
Fascinante viaje al fondo de Schygulla
Mi vida, una biografía musical. Espectáculo de Hanna Schygulla. Piano y dirección musical: Stephan Kanyar. Dirección escénica: Alicia Bustamante. Nuevas funciones: jueves próximo en el Teatro Colón, de Mar del Plata, y sábado que viene en el teatro Coliseo, de Buenos Aires.
Nuestra opinión: muy bueno
La voz de sombra de Hanna Schygulla penetra en la piel, estremece, conmueve. No se sabe de dónde viene ese registro, capaz de tocar las notas más agudas y las más graves. Tal vez surja de las calamidades que vio, de la desesperación de huir del nazismo, de la vida intensa que vivió con Fassbinder, de la fama que despreció, del vacío de la soledad o de alegría de encontrar el sol de París, la revolución hippie, la cadencia latina o la nostálgica pasión borgiana. Parece que dentro de sí todas esas Hannas que interpreta salen a reclamar su espacio al escenario de forma desesperada, y que a veces parecen tomarla por sorpresa. Son esas Hannas conocidas a través de la pantalla del cine que retrató Fassbinder primero, y después coleccionaron a través de otros personajes Marco Ferreri, Win Wenders, Jean-Luc Godard o Carlos Saura.
Ese vínculo con el cine es lo que la trajo como invitada especial para abrir el Festival Internacional de Mar del Plata, pero antes realizó una avant-première para invitados especiales en el teatro Avenida, donde estrenó su espectáculo, en el mejor terreno que conoce: el formato del cabaret alemán.
La vida en escena
Ya no es ella, cuando su figura se dibuja entre la luz cenital. El fraseo entrecortado de la alemana destroza cualquier barrera emocional. El piano de Stephan Kanyar aparece suavemente. La melodía ralentada da un paso con cada paso que Hanna encara hacia el frente de la escena.
El pelo eléctrico y gris. Los ojos grandes. El andar firme. Su figura llena todo el espacio teatral. No hace falta más. Sólo su vida contada en primera persona, desde su niñez en la frontera entre Alemania y Polonia, pasando por su juventud rebelde en Munich, el encuentro con la frescura del continente latinoamericano y su vida otoñal con tempo de jazz. Un racconto unipersonal de dos horas, en el que el idioma alemán parece darles más dramatismo, intención y épica a sus palabras, y el piano de Kanyar, de dulce registro, la acompaña versátil por diversos pasajes de su historia, en la que relampaguean fragmentos de melodías populares o canciones completas de autores tan diversos como Mahler, Gershwin o Brecht.
Hanna Schygulla no es una cantante sino una intérprete, una creadora in situ . Por eso, puede monologar y enlazar el relato de ese cuento biográfico a veces más dulce o a veces más amargo, con las canciones que le salvaron la vida, la acunaron o la enamoraron. Salta sin restricciones de un género a otro avalada por el contexto de su historia y por ese formato de cabaret de los años treinta, que le permite desenvolverse con naturalidad por el desenfado actoral, el histrionismo interpretativo o la intimidad, casi litúrgica del piano y la voz.
Hay música en todos los momentos de su vida misteriosa y enigmática, que en su espectáculo queda al desnudo. A veces parece una mamushka que le canta canciones de cuna a su niño; otras, una mujer fatal y divertida; a veces, la compañera cínica de Fassbinder, otras una mujer bucólica y locamente enamorada bajo el cielo de París. El repertorio ecléctico no la incomoda. Desde "Mackie Mezer", de Brecht y Weill a "The answer is blown in the wind", de Bob Dylan pasando por "Am Brunnen vor dem tore", de Schubert o "Lágrimas negras", de Miguel Matamoros.
Por momentos, el espectáculo tiene la atmósfera de esas antiguas emisiones radiales de entreguerras o clandestinas. Y logra llevar anécdotas triviales a momentos de suma intensidad emocional. El tono de intimidad se conjuga con esa mirada teatral al fondo de la vida: su propio viaje interior a la desolación, la revolución, el humanismo, la libertad y la propia fe. Un viaje que comparte con todos los que no pueden despegar la vista de su imagen magnética, que, a pesar de todo, sigue guardando un brillo de misterio en su rostro.






