
El puchero misterioso de Tomi Lebrero
Sus canciones mezclan géneros como el pop, el tango, el folk, la chanson y el rock; fue editado en Japón
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Cae la tarde en el bar Roma. Una mesa con parroquianos se debate en temas existenciales como el aumento de la verdura, los tiempos gloriosos del Mercado de Abasto, la diferencia entre costeleta y bife ancho y los años de juventud. "Cuando uno es joven todo es divertido", dice con resignación el mozo. A una mesa de distancia, Tomi Lebrero disfruta de la conversación de los habitués como si fuera parte de la ronda de café. "Extraño el Abasto. Hace poco me mudé a Colegiales, pero siempre me gustó esta mezcla que hay en el barrio", desliza el cantante, multiinstrumentista y autor porteño, nacido en 1978.
La frase resalta cierta identidad musical con distintos pasaportes. Lebrero viaja por el rock, el folklore, el vals criollo, la psicodelia, la murga, el pop, la chanson y la bossa nova, sin culpa, transformándose en un lúcido vocero de la nueva generación de cantautores. "Esa cuestión de las diferencias me nutre y en ese límite me interesa trabajar", confiesa. Lebrero luce una barba rebelde de músico hippie y una sonrisa aniñada. Su look poco tiene que ver con su hiperproductiva realidad. Tomi Lebrero es un maestro en el arte del disfraz, y en su caso nada es lo que parece. Puede sonar un bufón de las costumbres tradicionales en la "Chacarera de Fellini"; bucólico con un rock de los setenta en la banda de sonido de Toda la gente sola , y recorrer los caminos del bandoneón tocando piezas del maestro Ricardo Vilca. La materia compositiva de Tomi Lebrero está hecha de porciones de música, como refleja en los guiños telúricos y urbanos de sus discos El p uchero misterioso (2005) y Cosas de Tomi (2009) , editados en Japón, o en los soundtracks de la película Upa, una película argentina , donde popularizó la sátira "Los chicos del cine independiente". La receta suena original y en ella se mezclan los años tocando en orquestas, las guitarreadas folklóricas, una infancia nutrida con el pop de los ochenta y una adolescencia escuchando a Dylan, Brassens y Cohen.
"Mi búsqueda es otrarme , como dice Fernando Pessoa. Siempre me gustó esa capacidad que tenía en sus libros para convertirse en otro. Yo no lo logro totalmente porque siempre se me filtran diferentes personalidades musicales en cada proyecto. Me interesa ser un poco un lubricante entre diferentes ambientes de la música. Es difícil porque todos los palos tienen sus reglas y a veces uno queda como un outsider . A pesar de eso uno encuentra su propia tribu. En mi caso, donde me siento más cómodo es con los cantautores", argumenta este practicante zen.
- En la canción pueden entrar todos los géneros.
-Sí, porque es un lugar donde aparecen diferentes aspectos míos. Por ejemplo, en mi último disco, Cosas de Tomi , están mi parte más telúrica y cierto cuestionamiento a mi origen. Compuse vidalas, chacareras y milongas y, también, hay otra parte mía que tiene que ver con que soy un pibe de Buenos Aires, que escuchó mucho rock. Soy medio un passeur de la música, como dicen los franceses.
-¿Cómo entra el humor en el código de tus canciones?
-Creo que el humor sale a pesar mío. Cuando quiero lograr ese efecto no lo consigo. El humor tiene sus pros y sus contras, porque por un lado te puede sacar de una búsqueda de profundidad, y otras veces me lo propongo como ejercicio, para quitarles cierta solemnidad a los géneros. Es como tener la imagen de la maestra izando la bandera y cantando "Aurora". En ese momento te da ganas de hacer algo ridículo. Con las canciones me pasa algo parecido.
-¿Te gusta estacionarte en un género o te movés continuamente?
-Soy tremendo, porque en un tema me autodenomino: " Soy la esponja el viejo impostor". Voy a Santiago del Estero y me mimetizo de tal manera que me olvido de que existen las guitarras eléctricas, y cuando estoy acá con mis amigos britpop me olvidé de las chacareras. De golpe, alguien descubre que soy un mentiroso, porque no levanto ninguna bandera de género.
-¿En qué género estás ahora?
-Estoy más metido en el mundo de la poesía y no compro discos desde hace mucho. Me llega mucha información por el taller de canciones que hacemos con Alvi Singer. Ahí volvemos a escuchar a nuestros ídolos, los clásicos de siempre, Buarque, Brasens, Dylan y Cohen. Pero con tanta info a veces te cuesta ir a tu entraña. Creo que en definitiva la biblioteca está ahí.





