Falleció el contrabajista Ray Brown
Fue una figura destacada del jazz
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El último gigante del contrabajo; Ray Brown, falleció ayer a los 75 años, en Indianápolis. Músico de excepcional talento, que mantuvo intacto hasta el final de sus días, fue un activo protagonista de la escena jazzística desde mediados de la década del cuarenta, cuando llegó a Nueva York proveniente de Pittsburgh, donde había nacido el 13 de octubre de 1926.
Una rápida mirada a su carrera permite observar una superpoblación de estrellas a su alrededor. Charlie Parker, Dizzie Gillespie, el Modern Jazz Quartet, la "Divina" Sarah, Ella Fitzgerald (con la que estuvo casado desde 1948 hasta 1952), la orquesta Jazz at Philharmonic y Oscar Peterson disfrutaron de sus exquisitos acompañamientos, en los que sobresalía su ritmo fuerte y tenso que contrastaba con el delicado lirismo con el cual "bordaba" sus solos.
La historia cuenta que recaló en la capital del jazz en 1945 contratado para participar de la Big Band del trompetista Dizzy Gillespie, que a poco de conocer a este ese joven contrabajista de 19 años compone para su lucimiento la obra "Two Bass Hit", en la que Brown, en plena etapa bopper, reproduce en un tono definitivamente camarístico un solo incisivo, intenso y de una fluida agilidad que matiza con citas clásicas.
Con Pettiford y Mingus
Al año de estar en Nueva York ya había ganado su lugar. En perspectiva se puede inferir que Brown, junto con Oscar Pettiford y Charles Mingus, encarnó la tríada más importante de contrabajistas de jazz, herederos del gran Jimmy Blanton, que declaró la independencia del instrumento del, en ocasiones, esclavizante papel de acompañante rítmico.
En efecto, mientras que Pettiford y Mingus tomaron la tradición del blues y del jazz clásico como fuente generadora de ideas, Brown abrevó en la música culta europea, a la que combinó con su corazón de jazzman para desarrollar un estilo flexible y de increíble swing.
Brown es uno de los músicos que dejaron grabado en 50 discos su trabajo como líder, además de una infinidad de placas donde acompaña a los mejores intérpretes y compositores. Dicen que fue quien descubrió a la canadiense Dianne Krall, que bajo su influencia produjo su primer disco, probablemente el de mayor calidad.
Supo darse tiempo para grabar y no perder contacto con el público. De su inmensa labor artística sobresale su integración al trío del pianista Oscar Peterson, con quien logra una aproximación de calidez y belleza insuperables.
Dos de sus cualidades, la sobriedad y la discreción, las mantuvo hasta el final. Falleció mientras dormía, poco antes de su show en el Jazz Kitchen, de Indianápolis.
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