
El misterioso encanto de Larry Coryell
Presentación del guitarrista norteamericano Larry Coryell. Con el bajista Victor Bailey y el baterista Alphonse Mouzon. El viernes último, en el Auditorio de Belgrano, Virrey Loreto 2348, Capital.
Nuestra opinión: muy bueno.
Fue uno de los padres del jazz rock. ¿Por qué, entonces, no ha tenido aquí la suerte de muchos de sus colegas, algunos con más cartel, pero no tanto talento? Es un misterio tan insondable como el del triángulo de las Bermudas, que se acrecentó luego del brillante concierto que el guitarrista Larry Coryell brindó el viernes pasado en el Auditorio de Belgrano, acompañado por otras dos glorias de la fusión de fines de los años setenta y, sobre todo, de los ochenta: el bajista Victor Bailey y el baterista Alphonse Mouzon.
Con pinta de científico loco, Coryell demostró por qué, a los 66 años, parece el más original de los guitarristas de jazz de su generación y por qué haber grabado unos 70 discos a lo largo de 40 años no le aportan olor a nostalgia, sino sabor a nuevo.
Ya en el comienzo del recital, con "Bebop De Dobop", un pequeño ejercicio de hard bop compuesto por Mouzon, la veloz digitación de Coryell, además de un estilo limpio, cristalino, pareció una declaración de principios de lo que vendría. Y el baterista, con anteojos para sol y dreadlocks , sumó un solo que hizo vibrar las paredes del barrio.
Coryell se propuso hacer un repaso de su larga carrera, esa misma que comenzó con Charles Lloyd en 1966 y se elevó a su punto máximo con The Eleventh House, en 1973, con el que compitió por ubicarse en el podio del ascendente jazz rock con Return To Forever y Weather Report. También compartió un proyecto con John McLaughlin y Paco de Lucía, se metió con Stravinsky y Rimsky-Korsakov y, en los últimos años, abordó desde la música brasileña hasta el blues, sin descuidar el jazz rock.
Anteanoche, Coryell comenzó a electrificarse y a parecer poseído por Jimi Hendrix, con "Low Blow", a un ritmo frenético y el scat de Bailey. Lo que siguió, con "The Funky Waltz", fue pura magia negra, rítmicamente venenosa, que contagió a las plateas.
La pausa llegó, a solas y con una guitarra acústica, cuando Coryell le dio nueva vida al clásico de Gershwin "Love Is Here To Stay". De la misma forma cinceló nuevas aristas para el "Bolero", de Ravel. "Orfeo Negro", de Luiz Bonfá, con Bailey y Mouzon, sonó estereotipada. Pero el final se puso incandescente con una versión de "Cover Girl", de The Eleventh House, de un rabioso funk, y bises que lograron que la gente se parara para ovacionarlos: la clásica "Birdland", a dúo entre Bailey y Mouzon (dos ex Weather Report), con el bajista, cerca de entrar en los récords del Guinness, haciendo la melodía y la base con el instrumento. Y una emocionante "She´s Leaving Home", de Lennon y McCartney, con la que Coryell dejó a todos con ganas de seguir escuchándolo.
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