
Feliz aporte a la ópera pensada para chicos
Con la actuación protagónica de Graciela Oddone, ¡Cenicientaaa! es una opción más que recomendable para el fin de semana
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¡Cenicientaaa..!. De Marta Lambertini. Con: Graciela Oddone (Cenicienta), Pablo Pollitzer (Tirifilo), Cecilia Aguirre Paz (Hada Adalgisa), Cintia Vázquez (Matroshka), Laura San Giorgio (Malaria), Cecilia Jakubowicz (Difteria), Marías Tomasetto (Heraldo). Régie: Jorge de Lasalletta. Escenografía y vestuario: Noelia González y Fernando Martínez Ferrari. Iluminación: Eli Sirlin. Preparación del coro: Martín Palmieri. Titiriteras: Alejandra Rodríguez y Laura Pagés. Ensamble Música Poética y percusión. Dirección musical: Carlos Calleja. Centro de Experimentación del Teatro, en el Teatro del Globo. Ultimas funciones: hoy, a las 20.30, y mañana, a las 17.
Nuestra opinión: Muy bueno
En realidad, casi todas las historias que narran las óperas parecen ser fantásticos cuentos, en los que abundan reyes aventureros, princesas despechadas, adivinas, brujas, jóvenes caballeros generalmente a cargo de los tenores que se enfrentan con malvados o rivales que son, por lo general, barítonos o bajos, aunque tampoco faltan en los registros graves algunos personajes ingeniosos, simpáticos y pícaros. Basta recordar a Vaarlam en Boris Godunov y al mismísimo Falstaff, en la creación de Verdi. Por lo tanto, toda ópera es adaptable para una platea infantil, cosa algo habitual por el mundo.
Sin embargo, el género especializado en ópera original para una platea infantil no tiene un catálogo n umeroso en cuanto a compositores, pero sí un autor que le dio mucha importancia al tema, Gian Carlo Menotti, en cuyo inventario figuran Martin s Lie; The Egg; The Trial of the Gypsy; Chipand his Dog; A bride from Pluto; The Boy who Grew too Fast; Help, Help, the Globolinks, y Amal and the Night Visitors , entre otras creaciones aptas para la juventud, motivo suficiente para recordarlo y agradecerle.
Por fortuna, ahora se suma la idea de la compositora Marta Lambertini, que agrega a su catálogo un aporte valioso, porque toma la historia de la triste Cenicienta, cuento emblemático de la literatura infantil y lo hace con sencillez, liviandad en la acción, utilizando una expresión musical íntima conformada por sonoridades afines con el estilo barroco pero enriquecida con instrumentos de percusión y sumando un original tratamiento melódico y rítmico, con lo cual es fiel a su estilo.
Acaso se encuentra un exceso de audacia de la creadora, en razón de que el cuento se canta con lenguaje imaginario, inventado a partir del castellano y del francés (este último por ser el idioma cortesano y diplomático), pero con el agregado predominante de onomatopeyas, con libre exageración y cierto desvarío que acaso podría no ser del agrado de los maestros de los niveles iniciales de la educación, que se enfrentan con la obligación de enseñar los primeros pasos de nuestra lengua madre. Pero es un detalle menor porque en verdad, seguramente los niños no han tenido forma de retener tantos términos novedososskosh como hubiera dicho algún personaje.
Excelente la labor de todo el cuadro de cantantes, con Graciela Oddone y Pablo Pollitzer impecables en la pareja central, buen vestuario, resolución rápida en el montaje, variados matices lumínicos y una cuidada lectura de la partitura por parte de los músicos invitados y de Carlos Calleja en una concertación musical de primer orden, a lo que se debe sumar para el éxito logrado (al finalizar el aplauso fue sostenido palpándose una atmósfera de felicidad), la extraordinaria capacidad de síntesis de la pieza, enmarcada en el tiempo justo que requiere un espectáculo para niños y los padres y abuelos que los deben acompañar. Mil gracias, Marta Lambertini.






