
En Chaco, lo mejor de la música de raíz folklórica
Casi cuarenta artistas reunidos en una larga jornada que se convirtió en un desfile de talentos y de estilos diversos
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RESISTENCIA.- La Argentina ha tenido, a lo largo de su historia, una actitud teocéntrica en torno a la diosa Buenos Aires. O, si la explicación fuera más física que teológica, se podría decir que la ciudad Capital ejerce una fuerza centrípeta que atrae todo lo que ocurre en el resto del país. Lo atrae, lo magnifica y lo devuelve a su lugar de origen o lo esparce hacia otras ciudades, pueblos y regiones. En la música, por ejemplo, hubo una época en la que un tema andino como "El humahuaqueño" podía ser escrito en un colectivo que andaba por el centro porteño, los santiagueños se mudaban a la Reina del Plata para cantar sus nostalgias y los referentes del más puro chamamé vivían en La Boca. Afortunadamente, con los años, ciudades como Mendoza, Córdoba, Rosario y Salta hicieron valer su peso regional al punto de que la música que ahí se hacía se esparcía al resto del país. Hoy, en el Litoral existe un corredor musical cada vez más rico que, a su vez, se conecta con otras regiones.
Por estos días se realiza en Chaco el Cuarto Congreso Argentino de Cultura, un encuentro que, además de contar con una programación enfocada a las políticas culturales (igualdad social, procesos identitarios e integración latinoamericana, entre otros temas), tiene un sólido contenido musical que da cuenta de un tejido reticular de producción, a través de artistas que no son de convocatoria masiva. El primero de estos conciertos fue denominado Música Interior, una forma de definir todas esas realidades sonoras en un mismo concepto: compartir y celebrar la diversidad y la calidad. La grilla artística, pocas veces vista, confirmó que para llegar hasta acá muchos intérpretes debieron pasar por Buenos Aires para hacer algún trasbordo de avión. Pero para generar música juntos no fue necesario hacer ninguna escala.
La cantante Liliana Herrero y el guitarrista Juan Falú oficiaron de anfitriones y alternaron sus interpretaciones con las del resto de los músicos. Cada uno de los convocados dio una pequeña muestra de su arte a lo largo de varias horas de concierto. Desde las primeras voces patagónicas, como la de Luisa Calcumil y la expresión abierta y sincera de Eduardo Guajardo hasta la última pieza de la noche, "La media pena", interpretada por Falú, el mapa musical fue tan vasto y extenso como la geografía del país. Y la cantidad de artistas convocados fue suficiente como para llenar con excelente criterio artístico un festival en varios teatros, durante cuatro o cinco días. La diferencia fue que aquí todo estuvo resumido en una noche, por eso la larga lista, de casi 40 cantantes e instrumentistas, no permitió que hubiera más de una o dos canciones de cada uno. Por ejemplo, la presentación del nonagenario bombisto y bailarín Vitillo Ábalos (que integró el legendario grupo Los Hermanos Ábalos) quedó reducida a acompañar a una solista.
No hubo tiempo para profundizar en contenidos, estilos ni lenguajes. Tampoco para detenerse en los nombres de los artistas y las músicas interpretadas. Como concierto, resultó vertiginoso y extenso. Sin embargo, el mayor valor de la apuesta estuvo resumido en su título: La Música Interior, un concierto para celebrar lo mejor de la música argentina de raíz folklórica. Y no se puede negar que esta vidriera artística cumplió cabalmente con el objetivo de juntar a buena parte de lo mejor que tiene el país en esta materia, para entreverarse en la música más allá de los nombres propios.
Veteranos como Vitillo, custodios del decir criollo como Omar Moreno Palacios, refinados guitarristas (Carlos Moscardini, Luis Chazarreta y Rolando García Gómez) y pianistas (Lilian Saba, Nora Sarmoria, Carlos Aguirre y Andrés Pilar), figuras consagradas de la canción y la música instrumental (Teresa Parodi, Raúl Carnota, Jorge Marziali y Marcelo Moguilevsky), tres de los mejores percusionistas (Facundo Guevara, Mariano Cantero y Rubén Lobo) y las más jóvenes camadas de cantoras que van buscando su lugar en esta música y con esta música (Nadia Larcher, Florencia Bernales y Nadia Szachniuk), entre muchos otros, desfilaron por el escenario del Complejo Cultural Guido Miranda.
La programación de esa noche también ofrecía una prometedora actuación en la Casa de las Culturas del grupo Tonolec con el conjunto de percusión La Bomba de Tiempo, y para ayer estaban previstas las actuaciones del cantautor uruguayo Fernando Cabrera y de un flamante dúo -el del argentino Omar Giammarco y el brasileño Arthur de Faria- que compone por Skype.
Lo vasto de la música argentina es difícil de resumir en una noche, pero este tipo de encuentros (bien llamado celebración) con una programación artística excelente sienta un precedente para seguir desarrollando un camino desde el espacio estatal como fue éste, en el marco de un congreso de cultura generado por la Nación y la provincia del Chaco.
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