sí el color y el timbre. Va a ser ciento por ciento acústico, con contrabajo, con percusiones, violín, guitarras, bandoneón, acordeón. Con lo acústico, la música aparece desnuda. Justamente, no está tan "vestida".
Chango en Londres
- Críticas: El diario The Observer dijo que es "un virtuoso que no busca impactar, sino crear atmósferas".
- Actuación: Se presentó en el prestigioso London Jazz Festival donde dio a conocer "The Charm of Chamamé" ("El encanto del chamamé").
- Sala: A pesar de que tocó el mismo día en que las calles de la ciudad estaban congestionadas por protestas contra Bush, llenó el 80 por ciento de la sala.






