El Rod Stewart falso
Por Jorge Andrés
1 minuto de lectura'
En sus inicios, el credo de la agencia Reuter era rapidez, exactitud y verdad, algo sabido por cualquiera que recuerde el olvidable biopic con Edward G. Robinson como su fundador, un obsesionado por unir el mundo mediante la difusión veloz y precisa de noticias minuciosamente comprobadas, norma que volvió a romperse hace unos días con esa travesura de entregar fotos de un falso Rod Stewart paseando por Buenos Aires.
Rápidamente, la compañía discográfica del veterano cantante corrigió el error, aunque más agradable hubiera sido que desmintieran también que es Rod Stewart quien canta en "It had to be you", un fofo álbum de estándares subtitulado "The great american songbook" y que, a poco de publicado, no hace más que descender en los charts sin haber alcanzado nunca el tope.
Debe ser consecuencia de aquel hábito británico en la posguerra: juntarse todos en el pub para consumir galones de té o pints de lager y escuchar canciones de películas norteamericanas cantando encima de ellas hasta entrada la noche, que muchos de los rockers que vivieron de chicos esa prehistoria del karaoke no pudieron sacudirse nunca el cariño por ciertas melodías, aunque no parece ser el caso de Stewart, a pesar de haber nacido en Londres, en 1945.
Se tiñeron el pelo y tatuaron el cuerpo, consumieron drogas y sabiduría hindú, transformaron hábitos indumentarios y códigos de relación humana, crearon formas nuevas de conciertos masivos y ese híbrido llamado video clip y, por supuesto, dieron vuelta varias veces la música pop como si fuera un guante, pero a muchos les quedó en el corazón algo del Fred Astaire o Vera Lynn que escuchaban cuando vestían pantaloncitos por encima de las rodillas y tank tops tejidos a mano.
No es que esta fijación reviva ahora porque todos andan por cumplir sesenta años. Muy al principio, los Beatles grabaron "Till there was you" simplemente porque a Paul Mc Cartney lo enloquecía Peggy Lee, y continuó Ringo Starr, que tituló su primer disco "Viaje sentimental", con el hit de Doris Day incluido. Lo mismo que Bryan Ferry, desprendido en 1973 de Roxy Music para "Estas cosas tontas", el soliloquio que ahora desperdicia Stewart, y tan adicto a las viejas baladas que un cuarto de siglo después insistió en "Según pasan los años", quince clásicos exquisitamente revisados.
Abundan los artistas de rock británicos con sensibilidad para canciones sentimentales del pasado: Bono, que tiene un genial "Noche y día", Sting, capaz de cantar impecablemente Gershwin, Kurt Weill o "Strange fruit" con la orquesta de Gil Evans, Robbie Williams y también las mujeres, Sinéad O´Connor, perfecta en su Cole Porter, y Annie Lennox, cuyo "Cada vez que nos decimos adiós", filmado por Derek Jarman para "Eduardo II", es genuinamente estremecedor.
* * *
Igual que tantos temas populares de la primera mitad del siglo pasado inmunes al olvido -tangos, coplas, boleros, sambas o chansons de Charles Trenet - el catálogo norteamericano se caracteriza por un equilibrio perfecto entre música simple pero superior compuesta para poesía que acierta a transmitir honestamente congojas que son las mismas en cualquier época. Como define Mario Clavell, uno de los autores esenciales de la canción romántica, "la posibilidad de condensar en tres minutos todas las emociones de la vida".
Justamente lo opuesto del flamante disco de Rod Stewart, con piezas sublimes rebajadas por arreglos horribles - cuerdas sintetizadas y percusión a máquina más Arturo Sandoval imitando a Harry James - y cantadas sin sentimiento, más parecido a un crooner de tercera generación influido por Barry Manilow que al desfachatado fabricante de éxitos, imagen y escándalos tan amado por el público que muchos aceptaron la patraña de que payaseó un rato por San Telmo.




