En el radar: una recorrida nocturna del Abasto a Colegiales

Fuente: LA NACION
Dolores Moreno
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28 de enero de 2019  

1- La Delio Valdez, en el Abasto

La amenaza de lluvia complica la logística del viernes. Pero el FIBA no se suspende. Las calles del Abasto y Almagro siguen intervenidas, y una propuesta distinta interrumpe la oscuridad de sus recovecos. Hay paraguas de colores invertidos, hay containers con microteatro, fotografías, registros de vecinos. Hay música por todas partes: al fondo, el shopping con su estilo de mercado europeo termina de completar la imagen. Se trata de "la maratón Abasto". Por Guardia Vieja, el recorrido empieza en su intersección con Agüero y termina en Sánchez de Bustamante. En ese camino, una de las postales más simpáticas es una banda que toca desde un balcón de época blanco e iluminado. Se trata de la cantautora británica Jenny Moule y su agrupación, Damsel Talk. Siguiendo por ese corredor: la fiesta. El show de La Delio Valdez, que estaba programado para las 19, está en plena ebullición. Son las 21 y la orquesta de cumbia latinoamericana comandada por Pedro Gabriel Rodríguez (voz y timbal) y Manuel Cibrián (voz y guitarra) es la encargada de abrir el escenario principal, que está montado de una manera en que puede verse desde tres esquinas diferentes. La celebración regional arranca con "Ron y Velas" y va a pasar por algunos de los temas de su último álbum, Sonido Subtropical, como "Inocente" -donde la voz de la ex Bandana, Ivonne Guzmán, se impone entre güiros, tambores y vientos-.

Después de cerca de una hora de show, llega la tanda de agite en donde los músicos con su clásicas camisas cumbieras van a poner a bailar a padres, hijos, jóvenes y curiosos que simplemente pasaban por ahí. La noche recién empieza.

2- Manu Martínez, en El Quetzal

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2,3,4,5,1 Fuente: LA NACION

Con remera roja, pelo suelto y casi sin maquillaje, Manu Martínez, junto a su banda -integrada por Ezequiel Quinteiro, Francisco De Pian y Pablo Echaniz- llega a El Quetzal, donde va a dejar de ser la hija de Ciro Martínez para mostrar su propuesta musical. La fachada del centro cultural palermitano está adornada con un mural, pero basta atravesar sus puertas para descubrir el mensaje que DeCertor imprimió en las paredes del patio. Una mujer aborigen contrapuesta con un hombre de traje, una pintura a gran escala que impacta por sus texturas y colores. Adentro de la sala, se escuchan los primeros acordes de la banda de Manu. Con 19 años y acompañada de toda su familia –menos de su padre-, Martínez enternece la noche con su cálida voz y canta más de una hora. La mayoría de los temas son de ella pero también hay uno especial que escribió su mamá, Carolina de La Presa, "Manantial". Manu agradece, cuenta historias y parece haber estado esperando este momento durante años. No hay trap, no hay pop, hay canciones que por momentos recuerdan algo de Los Piojos. Hay algo en su manera de pronunciar, en su forma de contar que sin duda trae en el ADN. Su registro vocal resuena en la sala, también en el patio donde la mujer andina escucha, desde su cómodo espacio en la pared. El show es a la gorra y Manu, humildemente, invita a colaborar. Faltan pocos días para que cante con su padre en Mar del Plata, pero esta noche es sola ella.

3- Macondo Children y su hard rock, en Colegiales

Fuente: LA NACION

En otro barrio porteño, con adoquines y casas bajas, multiespacio Alimme ofrece una propuesta totalmente distinta donde dos venezolanos se alejan de la música autóctona y se sumergen en el grunge y en las distorsión. Ellos son los Macondo Children, un dúo integrado por Hum Pérez (guitarra y voz) y Chivo Machado (batería), de Caracas. En Colegiales, esta casona con muebles noventosos y una rocola de decorado, se escucha un sonido crudo, aplastante. Vienen de editar su primer disco: si bien se conocen desde los 10 años y tuvieron proyectos juntos, la vida los separó y los volvió a juntar mucho tiempo después, tras otras bandas y latitudes geográficas.

Hum y Chivo rockean y hacen temblar a los sillones con respaldo capitoné del espacio. Se escuchan sonidos de los 90. Un puñado de metaleros no puede evitar el movimiento de cabezas. Hay algo de distorsión mientras suena "Método Paranoico Crítico", también en "Reverón", un tema con una cierta influencia de Led Zeppelin

4- Spinetta y su música eterna

Fuente: LA NACION

Todos los 23 de enero son una fecha sensible para el mundo Spinetta. Es el día en que nació El Flaco y ahora, también en su homenaje, el Día de la música. Las puertas de Ciudad Cultural Konex se abren: hay proyecciones, invitados, nostálgicos, novatos y muchos que, por no sacar tickets a tiempo, rasguñan las puertas para poder entrar. Hay una selección de músicos que Javier Malosetti convocó para celebrar la vida de Luis Alberto Spinetta. Está Machi Rufino, bajista de Invisible, Rodolfo García y Emilio Del Guercio, de Almendra, Lito Epumer, Mono Fontana y Leo Sujatovich, de Spinetta Jade. Parece un reencuentro de amigos. También están el hermano de Luis, Gustavo, Claudio Cardone y Sergio Verdinelli, con quienes Spinetta trabajó hasta sus últimos años. Es una fiesta y cada músico que sube al escenario deja su impronta adherida a las letras del poeta. En las escaleras se ven las figuras inconfundibles de algunos de sus herederos: está su hija Catarina y sus nietos. Angelo y Benicio acaban de presentar su primer sencillo "Boleto Dorado" y parecen estar destinados a continuar el legado artístico.

El ambiente es relajado, distendido. Suenan clásicos de esas bandas eternas: "Bajan", "El anillo del Capitán Beto", "Figuración". Hay abrazos y sonrisas. Hay momentos más emotivos y políticos, como cuando Liliana Herrero agradece que Luis "haya existido" y arenga en contra del presidente o como cuando David Lebón hace esa exquisita versión de "Muchacha de ojos de papel". También suben Fabi Cantilo, Lisandro Aristimuño. Pero nada iguala el carisma de Ricardo Mollo, el último en subir, que toma su guitarra y recuerda que Luis no era solo prosa sino uno de los grandes del rock nacional.

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