
Estopa tiene público fiel en Buenos Aires
Con dos años de trabajo, el grupo Estopa logró despertar en Buenos Aires un interés cercano al fenómeno popular que encarnó en España. Desde que editaron su primer disco ya van por el segundo, "Destrangis", y vendieron un millón y medio de copias. Las contagiosas rumbas de los hermanos José y David Muñoz lograron un impacto radial que se ve reflejado en un público adolescente que colmó el teatro Gran Rex.
El grupo se presentó la noche anterior al Día del Trabajo. Por eso dedicaron su concierto a los obreros argentinos. Lo hacen también como reconocimiento a su pasado cercano, cuando eran anónimos y trabajaban doce horas al día en una fábrica de autopartes para automóviles. Epocas en que mataban el tiempo encerrándose en los bares cercanos a tocar la guitarra y cantar de madrugada hasta "partirse la camisa como Camarón". Poco antes de que sus canciones, esa mezcla de aires rumberos con el pop español, fueran una plataforma para una popularidad que nunca se habrían imaginado.
En vivo no disimulan su origen y quieren demostrar que son auténticos. "En vivo es donde se demuestran los grupos, no por el marketing. Por lo menos pa´ mí", inquiere David. A lo largo de una hora y media el grupo se dará el gusto de mostrar la verdadera cara del fenómemo actual del pop español y la autenticidad de sus voceros directos: los hermanos Muñoz.
La imagen desprolija y sencilla de la vestimenta. La remera del Che que porta el cantante. Las consignas "viciosas". El pulso del rock and roll atronando el teatro. "Nos da miedo que algo tan lindo se venga abajo", ironizarán en un momento. Y las letras que hablan de la noche, las drogas, el sexo y el rock and roll, distan bastante de la onda juvenil de un auditorio más cercano al público de Bandana.
Sin embargo, todos corearán las canciones de los dos discos, "Estopa" y "Destrangis" (una españolización de la canción "Strangers in the night"), como si fueran himnos de una generación "perdida", que reflejan una rebeldía, por momentos ingenua y marginal, atascada de alcohol, música a todo volumen, viajes alucinógenos y divertidas recorridas nocturnas.
En esas historias de "macarras", el grupo encuentra el espacio para destilar un ácido humor y echar mano de todo el argot callejero del que disponen. Siempre con una potente base de rock, compás rumbero y aires gitanos que impone la voz de David: un recurso que usa inteligentemente sin abusar en los temas más calientes del grupo, como "La raja de tu falda" o "Los Chichos", que muestran la acabada fórmula de su contagiosa propuesta.
Códigos sórdidos
En temas como "Blades" el cantante tiene que hacer una larga introducción para explicar el significado de algunos términos, que en realidad encierran los códigos más sórdidos de las noches catalanas. También pedirán disculpas por los chicos presentes antes de cantar "Suma y sigue": "Lo único que les digo es que no lo hagan en su casa", recomienda el cantante, entre risas. Es en esas canciones cuando Estopa parece más dirigido a otro ambiente. Pero los músicos logran la complicidad de la gente en letras con referencias non sanctas a la marihuana.
Con mucha energía y canciones pegadizas, la banda española logra el cometido que se propone desde el principio. Armar una gran juerga "para que se olviden un rato del mal momento que viven".
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